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19 07 2017
Ana Cacopardo: “Los juicios por delitos de lesa humanidad son un proceso muy rico para nuestra historia”

La periodista visitó el Espacio Memoria en el marco del rodaje de uno de los capítulos de su programa “Historia debidas” que se emite por Canal Encuentro. En esta entrevista, Cacopardo resalta la importancia de llenar de actividades los espacios de memoria porque permiten cargar de vida aquellos lugares que estuvieron destinados al horror. Además destaca importancia de seguir llevando adelante los juicios de lesa humanidad y transmitir a las nuevas generaciones lo que sucedió en nuestro país durante el terrorismo de Estado para no repetir los hechos.


En un recorrido por la ex ESMA, la periodista Ana Cacopardo participó de la grabación de uno de los capítulos de su programa “Historia debidas” que se verá próximamente por la pantalla de Canal Encuentro. Una serie que relata las historias de quienes, desde espacios con mayor o menor visibilidad, trabajan para construir lazos en los que la solidaridad, la resistencia cultural, el compromiso social o la diversidad los hace partícipes de una causa común. Se trata de biografías para no olvidar y hacer memoria colectiva. En esta línea, se pensó en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, ubicado en la ex ESMA, para filmar parte de ese programa que contará con una entrevista a la cineasta y antropóloga Mariana Arruti, creadora de varias producciones audiovisuales basadas en la militancia de la memoria de los 70. En su última película “El Padre” explora los silencios en torno a su historia familiar y en particular lo que sucedió con su padre, quien murió en un supuesto accidente ferroviario cuando ella apenas era una niña en los primeros años de la agitadísima década de 1970. En ese sentido, Cacopardo explica la relación que existe entre la película y la historia de Mariana “hay un espejo para pensar en otros silencios y nos pareció que la ex ESMA era el lugar indicado para grabar la entrevista a Mariana, quien trabaja en este espacio”, cuenta la periodista.

¿Cuál es la importancia de realizar actividades culturales en un lugar donde funcionó uno de los centros clandestinos más emblemáticos de nuestro país, hoy convertido en un espacio para la memoria?

Durante la última dictadura, en la ESMA funcionó un espacio que estuvo destinado al horror, el centro clandestino más grande, donde hubo prácticas terribles como los vuelos de la muerte, salas que funcionaban como maternidad clandestina, robo de bienes, torturas, asesinatos . Todo esto, lo deben conocer las nuevas generaciones,  son un punto de partida para la memoria de los pibes y pibas que llegan a este espacio, son un espejo para pensar el presente. Creo que estos son los espacios donde hay que trabajar la memoria. A partir de las visitas guiadas al Sitio Memoria ESMA, los recorridos históricos por el predio, o visitando el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti que nos interpela a través del arte, uno se puede informar  acerca de lo que sucedió en este lugar. Estos espacios sirven para hacer un trabajo de memoria que nos permite volver significativa la experiencia de la dictadura para nuestro presente. Es decir, nos permite preguntarnos cómo fue posible la dictadura militar en nuestro país, nos permite pensar cuáles fueron las condiciones sociales que lo hicieron posible, los silencios. Todo implica un ejercicio de pensar el presente y me parece que lo valioso es que este espacio no solamente materialmente sea un espacio de memoria de lo que sucedió sino un espacio que nos podamos apropiar para volver aquella experiencia de lo que fue la última dictadura significativa. Para transformar las condiciones de un presente que no nos conforma, para seguir sosteniendo viva  la motivación de construir una sociedad distinta, más justa y más solidaria, esto es parte del camino.

¿Por qué muchos de sus trabajos periodísticos están vinculados con temáticas sobre la memoria y los derechos humanos? 

Está muy relacionado con mi biografía, soy de la generación del 80, empecé a estudiar en la Universidad de La Plata en la primavera democrática. En esos años fue muy fuerte la impronta del movimiento de derechos humanos en la Argentina. Era una joven que llegaba a la universidad, que empezaba a conformar mi conciencia política y fue muy fuerte escuchar los testimonios de lo que sucedió en nuestro país durante la última dictadura. La Ciudad de La Plata fue arrasada por la represión y un espacio de resistencias, de militancias universitarias, gremiales, etc. En ese contexto, yo llegaba a estudiar comunicación y fueron años que me configuraron. El movimiento de derechos humanos configuró mi identidad política en esos años, eso explica un poco mi interés por tratar estos temas. Hablar desde esa matriz pero fundamentalmente desde una matriz donde siempre pienso que la memoria de lo que nos pasó es lo que nos empuja para modificar las condiciones de este presente, para repensar las violaciones a los derechos humanos con las que convivimos. Ese diálogo pasado/ presente es el que me interesa mucho poner en juego en las producciones que hace muchos años venimos haciendo, tanto en televisión como en cine documental.

¿Cuál es su reflexión sobre la situación actual de los juicios por delitos de lesa humanidad y la multitudinaria marcha que se realizó en repudio al 2x1?

La movilización masiva que se realizó en rechazo del 2x1 fue una respuesta de ciertos consensos fundantes que existen en la sociedad argentina, es decir, impunidad para los criminales de lesa humanidad, decimos “No”, ese es un límite. En ese sentido, ese día fue una fiesta colectiva que nos reunió a todos, una suerte de complicidad en las miradas, una alegría inmensa  de desbordar las calles de todo el país. Sentíamos alegría porque éramos muchos, porque sentíamos que también podíamos ser parte del rio de la historia y ese rio fue el que dijo “No” a una medida que consagraba la impunidad. La Argentina ha sido un faro porque ha logrado hacer una transición democrática con justicia, es decir, memoria, verdad y justicia. En ese sentido, me parece que pensar una democracia donde hay impunidad para los crímenes más brutales que uno se pueda imaginar es pensar una democracia renga. En nuestro país, las luchas de los organismos de derechos humanos permitieron, aún 30 años después, que los juicios fueran una realidad, es por eso, que hoy tenemos que seguir empujando ese proceso. Entonces, creo que ese día, esas calles, ese río de gente que pobló las plazas de los distintos puntos del país cuando se anunció el 2x1, habla de un lugar donde estamos parados, dónde está parada la sociedad argentina. No puede haber marcha atrás, tenemos que estar alertas porque la continuidad de los juicios depende no únicamente de la voluntad de impunidad de algunos sino depende de un conjunto de condiciones materiales que tienen que ver con la investigación, con la recolección de pruebas, con los testimonios. Hace muchos años que esperan las víctimas una respuesta sobre lo que pasó. No podemos pensar los juicios desde el ombligo de la Ciudad de Buenos Aires, es muy interesante lo que está pasando en todo el interior, donde los juicios tienen otros tiempos. Los juicios permitieron que personas que nunca habían tomado la palabra, pudieran hacerlo y dar su testimonio, esto es profundamente reparador porque permite habilitar nuevas voces, lo que activa nuevos procesos de memoria. Los juicios consolidan procesos pero al mismo tiempo abren otros, con los marcos interpretativos que ahora tenemos. Por ejemplo, hoy podemos nombrar de otra manera la violencia sistemática que sufrieron las mujeres durante su cautiverio porque tenemos otros marcos interpretativos que nos permite diferenciarla de la tortura, y esto nos permite pensar las cosas de otra manera. Las propias víctimas y el propio poder judicial que está interviniendo están haciendo historia también al nombrar de otra manera las diferentes situaciones. Me parece que los juicios por delitos de lesa humanidad son un proceso muy rico para nuestra historia. Este es un lugar de consenso en  la sociedad argentina y entre todos decimos “No el 2x1”.

 




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