La Tecnicatura de Música Popular, carrera técnica de la Universidad Nacional de La Plata que se dicta en la Casa de Nuestros Hijos, La Vida y la Esperanza en el Espacio Memoria ex ESMA, celebra diez años tendiendo puentes entre el arte, la memoria y las nuevas generaciones. Fue pensada como una Escuela Popular de Música por Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y la Fundación Música Esperanza, quienes se lanzaron hacia un desafío extraordinario.

Fátima Cabrera, quien coordina la Tecnicatura, recuerda que la idea surgió de Enriqueta Maroni, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. La intención era la formación de jóvenes, a partir del hecho de que lxs detenidxs-desaparecidxs, muchos de ellxs jóvenes también, compartían su tiempo de militancias con las artes, con la música popular. Y no había mejor sitio para desarrollar ese proyecto de formación que el Espacio Memoria y Derechos Humanos ex ESMA, y que el horror entonces no pudiera paralizar la memoria y la vida. Fátima aclara que el camino no fue fácil; que en una primera instancia se vincularon con el pianista Miguel Ángel Estrella y su Fundación Música Esperanza (que hoy preside Esther Córdoba) para darle amplitud al proyecto de “Escuela Popular”, con la perspectiva de que se constituya como un espacio de formación constante -además de lo referido a lo musical- en la historia reciente y la promoción de los Derechos Humanos en los territorios. La institucionalidad académica fue articulada con la Universidad Nacional de La Plata y tuvo el apoyo político y económico del Ministerio de Desarrollo Social, en ese momento a cargo de Alicia Kirchner.

Fátima no deja de sorprenderse con estos diez años: “Todo “empezó como un proyecto a término” de clases itinerantes, algunas en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, otras en la ex Capilla, actual Espacio Patrick Rice. “Sin embargo -agrega-, con acompañamiento del Ministerio de Educación, se pensó en darle continuidad y ya egresaron cuatro cohortes y va en camino la quinta, aún con los innumerables inconvenientes que sufrió el proyecto durante los años del macrismo”.

Hoy es una realidad aquella idea de Escuela Popular ya que además de la Tecnicatura de Música propiamente dicha, hay en curso un Taller de Luthería y una propuesta concreta de continuidad en la formación con un eje central en la inclusión. No es posible pensar este proyecto educativo disociado de la realidad que atraviesan los barrios más humildes. Las prácticas profesionales están destinadas a recuperar la importancia de la cultura popular, la promoción de los derechos humanos y la reflexión sobre la historia reciente. Fátima es determinante en este punto: se trata de hacer los mayores esfuerzos para “incluir a los pibes de los barrios”. Por eso existen proyectos como “Ruidos en el mate”, articulado con el Ministerio de Cultura, para vincular la música con el territorio, abordando los debates alrededor de los géneros y las diversidades, con una agenda amplia.

Paula Maroni, quien dirige la Casa de Nuestros Hijos, la Vida y la Esperanza, recuerda lo desafiante que fue la decisión del entonces presidente de la Nación, Néstor Kirchner, a la hora de avanzar con la recuperación del predio de la ex ESMA como una política de Estado. La agenda del movimiento de derechos humanos, con el Juicio y Castigo y lo relativo a las leyes, dio espacio a pensar el destino político y social del predio y sus edificios. “Hay Madres que trabajaron incansablemente -destaca Paula- en darle vida, política y música a la Casa, como Laura Conte, Vera Jarach, Enriqueta Maroni y Haydée Gastelú. Ellas pensaron esta Escuela de Arte Popular que sufrió el vaciamiento de recursos durante el macrismo, cuando ‘desapareció’ la política”. Hoy transita una etapa de recuperación, en la cual hay muchxs que pusieron el hombro y “agarraron el pico y la pala” para resistir al olvido. Se pudo recuperar el primer piso para las muestras y seminarios y se apunta a terminar de instalar definitivamente la Escuela Popular, trabajando en una agenda actual que aborde el derecho a la identidad, a las diversidades, a la salud, a la soberanía.

Según Maroni, la Casa, la Escuela, la Tecnicatura funcionan como un puente, que es a su vez generacional y territorial.  Espera que los próximos años las encuentren con una Mesa de Artistas que aporten a la mirada estética e histórica del predio. Las Madres auspician por estos días la inauguración de un mural y el cambio de nombre de la calle ex Bouchard del predio del Espacio Memoria por “Son 30.000”, en conmemoración del día del/la detenidx-desaparecidx. Cuando piensa en su abuela Enriqueta piensa en un abrazo, el del día que entraron a la ESMA, a partir del cual “todo fue con ella y desde ella”. Charlas con las Cooperativas, con Alicia Kirchner, el día que Cristina Fernández de Kirchner inauguró las obras. De todo eso que transitaron juntas, dice Paula, están las huellas.

Música de acá

Como coordinador de Música Esperanza, Daniel Gonnet no pierde de vista, al cabo de estos diez años, la idea original de Escuela Popular. “Se pensó en un momento en un Instituto, como una vieja Escuela de Artes y Oficios”. Recuerda que Miguel Ángel Estrella hablaba de formar “músicos sociales”, que pudieran desenvolverse como talleristas, que pudieran comprender la importancia de incorporarse a la gestión cultural; ideas que empezaron a ponerse en juego a partir de 2008.

Los conceptos de Música Popular que se despliegan en la Tecnicatura pretenden recuperar un repertorio popular, latinoamericano, “música de acá” resume Gonnet. Es una propuesta de cursada que pretende no caer en formaciones estéticas que arrastren perspectivas a veces un tanto colonialistas. Daniel recuerda con emoción los primeros pasos de la Tecnicatura en la ex Capilla del predio de la ex ESMA, los sábados a la mañana, cuando las Madres Vera, Laura, Enriqueta, Haydée, tantas Madres que impulsaron el proyecto, llegaban con una canasta de cosas dulces para tomar unos mates. Se le vienen a la mente palabras como mística, potencia, esperanza, inclusión. Hoy se llena de orgullo con los proyectos del Taller de Luthería y con la idea de una Productora.

Enseñanzas de vida

Del mismo modo, Esther Córdoba, presidenta de la Fundación Música Esperanza, recuerda que hubo un día en que Enriqueta se comunicó para hablar con Miguel Ángel Estrella, pero él estaba trabajando en Francia con UNESCO. Esther fue entonces a una primera reunión, con mucha emoción, en la cual las Madres ya tenían claro que se trataba de “llevar la música a los lugares más vulnerables”, de “formar músicos sociales”, de ver también qué pasa más allá, con los jóvenes, con los barrios. No duda Esther en afirmar que la Tecnicatura es sólo una parte de la Escuela Popular, con Cátedras Territoriales, exposiciones, seminarios.

En estos años, y paralelamente, lxs estudiantes de las distintas cohortes decidieron formar una Asamblea, que difiere -según palabras de Maitén Maffi- de los tradicionales Centros de Estudiantes, en su carácter horizontal. Los días de reunión son los jueves. En un comienzo, Maitén se acercó a la Tecnicatura por su hermano y porque le gustaba mucho el folclore. Quedó fascinada por el modo de hacer música, por “lo comunitario”, por las Madres, por habitar ese Espacio, por salir al territorio, por las actividades en la villa 31, la luthería. Un sinfín de proyectos colectivos que siempre incluían la voz de lxs estudiantes, sus inquietudes, sus propuestas.

Una vez armada la Asamblea se empezó a pensar en las mejores formas de ayudar en lo territorial, de qué manera visibilizar esas realidades, las carencias elementales de los barrios olvidados. Se establecieron lazos con músicos dispuestos a dar su aporte en esta construcción colectiva, se llevaron a cabo Peñas (hoy virtuales a causa de la pandemia) y se continúa trabajando en la contención y acompañamiento de lxs compañerxs de cursada. Muchos de lxs estudiantes arrastran problemas que exigen una red de contención para no terminar en el abandono de la Tecnicatura. Estos problemas se profundizaron en pandemia y la Asamblea entonces está para contener, para abrazar. Asegura Maitén que éstas son enseñanzas de las Madres, “enseñanzas de vida”.

“Celebramos estos diez años como se celebra la libertad, como se celebra el amor, como se celebra el esfuerzo de hacer algo todxs juntxs. Es una apuesta por la vida, como dicen las Madres y -destaca emocionada Esther- por recuperar la libertad, la memoria, la justicia, en un lugar como la ex ESMA”.

Y es con la música que, bien dice Enriqueta, “se le habla al corazón más allá de las palabras”.

Para informarse sobre la Tecnicatura y las propuestas de la Casa Nuestros Hijos, la Vida y la Esperanza: madreslf.casanuestroshijos@gmail.com