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04 09 2017
Luis Fondebrider expuso el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense

El presidente del EAAF participó en un encuentro de formación con trabajadores del Espacio Memoria y Derechos Humanos.


En el marco de los encuentros de intercambio y formación para los trabajadores del Espacio Memoria y Derechos Humanos, Luis Fondebrider expuso sobre el trabajo que lleva adelante el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en todo el mundo. 

Desde su conformación en 1984, la labor del EAAF ha sido fundamental en la búsqueda de verdad y justicia por los crímenes de la dictadura cívico-militar en nuestro país. Hoy intervienen en casos de desapariciones forzadas y graves violaciones a los derechos humanos en diferentes países del mundo. En los próximos meses abrirán su sede en la Casa por la Identidad.

El EAAF conduce investigaciones forenses en Argentina e internacionalmente respondiendo a pedidos de organizaciones de derechos humanos locales e internacionales, sistemas judiciales nacionales e internacionales, tribunales y comisiones especiales de investigación, como Comisiones de la Verdad.

Los objetivos de las investigaciones buscan establecer la identidad, la causa y el modo de muerte de las víctimas e identificar patrones de violaciones a los derechos humanos aplicando las ciencias forenses; restituir los restos de las víctimas a sus familiares y comunidades; y presentar los hallazgos y evidencia a las instancias judiciales y ámbitos de investigación correspondientes. Desde 1984 el equipo ha trabajado en más de 30 países de Latinoamérica, Asia, Africa y Europa. En el curso de estas investigaciones, el EAAF ha podido descubrir la suerte de varios miles de personas desaparecidas. “La investigación de las desapariciones forzadas son un elemento vital en los periodos de transición democrática”, señaló Fondebrider, uno de los seis fundadores y actual presidente del EAAF.

El método de investigación desarrollado y aplicado por el EAAF tiene tres etapas. La primera consiste en la búsqueda y el análisis de los antecedentes del caso, realizando entrevistas con los familiares de las víctimas, testigos y sobrevivientes de los hechos; revisando archivos militares, policiales, judiciales, libros de cementerios, registros civiles, hospitales y otros archivos; y estudiando los informes producidos por organizaciones no gubernamentales, Naciones Unidas y otras instituciones. También se busca información de las víctimas cuando estaban vivas (edad al momento de muerte, estatura, sexo, lateralidad, fracturas óseas antiguas, etc.). Y se recoge información sobre el o los lugares de muerte y enterramiento. El análisis de esta información lleva a la formulación de hipótesis sobre la ubicación de sitios de entierro clandestinos, la posible identificación de las víctimas y las circunstancias de los hechos.

La segunda etapa pasa por la investigación de la escena del crimen y recuperación de evidencia. Una vez que el sitio del enterramiento y/o asesinato se ha ubicado y se cuenta con los permisos de trabajo correspondientes, se utilizan las técnicas de la arqueología y de criminalística para analizar el terreno, excavar y recuperar cuidadosamente la evidencia relevante, incluyendo restos óseos, proyectiles, vestimenta, efectos personales, etc. El equipo forense pone especial cuidado en documentar cada etapa de este proceso por medio de informes escritos, video y fotografía y mapeo de la evidencia, de modo tal de mantener un registro preciso de los hallazgos.

La tercera fase es el análisis de laboratorio, en el que los restos y la evidencia asociada a ellos que se recuperan del sitio del trabajo son luego analizados en el laboratorio, aplicando el conocimiento y las técnicas de la antropología forense, patología, radiología y odontología entre otras disciplinas. En el laboratorio se trata de establecer la identidad de la víctima, determinar la causa y manera de muerte y comparar los hallazgos con la información ante mortem y recogida durante de la investigación histórica. Cuando es posible, los restos de las víctimas identificadas son restituidos a sus familiares y se presentan las conclusiones de la investigación a la instancia judicial o investigadora pertinente.

La investigación de casos es el eje del trabajo del EAAF sobre el cual se organizan el resto de las actividades. Los resultados de las investigaciones sirven un doble propósito. Primero y principalmente, sirven para informar a los familiares de las víctimas lo que ha sucedido con sus seres queridos. En el caso en que se recuperan los restos, los mismos son restituidos a sus familias. Conocer la verdad sobre los crímenes ocurridos y llevar a cabo las ceremonias tradicionales para enterrar a sus seres queridos es parte del proceso de duelo y recuperación de las familias y las comunidades afectadas por la violencia y la represión.

En segundo lugar, los hallazgos de la investigación se suministran a las instituciones judiciales y/o instancias de investigación relevantes. Desde sus primeras investigaciones en Argentina hace 30 años, el EAAF ha presentado evidencia científica y actuado como peritos en tribunales locales e internacionales, y otros ámbitos de investigación, contribuyendo en algunos casos al procesamiento de responsables, la aceptación oficial de responsabilidad y el reconocimiento público de estos abusos.

Estas investigaciones se realizan habitualmente a pedido de organizaciones o instituciones locales o internacionales, como ongs, cuerpos judiciales, comisiones de la verdad, Naciones Unidas, tribunales internacionales y comisiones especiales de investigación. Durante estas investigaciones, el EAAF trabaja en colaboración con las familias y las comunidades de las víctimas, brindándoles información y asegurando su participación en el proceso de investigación, incluyendo su presencia durante las exhumaciones. “Decidimos hacer ciencia junto con la gente, con los familiares, compartiendo con ellos el proceso de trabajo, haciéndolo transparente”, explicó Fondebrider. 

El EAAF también trabaja estrechamente con organizaciones locales de derechos humanos, puesto que juegan un papel central en la búsqueda de la verdad y la justicia en sus países y habitualmente han llevado a cabo exhaustivas investigaciones históricas de los casos de violaciones de los derechos humanos, ganándose la confianza de sobrevivientes, testigos y familiares. En la medida de lo posible, el EAAF también trata de involucrar a profesionales forenses locales en el proceso de investigación con el fin de fortalecer la capacidad local.

El presidente del EAAF enumeró algunas de las enseñanzas que deja el trabajo de más de tres décadas en los distintos procesos en los que ha intervenido: la necesidad de la voluntad política para poder llevar adelante las investigaciones; la debilidad de los procesos de transición, ya que muchas veces se observa una fuerte presencia de los victimarios; la marginación y el aislamiento que en muchos casos sufren los familiares de las víctimas; la importancia de una justicia independiente; y la falta de interés en las universidades y en la comunidad científica. Y destacó el rol fundamental del movimiento de derechos humanos y de los programas educativos.

Además, Fondebrider relató que el trabajo del EAAF comenzó a expandirse internacionalmente a partir de 1986 y que, profundizando esa línea, en noviembre inaugurarán su Centro de Capacitación internacional, con sede en la Casa por la Identidad, donde recibirán a especialistas forenses, fiscales, abogados, servicios periciales y trabajadores de ongs de todo el mundo.




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