Durante varias semanas retratará los lugares en donde las familias vieron por última vez a los desaparecidos, para evocarlos en esa memoria “que se convierte en el único elemento accesible, intacto y presumiblemente vivo, el hilo de esperanza restante al que aferrarse”. Tras su paso por el Líbano, continuará la recorrida por Chile, Bosnia, Kosovo, Sudáfrica y España.

Hrair Sarkissian nació en Siria en el 1973, pertenece a una familia armenia originaria del este de Turquía refugiada en Siria luego del genocidio Armenio de 1915.

En Damasco, su padre, fotógrafo independiente desde los años 50, abre en 1979 el primer laboratorio color del país, el Sarkissian Photo Center. Hrair crece entre copias fotográficas, asiste al padre en el negocio por 12 años aprendiendo tanto las técnicas fotográficas como las de revelado, se enamora de las imágenes, de la potencialidad que tienen para evocar, y decide que su destino estará ligado a esa profesión.

Se muda a Arles, capital de la fotografía en Francia, y luego se anota en la Gerrit Rietveld Academie de Amsterdam, donde en 2010 obtiene la diplomatura de fotografía. Desde 2011 vive en Londres y se mueve por el mundo detrás de sus proyectos.

Hrair cuenta que, siendo un niño, vio en una plaza un ahorcamiento público. La imagen de los tres cuerpos colgados no pudo borrársele,  por lo que decide que su primera serie fotográfica, realizada en 2008, sería sobre las plazas donde se realizaban esas ejecuciones; el proyecto se llamó Execution Squares, y aunque en la serie de imágenes pueden verse esos espacios, no hay ninguna referencia visual directa de los ahorcamientos.

“¿Que es visible y que no lo es?”, reflexiona Hrair en diálogo con el Espacio Memoria.  “A primera vista las imágenes de Execution Squares son fotos aburridas de unas plazas sirias, pero al leer el título entras en una contradicción y te preguntas, ¿dónde están los cuerpos?  No están en las imágenes, están en la memoria”.

Esta reflexión lo llevó a profundizar en ese límite fino entre lo ausente y lo presente,  la relación con los cuerpos que ya no están y la memoria. Así nace su último proyecto Visto por última vez que, tras un paso por el Líbano, lo trae a la Argentina.

Proyecto Visto por última vez (Líbano) Hrair Sarkissian.

En esta nueva propuesta pretende retratar los lugares en donde las familias vieron por última vez a sus familiares desaparecidos, para evocarlos en esa memoria “que se convierte en el único elemento accesible, intacto y presumiblemente vivo. El único hilo de esperanza restante al que se aferran las familias, manteniendo vivas las imágenes de los desaparecidos mientras continúan buscando respuestas, luchando por su identificación y hablando de ellos, para no dejarlas desaparecer por completo en la ambigüedad y silencio. Las familias tienen que luchar por mantener vivos estos recuerdos”, señala.

Luego de Argentina viajará a Chile, Bosnia, Kosovo, Sudáfrica y España, hasta construir un hilo de ausencias por el mundo que convertirá en una muestra itinerante.

Fotografía de Lucila Quieto, proyecto Arqueología de la ausencia.

Argentina tiene una larga tradición de fotógrafxs que trabajan la misma temática, una de ellas es Lucila Quieto, que en su trabajo “Arqueología de la ausencia” supo unir a dos generaciones: los padres desaparecidos y sus hijos, en una evocación imaginaria que interpela desde el espacio, el tiempo y la memoria.

La serie fotográfica “Ausencias” de Gustavo Germano también trabaja sobre esa línea. Nació con la idea de hacer presentes a los 30 mil detenidos-desaparecidos y asesinados por la última dictadura militar argentina entre 1976 y 1983 y muestra a través de la fotografía catorce casos de historias de desaparecidos donde quedan expuestos el dolor de la ausencia y el sentimiento de la permanente presencia de quienes ya no están.