11 07 2013 | TESTIMONIOS
Día 72. "Exijo saber por qué se la llevaron, quién dio la orden, quién la ejecutó, qué pasó con ella, dónde están sus restos", dijo Marta Vásquez, Madre de Plaza de Mayo L&iac

Hoy dio su testimonio por la desaparición forzada de su hija María Marta y de su yerno César Lugones, quienes siguen desaparecidos. Además, declaró Julio Genoud por el secuestro y asesinato de Gustavo Grigera. 


Los casos de César Armando Lugones y María Marta Vásquez Ocampo de Lugones (14 y 15)

El 14 de mayo de 1976, aproximadamente a las 3:00 de la madrugada, fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en Emilio Mitre 1258, Ciudad de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo del Grupo de Tareas 3.3.2, fuertemente armado, que dijo pertenecer al Ejército Argentino. 

Ambos fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. María Marta estaba embarazada de aproximadamente dos meses. El parto se produjo dentro de la ESMA y fue atendido por Jorge Luis Magnacco, imputado en la causa.

Martía Marta, César y el hijo de ambos continúan desaparecidos. 

El testimonio de Marta Ocampo Casco de Vásquez

Marta es una Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Hoy juró decir la verdad: “antes que nada, agradezco a todos los que han hecho que llegue este momento. No tengo más que agradecimiento para los que nos han apoyado. Hemos esperado más de 37 años, pero aquí estamos, aquí estoy. Mi hija no se olvida nunca. La desaparición forzada es un delito permanente y el dolor que causa es permanente. Tengo una foto de mis hijos, cuando usted diga las voy a mostrar”. En ese momento, el Ministerio Público Fiscal le indicó que comenzarían las preguntas y que ya podía exhibir las fotografías.

“Es María Marta, mi hija desaparecida el 14 de mayo de 1976 junto a César Amadeo Lugones. Ella tenía 23 años, ella era psicopedagoga. Él tenía 26, era médico veterinario. Se lo llevan. Había sido operado del pulmón y estaba en estado delicado. Esta foto fue tomada cuando estaban de luna de miel en Córdoba”, describió Marta.

El secuestro 

“Nunca voy a poder olvidar aquella llamada telefónica del 15 de mayo del `76 a las 5:00 de la mañana. Yo residía con mi marido (José María Vásquez) y un hijo menor en México, mi marido era diplomático. Cuando atiendo, mi hijo Alberto me dice: `mamá, se llevaron a María Marta y César´. No entendía qué pasaba. Ahí le di el teléfono a mi marido y me fui a buscar a mi hijo Gustavo. Fui al otro teléfono. Era inútil, no sabíamos qué quería decir que se los habían llevado. No pudimos saber lo que era el horror que venía atrás”, dijo hoy Marta. 

Alberto les dijo que él y Emilio Mignone buscarían a María Marta, pero a los pocos días les avisaron que no pudieron encontrarla. Una de las hijas de Mignone, Claudia (caso nº 16), fue secuestrada el mismo día que César y María Marta y sigue desaparecida. José María viajó a la Argentina, pero tampoco tuvo resultados. “Hizo numerosas entrevistas, gestiones, pero no consiguió nada. Me acuerdo cuando el coronel Roualdes recibió a Mignone y a mi marido en el Comando 1 (con una arma sobre el escritorio). Les dijo: `acá abajo, en esta mazmorra, tengo a los hijos de los compañeros y se van a pudrir, no van a salir nunca más´. Eso nos pareció una bestialidad, un horror: un coronel pensando de esa manera. La vida siguió adelante y todavía estamos acá, siempre con la esperanza de que vamos a conocer la verdad de lo sucedido”, sostuvo Marta. 

Monseñor Graselli

“Fui con mi marido a visitar a Monseñor Graselli. Lo habíamos conocido en Chile. Nos pidió que volviéramos, porque en ese fichero no tenía noticias. Fuimos por segunda vez y en ese momento dijo: `no tengo nada, no tengan muchas esperanzas, yo sé cómo los tienen. Él sabía. Nosotros, en nuestra ignorancia, seguimos esperando. Tengo que confesar que durante ocho años esperé que María Marta volviera y César también. Tenía la ilusión, que alguien me metió en la cabeza, de que estaban vivos”, contó la testigo.

El derecho a la verdad

“Si habían sido tan valientes de matar a gente inocente, les faltó coraje para decir la verdad a los familiares. ¿Para qué existía la justicia? ¿Por qué no los juzgaron si cometieron un delito? ¿Por qué no tienen derecho a un juicio como lo tienen ustedes, señores?”, preguntó Marta Vásquez. “No perdemos las esperanzas de que algún día la verdad nos llegue, de que alguien comprenda el horror que han cometido y lo den a conocer. Sean responsables y valientes por lo que hab hecho: hasta ahora no demuestran valentía”, agregó la Madre de Plaza de Mayo. 

Marta Vásquez: de madre a Madre de Plaza de Mayo

“Comencé a andar, viajar y luchar. Participé en la fundación FEDEFAM (Federación Latinoamericana de Familiares de Detenidos-Desaparecidos) y en esos viajes trataba de ver a personas que sabía que habían estado en la ESMA. En Gonebra había dos o tres viviendo ahí y estuve con ellos. No puedo darles los nombres, la memoria me falla, pero me voy a acordar. Todos me dijeron que no tuviera esperanza. Estando con (Raúl) Cubas, quien estuvo varios años en la ESMA, le pedí muchas veces a él noticias, pero nunca me pudo dar una respuesta favorable. Algo adentro mío me decía: `no abandones, tenés que seguir, si no recuperás a tus hijos vas a salvar a otro y abrir el camino para tus nietos y bisnietos, abrir el camino para el futuro, por eso he seguido hasta hoy en Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora”, dijo Marta.  

La militancia de María Marta

Marta contó que “cuando les hacía falta una maestra, mi hija me llamaba y me decía: `¿podés venir?´, y yo iba y entretenía a los chicos. Ayudaron a hacer una guardería, era para que las mamás pudieran salir a trabajar. Ahí adquirí el compromiso de ir a ayudarla. No vi nunca ningún tipo de violencia, nada que me llevara a pensar en algo malo, sólo amor, sólo piedad, sólo compartir lo que tenían con los demás”.

“Sé que iban a trabajar a la villa del Bajo Flores, que si hoy vieran lo que es se volverían a morir”, dijo Marta. 

Las confesiones de Scilingo  

En el marco de una filmación de la BBC, Marta participó en una entrevista con Adolfo Scilingo. Le mostró fotografías de su hija y su yerno: “a la de César la miró un momentito y dijo `nunca lo vi´. Cuando vio la de Marta se le cambió la cara, se puso pálido. La seguía mirando y no me decía nada. Fue un segundo de espera intensa, de miedo, y de pronto me dijo: `usted sabe ya que ella no está, pero su nieto sí´. Yo me enteré un tiempo después que María Marta estaba embarazada. Me insinuó que ella había sido llevada en los vuelos (de la muerte). Me dijo algunos nombres para averiguar sobre mi nieto. Salí temblando, no podía creer lo que me decía, cómo era posible que mi hija hubiera acabado así. Pero ahora exijo saber por qué se la llevaron, quién dio la orden, quién la ejecutó, qué pasó con ella, dónde están sus restos. El derecho de una madre no acaba nunca. Aún cuando no esté en este mundo, voy a seguir exigiendo saber dónde está”.

La búsqueda del nieto

En su camino de lucha, Marta fue juntando información sobre su hija y su yerno. Así fue como, entre otras cosas, supo que además de madre era abuela. Pero su nieto nunca fue entregado a la familia.

“Los desaparecidos no se han ido: están con nosotros”

“Quisiera despedirme diciendo que pienso que lo sucedido no puede pasar más en nuestra patria. Les digo a todos que los detenidos-desaparecidos no se han ido: están con nosotros, son quienes nos han dado fuerza y apoyo, y por eso hemos podido recorrer parte del mundo y nuestra patria despertando conciencia y narrando lo que pasó, si no hubiera pasado desapercibido. Soy presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, tengo 87 años, sólo pido que recapaciten, despierten su conciencia, sean valientes y afronten lo que tienen que afrontar. Muchas gracias”, concluyó Marta Vásquez, quien fue despedida de la sala con aplausos.

El caso de Gustavo Alberto Grigera (nº 328)

El 18 de julio de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2. Eran aproximadamente 20 personas, vestidas con ropa de fajina militar, fuertemente armadas, que se identificaron como “marinos”. El secuestro se produjo dentro del Hospital Italiano. En el operativo se usaron varios vehículos, entre ellos algunos identificados como pertenecientes a la Armada Argentina.

Grigera era dirigente gremial de los residentes del Hospital Italiano y militantes de la Juventud Peronista. Al ser capturado ingirió una pastilla de cianuro, por lo que fue llevado a la guardia del Hospital. Luego fue trasladado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Entre el 18 de julio y el 17 de agosto de 1977 fue asesinado por el Grupo de Tareas. Su cadáver fue entregado a la Seccional 11ª de la Policía Federal Argentina, el 17 de agosto, a disposición del Comando Subzona del Ejército, y luego entregado a sus familiares. 

El testimonio de Julio César Genoud

“Conocí a la víctima antes de que sucediera lo que sucedió, en ocasión de estar desempeñándome como Director Técnico del Hospital Italiano de Buenos Aires. En julio del `77, a media mañana, recién comenzaba el día, entró bruscamente un grupo de gente preguntando quién era yo y me pidieron que me retirara, dijeron que ellos se iban a hacer cargo de un operativo para encontrar a una persona que estaban persiguiendo”, relató el testigo.

Buscaban a Gustavo Grigera. “Pasaron entre cuatro y seis horas hasta que lo encontraron. Al final apareció en un baño y ahí lo golpeó esa gente para hacerlo vomitar, porque había tomado algo para morir. Lo llevaron a la guardia y le lavaron el estómago. Al rato, a las 4 ó 5 de la tarde, lo sacaron por la puerta principal, que da a Gacón, en una camilla, él mirando a todos. Estaba vivo”, agregó Genoud. 

Libro de guardia

“En el momento en que salen, me presento, aunque sabían que era el director, y dije: `quiero que ustedes dejen en el libro de guardia que se llevan al detenido del Hospital´. Reaccionaron bien y van al libro de guardia y anotan los detalles, ahí supe que era gente de la Armada. No tuvimos la precaución de tomar los nombres. A la noche viene una patota y se roba el libro. Deja papeles de Montoneros, como si fueran los que venían a robar”, relató el testigo.

“Hay un hecho que sucede posteriormente. Todo esto es en el `77. Unos años después, no puedo precisar, estuve en el Italiano hasta el `85, en el `82/`83 recibo una citación de la Marina y me piden que me presente en Comodoro Py para aclarar el asunto de Grigera. Me recibe un oficial de la Marina, me hace un interrogatorio y me preguntó exactamente cómo había pasado todo. Dije que salió con vida y que posteriormente entregaron el cadáver sin que se abriera el féretro”, contó Genoud, quien luego remarcó que le insistieron con saber con qué datos estableció que la víctima fue llevada con vida desde el Hospital. 

Próxima audiencia

El juicio continuará el lunes 15 de julio desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.