28 04 2014 | TESTIMONIOS
141. "Pido saber dónde está su cuerpo para enterrarlo y llevarle una flor"

Fue el reclamo de Carlota Pérez, quien declaró hoy por el caso de su compañero, hugo Palmeiro, quien sigue desaparecido. Además, es prima de Carlos Daniel Pérez, sobreviviente que también dio testimonio en la audiencia, al igual que Horacio Guillermo Cieza.  

 


Los casos de Horacio Guillermo Cieza y Celina Rodríguez (463 y 559)

Horacio Guillermo Cieza y Celina Rodríguez -quien estaba embarazada de 6 meses- eran militantes de las Fuerzas Armadas Peronistas y estaban vinculados con la actividad sindical. Los dos fueron privados ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en horas de la tarde del 11 de agosto de 1979, en la intersección de las calles 11 y 41 de la Ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires, por varios individuos pertenecientes al Grupo de Tareas 3.3.2. 

Posteriormente, las víctimas fueron llevadas a la ESMA, lugar en el que se los mantuvo clandestinamente detenidos y fueron atormentados mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida. En el interior de este establecimiento, Horacio Guillermo Cieza fue sometido a interrogatorios en los que fue torturado mediante la aplicación de picana eléctrica. En la madrugada del día siguiente, el matrimonio fue liberado en la Ciudad de Buenos Aires.

La nueva declaración

Cieza había declarado en la etapa anterior de la megacausa, por lo que en esta parte del juicio debió contestar algunas preguntas aclaratorias sobre su testimonio previo. Cieza tenía 26 años al momento de su secuestro, era obrero de la fábrica Codesa y militante de las Fuerzas Armadas Peronistas.

Sobre Nora Wolfson (549) y Enrique Palachi (550)

“Los conozco fines del ´78, principios ´79, como ‘Mariana’ y ‘Bordolino’. Los conozco porque hubo una división en su organización, estaban ´los viejos´ y nosotros, que éramos los más jóvenes. ´Los viejos´ planteaban que era hora de replegarse. Los jóvenes planteábamos que algo podía hacerse, alguna publicación, panfletos. ‘Bordolino’ era el novio de Liliana Altuna, hija de Ángel Altuna, ‘El Vasco’, de la resistencia peronista. Era obrero. De ‘Mariana’ después me enteré que se llama Nora Wolfson. Nos juntamos los de La Plata y los de zona sur, estaban también (Víctor) Basterra (caso 546), (Juan Carlos) López (711). Liliana nos cuenta que ‘El Vasco’ había caído en una pizzería de zona sur. Pero no sabían dónde habían estado”, contó.

La liberación

“Celina Rodríguez (559), Juan Carlos López y yo somos liberados en el Bajo Belgrano. Nosotros estuvimos con mi hermano (Daniel Cieza, caso 462) ahí adentro. En un momento me dicen ‘A tu hermano ya lo largamos’, o algo así”, relató.

Ricardo Haidar (589)

“En el ´82 me lo encuentro a Basterra  en la cola del micro que iba de La Plata a Buenos Aires. Nos vamos los dos en el micro y me empieza a contar que él estaba desaparecido, pero salía, que no se escapaba porque tenía la familia amenazada. Le pregunto por Haidar y me dice que lo tienen ellos”, declaró Cieza.

Justicia

“Yo espero que se haga justicia y que no se detenga sólo a las personas que actuaron, sino a los ideólogos que daban las órdenes y a los ideólogos económicos”, finalizó.

Los casos de Hugo Alberto Palmeiro y Carlos Daniel Pérez (576 y 714)

“Manolo” y Carlos Daniel Pérez, militaban en la agrupación Montoneros, el primero en la JUP de Capital Federal y el segundo, quien ya había sido secuestrado y sometido a tormentos en Mar del Plata, en la JTP de esa ciudad. Los dos fueron privados ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 16 de noviembre de 1979, a las 11:30, mientras realizaban instalaciones eléctricas en un edificio ubicado en la calle Cabello 3653, de la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes se trasladaban en diversos vehículos, entre ellos un “Ford Falcon”. 

Posteriormente, fueron trasladados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Pérez fue llevado a un sótano, donde fue desnudado, recostado e informado de que sería picaneado pero, al responder preguntas relativas a sus datos personales, uno de sus captores dijo: “Éste no es”. Inmediatamente, lo condujeron a un cuarto pequeño donde lo golpearon e interrogaron acerca del domicilio de Palmeiro, a lo que respondió que no lo conocía. 

Aproximadamente a las 10:00 horas del día siguiente, fue liberado en la vía pública, a una cuadra de avenida Cabildo, pese a lo cual fue sometido a un régimen de “libertad vigilada”, cuyo responsable era un sujeto llamado “Javier”, quien se comunicó telefónicamente con él hasta por lo menos un mes después de su liberación, época en la que fue obligado a concurrir a un encuentro que ambos mantuvieron en una confitería.

Palmeiro sigue desaparecido. 

El secuestro

“Hugo Palmeiro y yo fuimos detenidos alrededor de las 11:00 y las 12:00 del mediodía del 16 de noviembre de 1979. Hacíamos trabajo de electricidad en un departamento. Bajamos para comprar unos materiales, toco el portero eléctrico de otro edificio para localizar al arquitecto con el que teníamos que ir a comprar las cosas y me ponen una pistola en la cabeza. Yo me la saco y empiezo a correr, cruzo la calle, se me empieza a tirar gente, cruzo a la vereda, intento entrar en una galería para cruzar del otro lado, pero soy tacleado, esposado, subido a un auto. La gente gritaba, pero los amenazaban para que no se acercaran. Antes de subir logro ver a Hugo, a quien lo subían a otro coche. En el Falcon me encapuchan y arranca el vehículo con tres personas. Había gente sentada arriba mío”, relató el testigo.

La ESMA

“Empiezan a hablar por radio pidiendo autorización para entrar. Ingresamos a ese lugar. Durante el viaje me golpearon adentro del auto y después me bajan y me ayudan a bajar una escalera. Me tiran en un lugar, me sacan la ropa y me preparan para la tortura. Me torturan, me pegan, me preguntan si era ‘Manolo’ y por otro nombre. Les digo que yo soy Carlos Daniel Pérez, soy peronista y me escapé de otro centro de detención. Querían que dijera dónde vivía. En ese ínterin, llegan con Hugo y a mí me sacan y me ponen en un cuarto, y me torturan a patadas, mucho tiempo. En un cierto momento, me dejaron tirado, semidesnudo y aparece uno y me dice que si volvían temprano me iba. Yo no lo entendía, era decisión de ellos la vida o la muerte, o si continuaban torturándome. En un momento me preguntan si me habían dado picana, no habían llegado a eso, habían sido golpes de todo tipo. Como digo que no me dan un jarro de mate cocido, ahí identifiqué el escudo de la Marina, yo hice la colimba en la Marina. Tenía muy desfigurada la cara y la boca. Después, en un momento me dicen si quería ir al baño y me llevan en un pasillo y cuando paso pude ver los zapatos de Hugo y los pantalones, me había quedado la capucha abierta de tomar el mate. Cuando me devuelven donde estaba vuelvo a ver la ropa de Hugo y le pregunto al guardia por dónde voy, más que nada para que Hugo me escuchara. Me vuelven a tirar en el piso y me vuelven a decir que si volvían temprano me iba. Llovía, escuchaba el tren, los aviones. Cuando se hizo de noche escuchaba circular gente. Me amenazaron con que me iban a matar si abría los ojos, porque me iban a sacar la capucha y me dijeron: ‘De acá no se escapó nadie, no intentes escaparte porque sos boleta’”, describió Pérez.

La liberación

“Al otro día vuelve la misma persona y me dice ‘Preparate que te vas’, me cierran la capucha, me hacen caminar y subir escaleras, y me dejan en un lugar por el que circulaba gente. Me devuelven las herramientas de Hugo, me suben a una camioneta y cuando salimos, cuando me van a bajar me dicen: ‘Si mirás para adelante o para arriba te matamos´, y me sacan la capucha. Bajé mirando para abajo, pero reconocí una Ford doble cabina. Arrancan y se van. Me dejaron cerca de la calle Cabildo, en el barrio de Saavedra. Me meto en un taxi y me voy a la casa de mis viejos. A partir de ahí empezaron los llamados con mi tía y me decían que Loti (Carlota Pérez de Palmeiro), mi prima, ya estaba en la casa de ella, estaba embarazada. Mi compañera ya estaba ahí, estaba embarazada. Me informaron que estaba limpio, que me podía mover y que sacara el documento. Como yo no tenía documento, no podíamos salir de la casa”, relató.

“Pancho”/”Javier”

“A ellos los llamaba un tal ‘Pancho’ o ‘Javier’. Cuando lo llevan a Hugo a ver a su hija él les comenta que ‘Pancho’ y ‘Javier’ eran la misma persona. A Hugo lo llevaron a conocer a su hija y también hace llamadas, varias. Yo no lo volví a ver más. A Pancho yo lo vi en una cita que me da él. Me pasa a buscar por la casa de mis viejos, eso fue dos o tres días posteriores al secuestro. Empiezo a preguntarle por mis compañeros desaparecidos. ‘Están todos muertos’, me decía. En un momento se levanta y se va”, dijo el sobreviviente. 

Fernando Peyón

“Cuando vuelvo a trabajar un compañero del trabajo de mis viejos, que había visto el secuestro me dice: ‘En tu secuestro estuvo Peyón, porque él fue compañero mío de la primaria, y mirá cómo lo vengo a encontrar’”, narró.

Hugo Palmeiro

“Hugo es el esposo de mi prima. Nos conocimos hace mucho tiempo, cuando ellos formalizaron. Cuando vengo de mi anterior secuestro a Buenos Aires, empecé a trabajar con él. Hugo había estado en la Universidad y era Montonero. Después supe que ‘Manolo’ era Hugo. A Hugo lo conocíamos por ‘Chapa’ en la familia”, describió.

El secuestro anterior

“Me había escapado de un centro clandestino de detención en Mar del Plata. Yo salía con una chica y militábamos en la misma organización. Yo estuve como delegado en SMATA, en Comercio, en la UOM. En junio del ´76 soy secuestrado en una fábrica, estábamos tratando de armar una comisión interna. Yo soy de la Juventud de Trabajadores Peronistas-Montoneros. Estuve en la Subcomisaría de Peralta Ramos. Me secuestran de la fábrica, me llama el capataz y me llevan a la oficina de Personal, me ponen una pistola en la cabeza y me esposan. Estuve una hora y media detenido, me picanean, me dejan atado a la parrilla, logro desatarme, salgo, me doy cuenta de que estaba ahí porque había ido a sacar la cédula”, contó.

La búsqueda

“Mi viejo fue al Episcopado y pasó por la Embajada de Estados Unidos. En el Episcopado lo mandaron a la Embajada”.

Las luchas gremiales

“Quiero agradecerles. En mi familia siempre hemos estado en las luchas gremiales. Fundaron el peronismo junto a Perón, con los gremios que estaban junto a Perón. Las represiones que soportó mi abuelo, que fue secuestrado, las persecuciones que sufrimos. Que hoy ustedes estén haciendo un juzgamiento a estas personas que persiguieron políticamente es muy importante y quiero agradecérselos”, terminó su declaración Pérez.

El testimonio de Carlota Pérez de Palmeiro, compañera de Palmeiro

“El 16 de noviembre de 1979, alrededor del mediodía, recibo un llamado de mi madre, en el que me dice que se llevaron a los chicos. Vivíamos en Caseros, me tomo un taxi y me fui para allá con mi suegra, porque yo estaba embarazada. Mi tía es la que le avisó a mi mamá. Mi suegra va a hacer un hábeas corpus en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. En el ínterin, mi suegra vuelve a la casa y se encuentra a tres personas más. Mi esposo le dice a mi suegra que estaba en la ESMA, vuelven a la ESMA a buscar las llaves. Estaba muy mal, muy torturado, muy picaneado. A mi suegra le dicen que me busquen, que no me iba a pasar nada, que no querían la muerte de un bebé en la conciencia y que me quedara en la casa de mi mamá porque él me iba a llamar. A la noche me llama, a mí me dan un teléfono y yo tenía que llamar cada vez que él no llamaba. El juez de la causa investigó el número, era un teléfono alquilado en la zona de Constitución, creo que fue el juez Argibay Molina. A ese teléfono lo mantuvieron hasta que nació mi hija. La persona que a mí me contacta es un tal ‘Javier’, que me viene a visitar para decirme que no iba a pasar nada, que él iba a salir. Me dijo que para el parto tratara de tener una habitación para mí sola. Cuando nace Guadalupe, me va a visitar este señor, al Sanatorio Mitre. Después no lo vi más hasta el 24 de diciembre, cuando me llamaron muy temprano para decirme que no me podía mover de mi casa. Tipo tres o cuatro de la tarde tocan el timbre y lo traen a mi esposo. Lo dejaron un rato, lo vi, estaba muy picaneado, tenía una infección en un tobillo. Me dijo que ‘Javier’ o ‘Pancho’ era un capitán de navío o fragata o algo así. Después del 24 no supimos más y llamé al teléfono ese y la señora esa ya me dijo que no pertenecía más. Hasta que no salió gente que estuvo en la ESMA no supimos más nada. Basterra lo vio, estuve con él. Dos años después tuve un llamado, otra persona que decía haberlo visto. Me dijeron que hasta fin de marzo del ´80 lo vieron con vida”, relató.

ESMA 

“Sabíamos dónde estaba cautivo porque Hugo me lo dijo y también ‘Javier’: ‘¿Vos sabés dónde está tu esposo?’, me preguntó. ‘Sí, en la ESMA’, le dije. ‘Sí, está en la ESMA’, me dijo. En la ESMA lo apodaron ‘El Gallego’”.

El hábeas corpus

“Lo tuvimos que levantar porque ‘Javier’ nos dijo que lo hiciéramos para que no se enteraran en el exterior de que lo habían secuestrado. Cuando vino la Reina, como Hugo era español, hice la denuncia en el Consulado. Mi suegra fue al Episcopado también”, agregó.

Militancia

“Era de Montoneros y también militaba en la Facultad de Derecho. Los dos estudiábamos Abogacía. Él militaba en el MÁS de Derecho y yo en la Juventud Universitaria Peronista”. 

Alberto Eduardo Pesci (473)

“Lo conozco. Trabajé en el estudio jurídico de él. Supe que la doctora Epstein y Pesci estaban desaparecidos, cerca del ´77 ó ´78. Supongo que militaban en Montoneros. Eran abogados defensores de presos políticos”, narró.

El derecho a la verdad

“Puedo decir tantas cosas. Una: pido saber dónde está su cuerpo para enterrarlo y llevarle una flor y poder decir que nuestra conciencia está en paz, después de tanto que sufrieron”, terminó Carlota Pérez de Palmeiro.

Próxima audiencia

El juicio continuará el miércoles 30 de abril desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.