21 05 2014 | TESTIMONIOS
146. "Muchos amigos dejaron de ser amigos y muchos vecinos cerraron las puertas. Ahí entendimos lo que era la persecución ideológica"

Así lo expresó Alfredo Nardone, hermano de Dina, detenida-desaparecida en la ESMA. También declararon Víctor Aníbal Fatala, sobreviviente, y Gustavo Adur, hermano de Claudio, quien sigue desaparecido. 


El caso de Víctor Aníbal Fatala (477)

“Coco” militaba en la Juventud Peronista y tenía 23 años de edad cuando fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 6 de noviembre de 1978, cuando salía de su domicilio, ubicado en la calle Luna 456, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por miembros del Grupo de Tareas 3.3.2, vestidos de civil, quienes lo subieron a un vehículo Ford Falcon y lo golpearon. Pocas cuadras después, lo pasaron a una ambulancia, lo colocaron en una camilla, esposado y con los ojos tapados, y lo llevaron a la ESMA, y luego a otras dependencias del Grupo de Tareas. 

Víctor permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, hasta ser liberado en febrero de 1980.

El testimonio de Víctor

El primer tema sobre el que le preguntaron al sobreviviente fue por los “organigramas” que hubo en la ESMA, vinculados a los operativos de secuestro. Víctor confirmó haberlos visto en el Sótano, y los describió como “afiches grandes, con el nombre de personas”. 

El “Grupo Villaflor”

Víctor recordó que “tenían a una niña, muy linda, simpática, chiquita. Todos los que teníamos hijos pensábamos que ver a una nena en ese lugar era una cosa surrealista. Esa niña estaba ahí con los mayores. Había unos guardias que la dejaban salir y hacer dibujos”. 

“Le hice una pregunta, no sé si al Oficial Manuel o Cavallo, para saber qué había pasado con ese grupo. Lo que nos decían era que lo más conveniente era no preguntar, que no era nuestro tema”, contó el testigo.  

Sergio Víctor Cetrángolo (caso 471)

“Era muy amigo mío de la infancia. Víctor para nosotros fue y sigue siendo `Tito´. Militó con nosotros, un grupo de jóvenes que quisimos integrar un proyecto político. Perdí su rastro a causa de la vida que llevábamos. Recién lo vuelvo a ver dentro de la ESMA: lo trae el Oficial Mariano (Raúl Scheller) para que hable conmigo, como una forma de convencer”, relató Víctor Fatala, quien agregó que “vuelvo a mantener conversación con él en Capuchita. Estaba el tanque de agua, dentro del Casino de Oficiales. Ahí me dice que él estaba como detenido prestado por la gente del Ejército, que estaba prestado en la ESMA y lo habían prestado porque estaban trabajando sobre mi caso”.

“La gente de la ESMA viene a buscarme a mi domicilio en el `76. Mi tío, una persona muy mayor, pensó que era un cliente. Se lo llevaron a la ESMA y lo tuvieron tres o cuatro días, interrogándolo sobre mí. Imagínense lo que le produjo a una persona de 70 y pico de años. Se ve que por estos organigramas y por las diferentes formas de información que tenían ellos, llegaron”, resaltó el sobreviviente. 

Víctor también sostuvo que “Mariano” le dijo sobre “Tito” que ”lamentablemente, no pudo mantenerlo en la ESMA”. 

Daniel Etcheverría (caso 485)

Víctor se refirió a él como “Danielito”, quien fue secuestrado el 18 de noviembre de 1978 en la Ciudad de Buenos Aires. “Era un chico más joven que nosotros en esa época, era un muchacho de unos 18 ó 19 años”. Luego contó que en el operativo de captura, Daniel fue baleado, por lo que llegó herido a la ESMA. “Había un médico en la ESMA, era `Tommy´. Peleaba en la Antártida con los pingüinos imperiales”. Esa misma persona fue la que le dijo a Víctor que Daniel sería operado en el Hospital Naval, y luego le comunicó que había muerto.  

Daniel Vázquez (caso 500)

El “Ñato” fue privado ilegalmente de su libertad en noviembre de 1978. Al igual que Daniel Etcheverría, entre otras víctimas, fue herido en el operativo de secuestro, por lo que su muerte se produjo en manos de sus captores. El cuerpo de Daniel Vázquez, el “Ñato”, sigue desaparecido. 

“Tengo muy presente el asesinato del `Ñato´, porque militaba conmigo. El nombre lo desconozco. Se produce un tiroteo, nos llevan a varios de los que estábamos detenidos en la ESMA, nos llevan en un furgón, creo que lo llamaban Swat, en una camioneta Ford. Adentro tenía como una casa rodante con dos asientos. Las ventanas eran espejadas, se veía desde adentro hacia afuera, pero no se veía desde afuera hacia adentro. Se usaba para tener como apoyo por si veían a la víctima o al blanco que ellos iban a tomar”, recordó Víctor.

Para finalizar, Víctor pidió “que se haga justicia”.

El caso de Dina Ana María Nardone (482)

El 10 de noviembre de 1978, aproximadamente a las 20:30 horas, fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Esto sucedió un día después del secuestro de su compañero Francisco Natalio Mirabelli (caso 478). Las dos víctimas fueron llevadas a la ESMA y siguen desaparecidas. 

El testimonio de Alfredo, hermano de Dina

“Dina Ana María Nardone era estudiante de Medicina en la UBA, tenía 23 años. Es secuestrada en Buenos Aires”, dijo el testigo al comenzar. “Quiero que sepan que Ovidio Nardone, médico forense de la Policía Federal, era el tutor de Dina, junto con Nilda, hermana de Ovidio. Tenían la tutoría de Dina en Buenos Aires. El día des secuestro hablan desde Buenos Aires con mis padres y después tuvimos otra llamada el 25 de diciembre. Decían que tenían que hablar desde la Policía Federal y que en breve iba a salir Dina. Nunca más tuvimos ningún tipo de información a partir de este hecho. La vida fue muy compleja: la desaparición de Dina fue como un estallido dentro de la familia. Dina era como un prototipo para nosotros, un modelo a seguir, era excelente como estudiante, maravillosa como amiga, una maravilla de hermana. Se sintió como que hubo un quiebre, un derrumbe dentro del eje familiar. El más quebrado fue mi padre. Nosotros, que tenemos cuatro o cinco años menos que mi hermana, teníamos que elaborar constantemente qué significa esto, por qué la persecución también a mi hermano, estudiante de Ingeniería. Desde hace 30 años está exiliado en San Pablo. Otro suceso más de quiebre en la familia. Mi padre era el que ponía la cara, luchaba, averiguaba por todos lados, y mi madre trababa de comprender. Fue totalmente nuevo para mi madre, quien era ama de casa. Se hizo más politizada, más entendida. Nosotros militábamos, éramos militantes de la vida. mi hermana era una fehaciente militante de la vida. mi hermana decía: `Termino la Carrera y te voy a llevar a dos para que estudies Medicina´. Era una figura fuerte para nosotros”, sostuvo Alfredo.

Desaparecer 

“Transcurren los años y seguimos en la búsqueda, a través de amigos y compañeros, pero no aparecía. Había mucha gente que no aparecía. Muchos amigos dejaron de ser amigos y muchos vecinos cerraron las puertas. Ahí entendimos lo que era la persecución ideológica”, dijo el testigo.

Luego, Alfredo se refirió a que esa figura que era el “desaparecido” pasó a ser la de la “hermana desaparecida”. Después mencionó que su vida continuó “exiliándome dentro del país, masticando todos los santos días, tratando de entender lo que habían hecho con Dina, lo que habían hecho con los 30.000 desaparecidos”.

“La figura del desaparecido no es un muerto. Tengo a mi papá muerto: sé dónde está, lo enterré. Pero a los desaparecidos no, no hay nada de esto. Hay un pedazo nuestro que falta, hay algo en la vida que no está funcionando. Esto sucede todos los días. Todos los días de nuestra vida ella está presente. No es una cuestión de pensarla, siquiera. Ella era música también, profesora de piano”, dijo el testigo. 

“La desaparición de personas es una causalidad, y el efecto es el dolor. Tengo 54 años y siento el mismo dolor. No hay modo de reparación, no hay reparación. Si aprendemos algo es transformar el dolor en alegría para nuestros nietos. Yo tengo la obligación con mi hija y mi nieta para que eso no ocurra más, para que no haya más desaparecidos y exiliados”, agregó Alfredo y dijo sobre su hermana que fue “una médica que se jugó. No le tenemos miedo a la muerte. Si sobrevivimos es porque no le tenemos temor a la muerte. Al enemigo le decimos que no le tenemos temor a la muerte. Sin venganza: yo quiero justicia por Dina Ana María Nardone”.  

Madre

Alfredo también habló sobre su madre, Ana María Irigoyen de Nardone: “Jamás le vi un sentido de venganza en sus ojos; siempre el sentido de la justicia”. 

Neoliberalismo

“Todo el atropello se hizo en nombre del neoliberalismo para imponerlo a las patadas. No importa cuántos muertos haya: la inserción de un sistema neoliberal estaba detrás”, sostuvo Alfredo sobre el plan económico, político, social y cultural de la última dictadura cívico-militar.

Embarazo  

Alfredo contó que hay una información sobre Dina y un embarazo: “Siento que si hay un hijo de mi hermana lo vamos a encontrar”.

Los casos de Claudio César Adur y Viviana Martini (785 y 786)

El “Turco” tenía 24 años de edad y militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Viviana tenía 27 y era docente. Ambos fueron privados de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 11 de noviembre de 1976 a las 4:00 de la madrugada, en la vivienda que habitaban en Ciudad de La Paz 1014, piso 2, departamento 10, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por al menos diez personas vestidas de civil, fuertemente armadas, quienes se movilizaban en dos vehículos, una camioneta de color verde y un auto Ford Falcon. 

Claudio y Bibiana fueron encapuchados y esposados. Luego fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. En el centro clandestino de detención, tortura y exterminio recibieron los números “49” y “50”, respectivamente. Hasta ahora, ambos siguen desaparecidos.

El testimonio de Gustavo, hermano de Claudio 

“El 11 de noviembre de 1976 entre las 4:00 y las 4:30 se escucha una explosión en nuestra casa familiar, con rotura de vidrios. Yo me entero de eso porque me lo cuenta. Si bien no estaba ahí, sentí la bomba. La persona que era mi pareja me dice: `Gustavo, no entiendo nada. Veo a tu mamá y tu papá que bajan con los brazos en alto´”, contó el testigo al comenzar su declaración. 

Luego contó que “por alta voz dicen que los ocupantes de la casa salgan con las manos en alto. Veo a una persona de civil con una ametralladora, apuntándome. Cuando salgo veo a mis padres con las manos en alto y contra la pared. A mí me ponen contra la pared. Eran entre diez y once personas, revisaron toda la casa. La que era mi novia después me cuenta que el que comandaba este ataque le preguntó si estaba embarazada”.

“Mi hermano era un militante de la JUP, un cuadro importante de la Carrera de Filosofía. Le interesaba que se estudiase la cultura latinoamericana. A los 23 años se había recibido con un promedio de 10”, recordó Gustavo Adur.

Secuestro   

A Gustavo lo esposaron y lo subieron a un auto, para ir a buscar a Claudio. Una vez que llegaron al departamento, Gustavo recuerda que “el último gesto que vi de mi hermano fue cuando se llevó la mano a la boca. Una de las personas agarró el teléfono, desenroscó y sacó el micrófono. Ahí escuché a una de esas personas decir: `Traé las capuchas´. Me hacen bajar y me dicen: `Volvé a tu casa y ni se te ocurra para por la Policía´. Hice exactamente eso”. 

Llamado

“Hubo un llamado a los 10 ó 15 días, que atendí yo. Se comunicó una persona que me dijo: `Yo estuve en el operativo. Tu hermano está en la ESMA. Para que vos sepas que es verdad, te voy a dar los datos: tu hermano tiene una cadenita de oro con un dije particular. En un tiempo van a salir´. Yo no sabía qué decir”, recordó.  

“Madre de un subversivo”

La madre de Claudio y Gustavo trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores, de donde fue echada, porque le dijeron que “la madre de un subversivo no podía trabajar ahí”.

“Mi hermano emanaba amor y poesía. Parece muy loco que en esas circunstancias y condiciones se pusiera a filosofar”, sostuvo Gustavo, quien agregó que “me gustaría mostrar esta foto. Es de cinco meses antes, del día de su casamiento. Mi hermano se había recibido a fines del año anterior, tenía una Carrera promisoria, brillante intelectualmente. Quisiera que se llegue a la verdad, que se haga justicia y agradecerles a ustedes, al Tribunal, a los abogados, a los organismos de derechos humanos, todo lo que están haciendo por los desaparecidos”, dijo Gustavo al finalizar, emocionado, entre lágrimas.

Próxima audiencia

El juicio continuará el lunes 26 de mayo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.