17 03 2014 | TESTIMONIOS
130. "Los quiero, cuídense"

Esas fueron las últimas palabras que Enrique Ardeti pudo decirles a sus hijos, mientras estaba secuestrado en la ESMA. Así lo contó su compañera, Consuelo Orellano. Además, declararon Rubén Gómez, sobreviviente de la ESMA, y Ricardo Hazán, familiar de víctimas. 


Los casos de Josefina Villaflor (537), José Luis Hazán (538), María Celeste Hazán Villaflor (539) y Raimundo Aníbal Villaflor (540): el "Grupo Villaflor"

Raimundo, apodado "Negro", uno de los fundadores de las FAP, y José, "Pepe", eran militantes del Peronismo de Base. El 3 de agosto de 1979 a la noche José fue privado ilegalmente de su libertad, con su compañera, Josefina Villaflor, y su hija María Celeste, de dos años y medio de edad. La familia fue secuestrada en la casa, en la Provincia de Buenos Aires, por un grupo de personas armadas, vestidas de civil, quienes dijeron pertenecer a las Fuerzas de Seguridad y que, en realidad, integraban el Grupo de Tareas de la ESMA. 

Posteriormente, las víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. 

A la mañana, Raimundo fue capturado con su compañera, María Elsa Martínez. Los dos fueron llevados a la ESMA. Celeste fue entregada a sus abuelos ese mismo día, por Claudio "Fafá" Pittana o Enrique Yon, según consta en la elevación a juicio realizada por el Dr. Taiano. 

Entre el 18 y el 22 de enero de 1980 Josefina y María Elsa, su cuñada, fueron llevadas por Ricardo Miguel Cavallo de visita a la casa de los padres de Josefina. Esto se repitió el 1º de febrero de ese mismo año. 

Josefina, María Elsa, José y Raimundo formaban integraron el denominado "Grupo Villaflor", el cual habría sido "trasladado" en marzo de 1980. 

El testimonio de Ricardo Hazán, hermano de José

El testigo amplió su declaración, en el marco de las reglas de Casación para abreviar los debates por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización. 

"Me enteré dos días después del secuestro. Lo secuestraron un viernes. En ese momento mi hermano trabajaba con mi papá. Llegaron a la casa el viernes a la noche y ahí lo secuestraron, estaba mi sobrina", contó el testigo. 

"A los tres días de que secuestraron a mi hermano fue secuestrado Pablo Lepiscopo (caso 542), amigo de mi hermano de la secundaria, del Colegio Nacional Buenos Aires. Mi mamá y la de Pablo se comunicaron", agregó. José tenía 24 años de edad cuando fue llevado a la ESMA. 

Uñas pintadas 

Thelma Jara de Cabezas (caso 535) fue quien le contó a Ricardo que en la ESMA vio a su sobrina, María Celeste: "cuando llegué a la ESMA la vi a tu sobrina, Celeste. Lloraba mucho y yo le pinté las uñas", le dijo. "A mi sobrina la entregan en casa de los abuelos maternos. Celeste tenía las uñas pintadas", contó el testigo. 

El caso de Enrique Néstor Ardeti (544)

Enrique era mecánico de electrodomésticos y miembro de alto nivel de las Fuerzas Armadas Peronistas, FAP. Lo apodaban "Ramón". El 6 de agosto de 1976 alrededor de las 16:00 horas fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Fue secuestrado en el taller en el que trabajaba, en Florencio Varela, Provincia de Bueno Aires. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, quienes lo llevaron a la ESMA. 

Al día siguiente de la captura fue llevado a La Plata, donde le permitieron verse con su esposa dentro de un automóvil. Enrique estaba totalmente mojado, le faltaban dientes, tenía la casa y los ojos hinchados. La víctima le dijo a su compañera, Consuelo Eufemia Orellano de Ardeti, que se fuera a la casa de su madre con sus hijos. También le contó que lo estaban torturando con picana. Consuelo le preguntó a dónde lo llevarían y él le dijo que se lo llevaban para matarlo. 

En la noche del 29 de octubre de 1979 Enrique la llamó por teléfono y le dijo que se quedara tranquila, que estaba bien, que estaría ausente sólo por un tiempo, mientras otro hombre le decía a Consuelo que dejara de hacer preguntas e ir al CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). Enrique pudo comunicarse en varias ocasiones con la casa de la cuñada de Consuelo, Edith Esther Rojas, y una con la de su hermano, en Santa Fe. Una de las llamadas fue para Navidad y otra para Año Nuevo. 

El 26 de enero de 1980 Ardeti fue llevado por Ricardo Miguel Cavallo a su casa en un Ford Falcon verde. Estaba muy delgado y pesaba aproximadamente 50 kilos. El robo de sus bienes está siendo investigado en la causa Nº 1376/04, por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 12, Secretaría Nº 23, a cargo del Dr. Sergio Torres. 

Enrique formaba parte del "Grupo Villaflor" y sigue desaparecido. 

El testimonio de Consuelo Eufemia Orellano de Ardeti, compañera de Enrique 

La testigo recordó que la declaración de hoy es la cuarta que realizó. 

"El primer llamado que recibí fue el 24 de octubre de 1979, el día del cumpleaños de mi esposo. En los llamados siempre intervenía otra persona en la conversación. No había una secuencia ordenada de llamados: podría ser la una de la mañana, Noche Buena o Año Nuevo", contó la testigo.

"En enero llamaron, yo no estaba. Llamó mi esposo. Dijeron que el 26 de enero mi marido iba a venir a mi casa, que yo no le avisara a nadie, que los únicos que podíamos estar éramos mis hijos y yo, que no podía haber gente cerca de mi casa. El 26 de enero vienen y se quedan dos horas. Estaban todos los vecinos", recordó Consuelo. "Me dijeron que me dejaban en libertad porque yo era la esposa, no compañera. Me dijeron: ´su marido va a llamar todas las semanas, los miércoles", agregó. "No me digas nada, no tengo tiempo. Los quiero, cuídense", le dijo a uno de sus hijos en marzo de 1980.

Tener el poder   

Consuelo contó que "cuando viene Cavallo a mi casa me dice que prepare un poder ante un escribano. Yo jamás había hecho uno. Por el diario sacamos el nombre de uno de La Plata, nunca supe cómo se llamaba. Fui, pero no tenía dinero para pagarle. Tenía que tener el poder para una fecha. Como no le pude pagar, no me lo dio. Cuando vinieron a mi casa a buscar el poder se enojaron mucho, porque no lo tenía. Luego volvieron. A uno de ellos después lo vi en La Plata, saliendo de  la escuela de las calles 14 y 51, esperando el micro para ir a mi casa. El micro 273 para casi frente a mí, pero sobre el cordón, y baja un joven con un bolsito, dando un saltito, y cruza así, adelante. Yo lo miro y lo reconozco: él que quien vino a casa a buscar el poder. Lo voy a buscar, ya había doblado, así que lo pierdo. Corro, doblo y no estaba. Veo la oficina de la Federal. Entro, había un policía atrás del mostrador. Le dije: ´recién entró un amigo, quiero hablar con él´. Me dicen: ´el suboficial Pittana´. Sale este hombre, me llevaba una cabeza, y me miraba para abajo. Le dije todo lo que se me venía a la boca, que él era uno de los que tenía a mi marido. Él me seguía mirando".

La testigo declaró que el poder "era para que mi esposo vendiera el negocio y el auto", y agregó que "cuando fueron a mi casa se robaron todo. Había un magiclick: hasta eso se robaron".  

"Espero que se haga justicia. Hay que hacer, más que decir", sostuvo Consuelo para concluir su cuarta declaración testimonial.

Los casos de Rubén Luis Gómez (706) y Estela Beatriz Trofimuk (707) 

El 28 de diciembre de 1978 fueron secuestrados y llevados a la ESMA, a las 24 años de edad. Tras el cautiverio, ambos fueron liberados.

El testimonio de Rubén Luis Gómez

"El 28 de diciembre de 1978 yo tenía que encontrarme con Eduardo Giardino (caso 522). Somos amigos de la secundaria. Iba a la búsqueda de él porque hacía unos días que había perdido contacto. Eso fue en la esquina de Dorrego y Corrientes, mi sorpresa fue inmensa. Aparece un grupo de personas atrás, a los gritos y dicen que yo tenía algo que ver con la venta de drogas. Me metieron adentro de un auto, en el piso. Me pegaban con la intención de asustarme. Me llevaron durante 45 minutos, aproximadamente, hasta un lugar donde se detiene el vehículo. Entra, se detiene de nuevo adentro. Luego me bajan del auto. Ahí me sacaron mis pertenencias y me llevan a una habitación chiquita. Al ratito viene alguien y me dice: ´Sabemos quién sos, a qué te dedicás, andá contando todo lo que sabés", relató el testigo, militante de JUP.  

Rubén y Estela pudieron verse dentro de la ESMA, porque le anunciaron a él que ella sería liberada. 

Violencia

Rubén recordó que los guardias le pegaban cada vez que iba al baño y que, una vez que Estela fue liberada, recibió más. Incluso, dijo que lo llevaron a Capuchita, donde "uno de ellos me pega más que de costumbre, me tira en el piso y me empieza a contar una historia siniestra de una relación sexual que habría tenido con Estela, con lujo de detalles. Yo pensaba que él pretendía que me enojara y lo insultara. Sin embargo, pude calmarme y soportar la situación".

Después de la ESMA

"Después de que salgo, después del 31 de enero, Estela me cuenta algunas cosas, estábamos los dos muy mal. Estuve un año durmiendo con las manos así y los pies también, unidos. Cuando me di cuenta de esta situación, abrí las manos todo lo que pude, y mis pies se volvían a unir".  

"Siento que saldé una deuda importante en mi vida por haber venido acá, me siento obligado por las personas que no están vivas, me siento acompañado por mi gente, querido por los jóvenes que hoy están volviendo a creer en la política. Es un momento de mucha emoción, que quedará en la historia de mi vida", sostuvo Rubén al finalizar su declaración. 

Próxima audiencia

El juicio continuará el miércoles 19 de marzo desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.