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17 11 2017
Claudia Vásquez Haro: las memorias de la identidad de género

Claudia Vásquez Haro es la presidenta de OTRANS Argentina y de la Convocatoria Federal Trans y Travesti Argentina. Docente e investigadora la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.


Históricamente, el colectivo LGBTI ha sido discriminado, excluido e invisibilizado por su orientación sexual, expresión e identidad de género. Si bien en estos últimos años conquistamos derechos que nxs amparan, surge una pregunta en torno de la memoria, particularmente de las personas trans.

El testimonio en primera persona da cuenta de cómo se intentó disciplinar los cuerpos trans mediante distintos dispositivos de poder y control social. “La memoria de la diversidad hay que entenderla en términos colectivos, de nuestras comunidades, regiones, etcétera. En ese sentido tenemos una fuerte crítica desde el movimiento LGBTI en general por lo que nos sucedió con el libro Nunca Más, se nos borró de un plumazo, se desconoció la existencia de gays, lesbianas y trans en la última dictadura cívico militar. Allí hay una desmemoria provocada desde la vergüenza de todos los actores políticos del momento, que va desde la derecha hasta la izquierda, incluso de los padres, madres, abuelas, hermanos, amigos y compañeros de militancia”, refiere Marlene Wayar, directora de El Teje, primer periódico trans de la Argentina.

En nuestro país, existían dos mecanismos explícitos que reprimían las identidades trans. Por un lado, los códigos de faltas contravencionales criminalizaban a estas personas, llevándolas detenidas por varios días por usar ropa de sexo contrario. Por otro, la Resolución Nº 663/92 de la Dirección Nacional del Registro de las Personas en el artículo 2º establecía que, en ningún caso, “las fotografías deberán dar lugar a interpretaciones erróneas del sexo”. La primera data de la última dictadura y la segunda de 1992.

Este sistema de exclusión y discriminación que llevó adelante el Estado fue ampliamente respaldado por los miembros de la sociedad civil. La violación a los derechos humanos tuvo su correlato en las familias, las escuelas y en cada una de las instituciones creadas por y para heterosexuales, espacios donde a cualquier persona de la diversidad se la expulsaba por el sólo hecho de ser y pensarse diferente al orden instituido como universal, único, válido y legítimo. 

Hay que intentar desmantelar todas aquellas cuestiones en la que nosotrxs, habiendo incorporado como natural esta distancia entre educación, política, sexualidades e identidades de género, estamos de algún modo reproduciendo las relaciones, las ideologías, las formas propias de un sistema de dominación que intenta perpetuarse desde el punto de vista económico, cultural y financiero. 

Este debate hoy encuentra varias referencias significativas, en un contexto en el que la tendencia general señala el predominio del olvido, mediante la aparición de discursos que ponen énfasis en la equivalencia de todas las formas de violencia, entendiéndolas de manera unívoca y exenta de crítica respecto de cómo se la entiende en el sentido común. Entonces, la función del intelectual es la de desentrañar toda esta red de exclusión que vulnera, restringe los derechos, el trato digno y la igualdad de oportunidades de estxs ciudadanxs.

 




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