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22 03 2017
Rodolfo Walsh y el periodismo que atraviesa el tiempo

Lila Pastoriza, su compañera en la agencia ANCLA, recuerda al escritor y militante a 40 años de su asesinato y desaparición.


Por Lila Pastoriza

 

“Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Así cerraba Rodolfo Walsh su “Carta de un escritor a la Junta Militar”, fechada el 24 de marzo de 1977, el primer texto político que firmaba en mucho tiempo. Militante de la organización Montoneros, con la Carta y con su firma retomaba su rol de escritor, convencido de que era el mejor aporte que podía hacer en ese momento a la lucha contra la dictadura. 

Quizás ese compromiso comenzó a tejerse en 1956, esa “noche asfixiante de verano” en que estando en un bar de La Plata un hombre le dice “hay un fusilado que vive”. O tal vez después, cuando mirar el rostro del “fusilado” Juan Carlos Livraga (“los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte”) le hizo sentirse insultado en tanto persona, ser humano.

Como sea, lo cierto es que, desde “Operación Masacre”, todos los trabajos y los días de Walsh expresan al hombre -riguroso, irónico, apasionado- a quien las vejaciones y la injusticia le tocaban el alma. 

 

*** 

Comencé a trabajar con Rodolfo en 1975. Hacia fines de ese año, preocupado por la falta de una política clara por parte de Montoneros ante el golpe que se venía, Walsh inició un proceso de reflexión política que lo llevaría a afirmar -convencido de la derrota militar sufrida por su organización- que la etapa era de repliegue y se imponía dar prioridad a la acción política orientada hacia el fortalecimiento de la resistencia popular. Estos planteos y propuestas se manifestaron a lo largo de 1976 en varios documentos críticos que discutió con sus compañeros y elevó a la conducción montonera (1). “Propaganda infatigable por medios artesanales. Si las armas de la guerra que hemos perdido eran el FAL y la Energa, las armas de la resistencia que debemos librar son el mimeógrafo y el caño”, era la consigna (2).

Fue en este marco que Walsh creó, entre otros intrumentos de prensa, la la Agencia de Noticias Clandestina, la herramienta que propuso a su organización como arma para romper el bloqueo informativo impuesto por la dictadura. Su nombre se expresaba en una sigla, ANCLA, elegida para provocar cierta confusión en los grupos represivos y demorar la identificación de los autores. 

Resistir es informar, sostenía Walsh. El terror se afirma en la incomunicación. Hay que denunciar lo que se oculta, hacer circular la verdad, que en manos del pueblo es un arma poderosa.

Concebida para fortalecer la resistencia, la Agencia debía ser un instrumento de difusión popular y no un órgano de prensa partidaria. Tuvo el formato de una agencia independiente, sostenida en buena medida en la participación popular en la información a través de de redes de gente que, más allá de sus posiciones políticas, contra la dictadura “se animaba”: pasaba un dato, hacía llegar la noticia que circulaba en el taller, el club, el cuartel o donde fuera. 

ANCLA cubría el ciclo de información: la buscaba, la producía, le daba salida y también generaba redes que la difundían y aportaban nuevos datos. Su misión era informar al pueblo y, a su vez, a los que informan y difunden (periodistas que no podían difundir en su medio lo que sabían, agencias de noticias, corresponsales extranjeros, profesionales, agrupaciones sociales y de defensa de derechos, entre otros). La Agencia reveló entonces multitud de hechos -la metodología de la represión, la existencia de los campos de concentración, incluida la ESMA, y el origen allí de los cuerpos arrojados a las aguas que aparecieron en  las playas de Uruguay -dentro del muy amplio espectro de hechos denunciado- que algunos muy informados dicen haber desconocido.

Otra función que se propuso ANCLA fue acentuar las diferencias existentes entre sectores de poder que, pese a sus coincidencias en reprimir a la guerrilla, mantenían entre sí diferencias de intereses de diverso tipo. Esta “acción psicológica” a través del modo de transmitir la información respetaba a rajatablas su veracidad. Entre sus destinatarios había integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, empresarios, funcionarios, dirigentes políticos y autoridades eclesiásticas. 

 

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Los primeros cables de la Agencia fueron despachados en junio del 1976 (3). En abril, Walsh había convocado a quienes veníamos trabajando juntos en el sector de Informaciones que él dirigía  -Carlos Aznares, Lucila Pagliai y yo- (4), para informarnos la aparición de la Agencia, sus fundamentos y el rol que nos correspondería (una suerte de “mesa de redacción” que además imprimía y distribuía lo cables y obtenía información). 

Rodolfo definió los objetivos de la Agencia y cómo lograrlos. Nos adiestró en la redacción de cables informativos, y nos impartió rudimentos de acción psicológica. Estableció los criterios básicos a seguir: información cierta y rigurosa, estilo sobrio y preciso, estructura artesanal simple (que facilitara ocultarla y trasladarla y/o reproducirla) y equipamiento básico (máquinas de escribir, mimeógrafo, papelería, scanner para escuchar la red policial archivo de información). 

Las fuentes de información eran de distinto tipo. Algunas abastecían directamente al sector de Informaciones, como la data proveniente de las bases de la Organización, la aportada por las redes que montó inicialmente Walsh con periodistas y profesionales, la que los distintos ámbitos del sector obteníamos a través de la escucha de los trasmisores policiales. Otras fuentes eran las de la propia “mesa de redacción”, abastecida por el procesamiento de fuentes públicas, archivos y la proveniente de las redes propias, generadas y sostenidos por el equipo. 

Los cables de ANCLA se distribuían por correo. Su presencia se mantuvo durante más de un año, pese a que su periodicidad varió según los avances de la acción represiva. 

Walsh, creador y jefe político de ANCLA y de nuestro equipo, sólo tuvo presencia estable en los inicios. Luego dejó la Agencia en nuestras manos (yo fui designada como su responsable) aunque continuó supervisando, enviando información, cables redactados en otros ámbitos y, en particular, garantizando la continuidad de la discusión política.

 

***

A mediados de agosto de 1976, con el secuestro de nuestro compañero Eduardo Suárez (5) debimos abandonar el local de ANCLA tras rescatar y trasladar los elementos de trabajo. De ahí en más, lo constante fue la movilidad.

Los contactos orgánicos se redujeron y también los encuentros del equipo con Walsh, manteniendo yo el contacto, que seguí viéndolo con regularidad. La muerte en septiembre de su hija Vicky y, a fines de diciembre, la caída de dos compañeros muy próximos a él lo impactaron fuertemente. Redobló su insistencia ante la conducción nacional para poner en práctica la transición a la etapa de resistencia popular incorporando medidas estrictas de preservación de la propia fuerza y propuestas específicas que aconsejaban, entre otros ítems, disolver la estructuras “penetradas” por el enemigo, la redistribución de los militantes y la descentralización de los servicios de finanzas y la documentación. Nunca recibió respuesta. 

Al reiterarse los secuestros, varios ligados al sector de Informaciones, disminuyó la actividad pero Ancla siguió funcionando: con el aporte de colaboradores, nuestras redes propias sustentaron gran parte del flujo informativo. 

En los primeros meses de 1977 la situación y los hechos se precipitaron. Las sucesivas caídas de militantes denotaban, según Walsh, el avance de las Fuerzas Armadas en su conocimiento estructural de Montoneros. “A esta altura, caer o no es una cuestión de azar”, me dijo la penúltima vez que lo vi.

La Agencia seguiría activa, aunque disminuido su ritmo hasta mediados de junio de ese año, cuando se produjo el secuestro a manos del Grupo de Tareas de la ESMA de varios integrantes y colaboradores, incluido el mío. Un mes después Horacio Verbitsky y Luis Guagnini reanudarían su actividad hasta septiembre. En poco más de un año ANCLA había emitido más de 200 cables. 

 

***

El 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh moría acribillado por una lluvia de balas en una calle de Buenos Aires. Aquel viernes caluroso su último gesto fue disparar con su Walther 22 para no caer vivo en manos del enemigo. Lo logró. Minutos antes había despachado en un correo las primeras copias de la Carta de un escritor a la Junta Militar. Esa Carta atravesó el tiempo.

 

***

El día que lo asesinaron, Walsh llevaba un documento falso a nombre de Francisco Freyre, el mismo que usó veinte años antes al investigar los fusilamientos de José Léon Suarez , pariendo “Operación Masacre”, la que, según dijo, cambió su vida. 

 

***

Lilia Ferreyra, su compañera desde hacía diez años, escribió desde el exilio que las propuestas de repliegue planteadas por Walsh a la conducción de Montoneros cayeron en el vacío. Y que él había comenzado a preparar su propio repliegue. “Se trata para él de alejarse del “territorio cercado”, Buenos Aires, de recuperar su identidad y con ello toda su trayectoria personal, de hacerla valer como un arma. Durante años, como miembro de la organización Montoneros había sido un militante más. ‘Vuelvo a ser Rodolfo Walsh’, decía ahora. Su propio nombre, conocido en los medios intelectuales, habría de servirle en esta nueva etapa de denuncia del gobierno militar. La Carta del 24 de marzo de 1977 es el primer documento en el que reaparece su firma. Un hilo que había quedado suspendido en 1968, luego de ‘Quién mató a Rosendo?’ (…) Ese hilo retomado era y es una línea tendida hacia el futuro”. (6)

 

Notas al pie:

1.Posteriormente algunos de ellos fueron conocidos como “Los papeles de Walsh”. Los produjo en 1976 y en los primeros días de 1977.

2. “Aporte a una hipótesis de resistencia. En Baschetti, Roberto. op.cit. , p226-234.

3.Se enviaban por correo. Cada uno de los envíos incluía varios cables. Por lo general, (sobre todo en los primeros meses) había dos envíos por semana. 

4.Walsh había creado el Sector de Informaciones de Montoneros, del cual era el titular. Estaba inserto en el Departamento de Informaciones. 

5.Eduardo “el Negro” Suarez fue secuestrado por un grupo operativo de la ESMA que previamente se había llevado a su mujer, Patricia Villa, y a otras personas en la Agencia Inter Press. Suarez resistió las brutales torturas que sufrió dándonos tiempo a evacuar el local. El y su compañera permanecen desaparecidos.

6.“Ferreyra Lilia, “Rigor e inteligencia en la vida de Rodolfo Walsh. Revista Controversia. México, 1980.




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