18 02 2014 | TESTIMONIOS
124. "La muerte no es una opción, la opción es la expectativa de un llamado, una aparición"

Dijo Sebastián Rosenfeld, quien nació en la ESMA durante el cautiverio de su madre Patricia Marcuzzo, en su testimonio. También declaró la tía de Rosenfeld y hermana de Patricia; Yamila Zavala Rodríguez, hija de Miguel Domingo, Olga Cañueto y sobrina de Julia Elena Zavala Rodríguez, desaparecidos; Néstor Correa, esposo de Laura Dabas, sobreviviente; Juan Héctor Marsicovetere, sobreviviente, y María Adela Pastor, sobreviviente y esposa de Jorge Cafatti, desaparecido.


El caso de Miguel Domingo Zavala Rodríguez (166)

Miguel Domingo Zavala Rodríguez, ex diputado nacional peronista y miembro de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) apodado “el Colorado”, fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 22 de diciembre de 1976, por integrantes del G.T. 3.3/2, comandados por el teniente Pernías. 

Posteriormente, fue llevado a la Escuela de Mecánica de la Armada.

Como resultado del enfrentamiento sostenido con sus captores, se produjo el deceso de la víctima, en cuyo certificado de defunción -expedido el 28 de diciembre de 1976- figura como causa de muerte, heridas múltiples de bala.

El caso de Olga Irma Cañueto (819)

Olga Irma Cañueto de Zavala Rodríguez, quien militaba en la Juventud Peronista y era profesora de Ciencias de la Educación, fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley por integrantes del Grupo de Tareas 3.3/2 comandados por el teniente Pernías, el 22 de diciembre de 1976, mientras hacía compras junto a sus dos hijas -Yamila y Gimena, de dos y cuatro años de edad respectivamente- en Corrientes y Lambaré, de esta Ciudad de Buenos Aires. En el marco de ese mismo operativo fue asesinado, mediante disparos de arma de fuego, su marido, Miguel Ángel Zavala Rodríguez (caso nro. 166). 

Posteriormente, la damnificada fue conducida a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde se la mantuvo clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida. Al día de la fecha, permanece desaparecida.

El caso de Julia Elena Zavala Rodríguez (474)

Julia Elena Zabala Rodríguez, hermana de Miguel Ángel Zabala Rodríguez (caso nro. 166) apodada “Tita”, fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 21 de noviembre de 1978, en su domicilio de la calle Aráoz 2438, piso 4, departamento nro. 43 de la Ciudad de Buenos Aires por varios individuos vestidos de civil y armados. Luego, fue conducida al centro clandestino de detención denominado “El Olimpo”.

A fines del mes de diciembre de 1978, fue llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció clandestinamente detenida bajo condiciones inhumanas de vida. Julia Elena Zabala Rodríguez aún permanece desaparecida.

Los secuestros

“Las víctimas en esta causa son mi padre Miguel Domingo Zavala Rodríguez, alias ‘El Colorado’; mi madre Olga Cañueta y mi tia Julia, que es hermana de mi papá. El día en que matan a mi padre y desaparecen a mi mamá fue el 22 de diciembre de 1976 en Lambaré y Corrientes. Yo estaba próxima a cumplir 4 años, mi hermana 2 años y medio. Íbamos con mi hermana y mi mamá a hacer compras. En la calle venía de frente mi papá Miguel, vienen autos, cruzan. En ese episodio asesinan a mi padre. Mi hermana y yo quedamos ahí. Se llevan  a mi mamá de los pelos. Nosotros quedamos ahí con Jimena. Eso fue a la tardecita. El 26 de diciembre salieron grandes titulares sobre el episodio en La Razón, Clarín y La Nación: que había caído el delincuente subversivo exdiputado nacional Miguel Zavala Rodríguez. Eso también lo pude corroborar. Uno va construyendo su historia a medida va creciendo. Fui a la hemeroteca a buscar los diarios de este momento. Toda la información de ese momento es de los diarios que mencioné. El terrorismo de Estado fraguaba los enfrentamientos. Con respecto a Julita, mi tía, desapareció en noviembre del 78, era la hermana de Miguel. Le tenía una gran admiración. Ella pasó por El Olimpo, fue llevada después a la ESMA. Respecto a mi mamá tengo entendido que fue llevada a la ESMA. El recuerdo que tengo es que las personas que agarran a mi mamá de los pelos estaban de civil y con armas”, contó Yamila Zavala Rodríguez. 

El Instituto Riglos

“Cuando se llevaron a mi mamá, no sé cuánto tiempo pasó que nos fueron a buscar, alrededor de las 2 de la madrugada, por testimonios de vecinos. Nos llevaron a una comisaría y de ahí al Instituto Riglos en la localidad de Moreno. En este instituto no tengo recuerdo hasta el 11 de marzo de 1977. Hasta el 11 de marzo no tengo registros. Mi tío, Jorge Zavala, ya fallecido, era conocido de un abogado, Florencio Varela. En silencio se encontró con mi tío Jorge y en ese café con un papelito escribió Riglos y así fue la forma en que pudieron encontrarnos. Incluso hay una nota que hizo Florencio Varela en la revista Justicia Militar, estaba en la causa Plan Sistemático también. Manifiesta que no había un plan sistemático de robo de menores, dice que tiene una anécdota. Éramos mi hermana y yo. Habla de un varón, se confunde o hace que se confunde. Plantea que fue partícipe de esa información que está en el legajo de minoridad. Lo que plantea es que fue muy natural la entrega. La esposa de mi tío dijo que había sido de esta forma. El testimonio de esta revista también la tengo. Con el tema legajos, cuando declaré en otro juicio por mi mamá quería ver qué documentación había y pude pedir lo relacionado con nosotros de la asistente social, que ahora falleció. Pero esos legajos están. En ese legajo la asistente social dijo que mi madre se había fugado, que estábamos abandonadas”, relató.

La militancia

“Con respecto a la militancia de mis viejos, muchos compañeros sobrevivientes me cuentan sobre él. Mi papá había estado preso en Devoto en el 69. Se hace mediática la situación para que no puedan matarlo. Mi papá fue abogado de la CGT de los Trabajadores. Después estuvo en la lista de las elecciones del 73 de Diputados. No entró en el primer momento pero cuando renunciaron ocho diputados, mi papá asume la banca de la Provincia de Buenos Aires. Estaba Armando Croatto (caso nro. 470) también entre esos diputados que asumen. Juran por la compañera Evita y los caídos por la liberación nacional. Estuvo en la cámara hasta septiembre de 1974, cuando renuncia a la banca de diputado, hace una renuncia muy fuerte dirigida al Ejecutivo y al Parlamento, por todo lo que estaba pasando: asesinatos, desapariciones, secuestros. Cuando asumieron fueron por las listas del FREJULI pero hicieron bloque aparte de la Juventud Peronista. Mi papa fue uno de los fundadores del Partido Peronista Auténtico junto con (Norberto) Habberger, Lizaso, Pablo Long. Partido que se había consolidado con elecciones de distintos distritos. Después fue proscripto en diciembre de 1975”, relató. 

El cuerpo de Miguel

“El cuerpo de mi papá Miguel, por gestiones de mi tío, y por gestiones de mi tío Eduardo también, que hablaron con el I Cuerpo o no sé quién, lo entregaron con la condición de que no hiciéramos ningún velorio. No intervino ninguna autoridad judicial en la entrega y tampoco con lo nuestro, era la Justicia Militar. Como nos encontraron hay un pedido de tutela de mi abuela Maruca. Dice que estamos a disposición, que estábamos bajo el I Cuerpo del Ejército y a disposición de la Justicia Militar”, contó.

Las casas

De la casa en la que vivían “se llevaron todo, todo lo que había. Estábamos ahí hacía unos meses. A Julita también cuando fueron en el 78 se llevaron todo del interior de la casa. Por algún testimonio de sobreviviente en la ESMA había revistas que tal vez tendría mi padre en su momento”.

La búsqueda

“Con respecto a mi mamá nunca hubo respuesta a dónde estaba. Hicieron muchos reclamos en el Ministerio del Interior, con (Albano) Harguindeguy, a la mujer de Videla, cualquier tipo de acción para tener una respuesta. Muchos hábeas corpus todos detallados en los legajos de la CONADEP. Mi abuelo fue a ver a Graselli. Hacía gesto de yo no sé nada, no sé nada y no puedo hacer nada”, describió.

Olga

“Mi mamá fue hija única. Estudió en Mar del Plata Ciencias de la Educación. Se recibió a los 22 años. El último año dio 12 materias. Pedí los analíticos. Mi vieja había dado estas 12 materias en un año como me había dicho mi abuelo. Una alumna de mi mama me dijo: ‘Tu mamá, cuando la tuve de profesora, me cambió la cabeza’. Mi mamá militaba en la Juventud Peronista”, narró.

Y después

“Fuimos a vivir un toque a lo de mi abuela paterna. Después me criaron mis abuelos maternos, Olga y Félix Cañueto, que tenían más de 60 y 70 años. Fue un desafío importante. Mis abuelos me criaron de manera muy linda pese a todo el contexto. Nosotros pudimos estudiar, hacer nuestra familia. Dentro del marco de haber estado en ese momento, de decir: ‘No puedo creer que eso me pasó’, algo positivo es que uno fue partícipe”, dijo. 

“Hoy estoy contenta de dar acá testimonio”

“Cuando lo convocan a ser testigo es una mezcla de sensaciones. Podemos dar testimonio, que nos escuchen. Muchos años de silencio, yo como víctima y mi hermana Jimena también. Era un tema muy doloroso entonces, no se hablaba. Hoy estoy contenta de dar acá testimonio. Estoy contenta que hoy el 24 marzo sea feriado inamovible y que mis hijos de 3, 6, y 11 puedan hablar de este tema en el colegio. Es un momento muy importante para todos ustedes y la humanidad. Ahora es el desafío de ustedes”, finalizó.

El caso de Laura Inés Dabas de Correa (380)

Laura Inés Dabas de Correa fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 30 de septiembre de 1977 a las 02:00 horas, en su domicilio ubicado en la calle Segurola 1546 de la Ciudad de Buenos Aires, por un grupo de individuos fuertemente armados vestidos de civil que se identificaron como pertenecientes a las Fuerzas Conjuntas, quienes le ataron las manos, la introdujeron en un Ford Falcon de color amarillo y le vendaron los ojos. Posiblemente fue llevada al CCD “El Atlético”. 

Al día siguiente fue conducida a la E.S.M.A., donde permaneció clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida. Durante su cautiverio, se la identificó mediante el número “489” que le fue asignado al ingresar a esa dependencia naval y fue sometida a reiterados interrogatorios. Asimismo, sufrió heridas en los tobillos causadas por los grilletes que le habían colocado sus captores.

Finalmente, la víctima -militante de Política Obrera- fue liberada el día 11 de octubre de 1977 en horas de la noche junto con Juan José (apodado “el Gallego”) y Susana Graciela Granica.

Con posterioridad, la contactaron telefónicamente en nombre del capitán Pazo, alias “León”, y concertaron una reunión donde dos personas -una que se identificó como “Mayor” y el otro como “psicólogo”- le entregaron su documento y efectos personales. Luego viajó hacia Brasil junto a su esposo.

La declaración de su compañero Néstor Correa

“Estoy acá como testigo para denunciar, en primer lugar, el secuestro, la tortura de mi esposa, ella falleció en el 87, y de los otros compañeros sometidos a la barbarie en ESMA. Cuando mi compañera, madre de mis hijos, fue secuestrada, yo estaba detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en la cárcel de Rawson. Yo me entero de este secuestro el 11 septiembre del 77, por mi madre. Pero casi concomitantemente con el momento en que es liberada. Y luego con detalles cuando me viene a visitar. Los detalles más brutales y escabrosos solo me los va a poder contar un año después. Fue secuestrada el 21 septiembre de 1977 en el domicilio donde vivíamos junto con mis dos hijos Máximo Javier, Diego Andrés, de 3 y 4 años, y una chica de nacionalidad paraguaya. Las características del secuestro de esta patota son los siguientes: gente vestida de civil, autos Falcon, se declaran miembros de las Fuerzas Conjuntas, con armas largas, y ellos invadan el departamento entre la 1 y las 2 de la mañana. Revisan todo el departamento, se llevaron papeles personales, documentación. Mis hijos se aferran al pijama de mi señora, Laura logra que se queden con la empleada. La encapuchan, secuestran, ponen en un Falcon. Son varios, vestidos de civil y la trasladan a un lugar cercano donde va a permanecer bajo tortura durante 24 horas. Otro lugar es la ESMA. Ella va a sufrir picana eléctrica. Le van a preguntar por nombres de compañeros. Militaba en el movimiento de derechos humanos Familiares de Detenidos por Razones Políticas y junto conmigo éramos integrantes de Política Obrera (PO). Yo estaba preso por mi actividad, y ella por su actividad. La extorsionan recordándole que yo estoy bajo mano de represores en Rawson. Ella declaró en la CONADEP. Sin duda constató la presencia en ese primer lugar de detención de Fernando Sánchez, compañero y amigo y de algún otro compañero. Luego en la ESMA, un año después me va a relatar que sufrió abuso sexual, pudo constatar la presencia Rolando Sánchez, una chica Granica (Susana Graciela Granica, caso nro. 378) esposa de un detenido a disposición Poder Ejecutivo Nacional, un muchacho, ‘El gallego’, dos compañeros de PO. Ella es liberada en los primeros días de octubre, estuvo secuestrada 12 o 13 días. Es liberada en un coche, siempre vendada, a una cuadra del domicilio de mi madre. En el mismo coche iba Granica y Cuello, el gallego. En ESMA, ella es engrillada, esposada, vendada. Ahí es curada por una persona a su vez engrillada en condición de embarazada. Laura contó que la gente que había participado en el secuestro era luego la que participaba en interrogatorios en la ESMA. Le dieron un número por el cual iba a ser llamada y creo que un número de candado. Estaba encapuchada, engrillada y se levantaba la venda solo para comer. Constata la presencia del compañero cuando es traslada al baño. Ella me cuenta que ahí logra hablar con Fernando y ‘José’ Mondragón, que está desaparecido. Ella estuvo en Capucha y en algún momento en Capuchita, arriba”, relató. 

‘El gallego’ Cuello

“Su nombre de pila era Juan José, si no me equivoco. Granica y ‘El gallego’ militaban en PO. Los dos fueron liberados”, agregó.

Fernando Sánchez

“Le decíamos ‘El cura’. Por su bondad. En primer lugar es detenido conmigo. Después es liberado. Nosotros caemos presos antes del golpe del 76, cuando ya la represión y barbarie se habían desatado. Tanto Fernando como yo éramos delegados sindicales de una fábrica metalúrgica. Caemos por nuestra actividad política. Él va a ser liberado, es nuevamente secuestrado sin duda en 1977, días antes del secuestro de Laura. Él nunca apareció. A Fernando lo secuestran creo que en un bar junto con Máximo Mondragón”, contó.

La liberación

“Una vez que la liberan la llaman por teléfono, la citan en un bar al que concurre con mi madre. Hay un intento de captación, de busca de colaboradores. En el primer encuentro le devuelven extremadamente ordenadas, separadas con clips en carpetitas, papeles, cartas. En la segunda oportunidad dicen que van a ir al domicilio de mi madre. A partir de allí no hay más contacto. Uno se presenta como psicólogo y otro como abogado. Me suena David uno de los nombres. Laura militaba en Familiares, no solo cuando yo estaba detenido, después del secuestro sigue militando, sigue participando en organismos de derechos humanos, sigue militando en PO. Yo voy a salir en libertad vigilada en noviembre del 78, pero no me dan el pasaporte, no me dejan salir. Entonces comienzan a secuestrar a la gente que le daban libertad vigilada y me voy escapándome por la frontera en Brasil, durante casi 6 años”, narró. 

Infiltración

“En el organismo de familiares, se había infiltrado un joven con buena cara, que luego es a todas luces (Alfredo) Astiz, que se hacía pasar por el primo de unas persona desaparecida. Se sospecha que articula a la denuncia muchos integrantes”, declaró.

Un triunfo

“Considero mi presencia en este juicio un triunfo de los que siguieron luchando. Es un homenaje a todos los luchadores sociales. Se trató de un genocidio”, finalizó.

El caso de Patricia Elizabeth Marcuzzo Ferremi (389)

Patricia Elizabeth Marcuzzo Ferremi, apodada “Paty”, fue privada ilegalmente de su libertad el día 19 de octubre de 1977, en la Ciudad de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, junto con su compañero Walter Claudio Rosenfeld -quien era conocido como “Jorge”-. Se encontraba cursando el tercer o cuarto mes de gestación de su embarazo.

Fue llevada primero a la Base de Buzos Tácticos de Mar del Plata y luego, a mediados de noviembre de 1977, fue conducida junto con Liliana Pereyra a la E.S.M.A. Allí se la mantuvo clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida, agravadas por el estado de gravidez de la víctima.

El 15 de abril de 1978, Marcuzzo dio a luz a un bebé a quien llamó Sebastián, oportunidad en la que fue asistida por Beatriz Elisa Tokar. El parto habría sido practicado por el Dr. Jorge Luis Magnacco. Marcuzzo permaneció junto con su hijo varios días y luego se los llevaron el mismo día, primero al bebé y al rato ella fue “trasladada”.

El niño fue entregado por cuatro hombres a su abuela materna el 23 de abril en Mar del Plata en un moisés muy arreglado, sin documentos y junto con una carta de la víctima en la que solicitaba que se lo inscribiera a su nombre, y manifestaba que “había viajado al exterior y volvía para tener el bebé, y volvía a viajar”. Patricia Elizabeth Marcuzzo Ferremi aún permanece desaparecida.

La declaración de Sandra Roxana Marcuzzo

“Sebastián es mi sobrino, es hijo de mi hermana Patricia. Mi hermana fue desaparecida en el 77, en octubre del 77 fue secuestrada de la ciudad de Mar del Plata con su pareja Walter Rosenfeld. La madre de Walter nos contó que fueron a su casa y se encontraron con la cena preparada. Ella estaba embarazada en ese momento. Tenía 21. La familia se enteró de la desaparición dado que hubo un allanamiento en mi casa buscando documentos. Ahí empezamos a sospechar que algo había ocurrido con ellos ya que hacía unos días que no venían a visitarnos. Después de transcurridos unos días vinieron a ver qué había ocurrido del trabajo de Walter porque hace días no iba. Transcurrieron los meses, siempre esperando información, que pase algo. Sabíamos que ellos militaban en Montoneros. Tenían ideas políticas muy claras. Compañeros de ellos y conocidos habían sido muertos en diferente ocasiones. A los 2 días de la desaparición, más o menos, allanan la casa”, relató Marcuzzo. 

Sebastián

“Sebastian, en abril, más o menos el 20 y tanto, nació el 15, a la tardecita, un auto estaciona entre mi casa y la de al lado. De un Peugeot 504 bajan dos jóvenes con un moisés en la mano. Me preguntan si es la casa mi apellido, preguntan por mi mamá, dije que se estaba duchando. Ponen el moisés y dicen ‘Eso es de Patricia’. Se estaban por ir y dije esperaran, que mi mamá seguro iba a querer hablar con ellos. Viene mamá, le hacen referencia a que ese es el bebé de Patricia, que iban a dejarlo. Venía con leche en polvo y ropita. Y una carta con la letra de mi hermana, datos del papá, que lo cuidáramos mucho, nos pidió que lo anotáramos. Mi mamá les dice que no se vaya, que quiere mandar dinero a mi hermana, ellos dicen que no, que no les dé nada porque no la van a volver a ver a ella. Eran jóvenes entre 20 y 30 años. Los 4 que estaban ahí, estaban vestidos de civil. La carta tenía la letra y la firma conocida de mi hermana: Paty con florcitas y maripositas arriba de la ‘i’. Sebastián pudo recuperar su identidad cuando empezamos a tener contacto con Aída, la madre de Walter, que era militante de Abuelas de Plaza de Mayo, las Abuelas le hacen un análisis ADN así que un juez indica que haga el documento con el apellido del papá”, contó. 

“Muchos abogados no querían tener nada que ver. No había manera de probar que sea hijo de ellos. Sebastián estuvo muchos años sin papeles. Nos decían que no podíamos anotar a nadie a nombre de otra persona y en aquellos años para considerar a una persona desaparecida había que esperar 9 años. La libreta sanitaria que hizo una doctora, uno siempre encuentra en el camino alguien que de buena voluntad, tratamos de darle la vida normal de cualquier chico. Tomamos contacto con la familia paterna recién cuando tenía 4 años. Cuando Sebas tenía 4 años mi madre va a una reunión en una iglesia donde iban familiares. Ahí empezamos a tener relación con la familia paterna. Era todo miedo. Y esperando a que ellos volvieran. Siempre que suene el teléfono o la puerta, siempre la esperanza de que haya noticia de dónde están”, narró. 

Patricia

“Con la aparición de la democracia y esto que se conocieron con la otra abuela, la otra abuela sí fue mucho más activa en Abuelas y Madres (de Plaza de Mayo). Ahí supimos que mi hermana había tenido el bebé en la ESMA, mucha gente la vio, dio testimonio de haberla visto ahí. Sara Osatinsky (caso nro. 282) la fue a ver a mi mamá y le llevó un pañuelo que había guardado de mi hermana con una canción de Serrat y una canción parto. Ahí le da noticia de haber visto mi hermana ahí y haber asistido al parto. Ni bien la detienen en Mar del Plata fueron a Buzos Tácticos y más o menos 2 meses después fue a la ESMA “, agregó Marcuzzo.

El allanamiento

“Vinieron como 4 personas. Tocaron el timbre al anochecer. Entran en la casa con armas largas. Nos apuntan y nos dicen: ‘Policía Federal. Venimos a buscar documentos que están en tal lugar’, que era como un roperito y era una carpeta marrón. Fueron al lugar, no estaban. Mi mamá, dado que sospechó que algo pasaba, la había sacado. Esos documentos tenían que ver con su militancia, temas sociales, temas de injusticias. Eran militares vestidos de Policía Federal, con armas y uniformes y muy violentos. Los que entregaron a Sebastián no sé quiénes eran. Aparte eran más jóvenes”, dijo. 

La búsqueda

“Mi mamá se ocupó mucho de la familia, presentando hábeas corpus y mi abuelo que nació en Estados Unidos y tenía nacionalidad italiana se presentó en las Embajadas de Estados Unidos e e Italia. Mi tía, la hermana de mi mamá, por vivir acá era la que permanentemente presentaba peticiones para que la justicia dijera algo al respecto. Pero nada”, narró. 

El caso de Sebastián Rosenfeld Marcuzzo (449)

Nació en cautiverio aproximadamente el 15 de abril de 1978, mientras su madre Patricia Elizabeth Marcuzzo se hallaba clandestinamente detenida en la E.S.M.A.

El parto fue practicado por el Dr. Jorge Luis Magnacco y la madre fue asistida por Beatriz Elisa Tokar. Marcuzzo llamó a su hijo Sebastián.

A partir de su nacimiento, Sebastián Rosenfeld Marcuzzo fue alojado junto a su madre en las instalaciones de la E.S.M.A., donde fue atormentado mediante la imposición de las condiciones inhumanas de vida imperantes en el lugar y descriptas en el presente dictamen, agravadas por su condición de recién nacido, por el estado de indefensión y desamparo en que quedó sumido cuando fue separado de su madre, ajeno a la protección y cuidados de su familia a quienes no se le dio información alguna acerca del nacimiento y el paradero del niño.

Madre e hijo permanecieron juntos unos días y luego se los llevaron el mismo día, primero al bebé y al rato a ella. En esa oportunidad la madre de la víctima escribió una carta dirigida a los abuelos, en la que solicitaba que se inscribiera a su hijo a su nombre y manifestaba que “había viajado al exterior y volvía para tener el bebé, y volvía a viajar”.

Sebastián fue entregado por cuatro hombres a su abuela materna el 23 de abril en Mar del Plata en un moisés muy arreglado, sin documentos y junto con la carta de su madre a su abuela.

“Mis padres se conocieron en la universidad de Mar del Plata. Eran militantes de la Juventud Universitaria Peronista. Para el año 77 ya vivían juntos. El padre de mi padre vivía en Miramar. La madre de mi madre en Mar del Plata. Tengo una colección de cartas enviadas de mi madre a su cuñada donde le iba relatando los acontecimientos de esos años de su vida. A principio de 1977 estaban buscando tener un hijo. Pierde el primer embarazo. Para septiembre del 77 estaba embarazada de mí. Para octubre de 1977 estaban en Mar del Plata. El Día de la Madre fueron a pasar el día a la casa de mi abuela materna, allí le comunican a mi abuela y telefónicamente a la mama de mi papá que estaba embarazada. Ambas abuelas no se conocían. Ambos usaban seudónimos. En las cartas mi madre firmaba como Cristina. En la casa de mi abuela materna conocían a mi padre como Emilio. Un par de días después hubo un allanamiento en la casa de mi abuela materna, buscando material, papeles. Ahí fue que empezaron a sospechar que algo había pasado. Se presentaron en la comisaría, empezaron a buscar dónde podían estar. Un día de 1978 estaba la mayor de mis tías en la casa de mi abuela materna, baja gente de un auto conmigo en un moisés y me entrega a mi abuela materna. Había una carta escrita de puño y letra de mi madre en la que explicaba que estaba bien y que se iba a reunir más tarde, una carta bajo coacción. No volvió. A partir de esto, en la casa de mi madre no se perdió esperanza, lo cotidiano era la expectativa del regreso”, relató. 

“Yo crecí consciente del significado de la palabra desaparecidos. Mis padres estaban desaparecidos. Curiosamente, no estaba al tanto de la palabra huérfano. La muerte no es una opción, la opción es la expectativa de un llamado, una aparición. Transcurrido el tiempo, mi abuela paterna logra dar conmigo a través de Abuelas de Plaza de Mayo. Logro conocer a mi abuela paterna y familia. Mi abuela materna temía que la separaran de mí, un conflicto entre suegras que reclamaban para sí lo único que le quedaba de sus hijos. La falta de idea de la muerte de mis padres generó que muchas personas se aprovecharan de mi abuela materna: venían a ofrecer información a cambio de dinero. Reencontrarme con mi familia paterna me reencontró con muchas historias. Graciela Daleo (caso nro. 388) había estado con mi madre en la ESMA. Al momento del traslado de mi madre, mi madre le dio un pañuelo bordado que Graciela fue generosa en hacerme llegar. Las circunstancias de mi entrega siguen siendo una incógnita, el paradero de mi madre y el destino de ella también. Me sigue llamando la atención lo excepcional de haberme entregado a mi abuela materna. Ir de la ESMA a Mar del Plata con un bebé es quilombo. Es una parte de mi historia que alguien tiene y sigue siendo parte de lo que se me robó”, narró.

El secuestro

“Inicialmente estuvieron en la Base Naval de Mar del Plata, donde estuvieron detenidos un tiempo juntos. A mi madre después la trasladan a la ESMA, mi padre fue visto también por varias personas en La Cacha. Daleo, Osatinsky lo dijeron", describió.

La recuperación de la identidad

“La inscripción fue compleja, no estaba el padre, así que me anotaron como Sebastián Marcuzzo. Al tomar contacto con mi abuela paterna se hicieron estudios de ADN para determinar la filiación. Mi abuela paterna inicia el proceso para ponerme el apellido de mi padre. La elección del nombre de pila viene de las ideas románticas de mis padres. Mi nombre es Sebastián, era una de las instrucciones de cuidado que venían en lacarta de mi madre”, describió.

 

“Una última reflexión muy breve sobre lo excepcional de la devolución, cómo eso debería estar un poco más presente, en la memoria de los acusados. Un bebé que devolvieron a Mar del Plata, a 400 km de donde tenían secuestrada a la madre. Robaron un pedazo de mi historia que es casi tangible, una pieza de historia que tienen en su poder, que deliberadamente eligen no devolver. Me parece que es parte del crimen”, finalizó. 

La declaración de Juan Héctor Marsicovetere

“A Víctor Cetrángolo (caso nro. 471) lo conozco desde la infancia, nos criamos juntos, infancia y adolecencia como hermanos. Aproximadamente a finales del 72 comenzamos una militancia política en la Juventud Peronista con otros amigos del barrio: Fatala, Marcelo, Pablo Pardo, Jorge, Roberto, ‘Peti’, Patricia Vasiali, éramos un grupo de jóvenes militantes en el barrio donde después se fueron agregando personas. Era en Parque San Cristóbal. En el año 75, a finales, abandono mi militancia activa y continúo colaborando con gente de prensa que me llegaba por Alicia Piernini y Augusto Jauretche, militante ya pasado a la clandestinidad. Al único que siempre me interesó seguir viendo es a ‘Tito’, Sergio Cetrángolo. Para esa época ya me había dedicado a trabajar, había nacido mi primer hijo, quería armar mi familia, trabajar y continuar mi vida. Un día ‘Tito’ apareció en mi negocio. Creo que él ya estaba desenganchado de la militancia, mediados del 77, creo convencerlo. Él se viene a trabajar conmigo. Estaba de la mañana a la noche conmigo, quería que aprendiera el oficio de carnicero. Pasado un tiempo, supongo que a principios del 78 o marzo del 78, ‘Tito’ con Alicia, la esposa, tenían un departamento que les había regalado la mamá de Alicia, le aconsejo que venda el departamento y se compre una carnicería propia y es lo que hacen. Como él recién empezaba yo estaba permanentemente encima de su negocio”, contó. 

El secuestro de Víctor Cetrángolo

“El 2 de octubre del 78, aproximadamente a las 7 de la tarde voy para la carnicería de él y me encuentro con la sorpresa de que estaba cerrada. Voy al bar de la esquina, me dicen que habían venido unos hombres con armas, un gran despliegue y se lo habían llevado. Me fui lo más rápido posible a la casa donde él vivía para avisarle lo que había pasado. Paro una o dos veces en el camino intentando llamar a una vecina de Alicia y no me puede comunicar. Cuando estoy llegando, unas 3 o 4 cuadras antes, veo una caravana de Falcon con mucha gente adentro que iba muy despacito mirando la altura de la calle. Lo que hice fue alejarme y seguir buscando un teléfono para comunicarme y me fue imposible. Ese día volví a mi casa, al otro día me llama Alicia y me cuenta que habían estado, que la habían interrogado, golpeado y le habían exigido que volviera a la carnicería. Supongo que era para que la carnicería siguiera abierta. Alicia y yo vamos cuando llegamos íbamos a abrir el candado y se nos vienen encima 6, 7 personas, nos separan y nos empiezan a interrogar. Nos dicen que continuemos juntos, que ‘Tito’ iba a estar bien. El 27 de octubre voy a mi negocio y cuando llego mis empleados me dicen que había venido un tal Cacho preguntando por mí porque habíamos quedado comer un asado. Deduje que venían a buscarme para interrogarme. Me dirigí a la a la comisaría de la zona me anuncio con el oficial de guardia, digo que quería ver al comisario, que ya sabía para qué era. Me dicen que está muy ocupado y que no iba a poder recibirme. Deduje que era una zona liberada. Me fui a mi negocio y cuando llego me dicen que había vuelto la misma gente, que los habían golpeado preguntando por mí y que iban a volver. Yo siempre pensando que no tenía nada que ver”, relató. 

El secuestro

“Firmo unos cuantos papeles en blanco al pie y cheques por si me llevaban detenido y que mi mujer pudiera seguir el negocio. Llegan 4 personas, me identifican y me llevan al fondo. Me preguntan por ‘Tito’. Le dije que se lo habían llevado hacía 20 días. Me preguntan por otra persona dije que no sabía nada, me llevan del negocio esposado. Tengo una imagen de una de las personas que dirigía el operativo, es un tipo al que llamaban ‘Julián’. Habremos hechos 3 o 4 cuadras, me bajan del auto, me pasan al baúl, hacemos un recorrido de 20 minutos hasta que llegamos a un lugar, se abre el portón e ingresa el auto. Me bajan, me sacan del baúl y me conducen por unas escaleras hacia abajo. Alcanzo a ver el símbolo de la Marina por debajo de la capucha: el ancla, cada dos o tres cerámicos. Me llevan a habitación muy chiquita y había solo una mesa y una silla. Me vienen a interrogar dos personas, uno que hacía de malo, otro que me decía que me iban a matar, que sabía dónde estaba ‘El francés’. Estuve varias horas hasta que viene el que hacía de bueno con una hoja de papel y birome, me hace sentar en la silla mirando hacia la pared y me dice que me ponga a escribir todo lo que sabía sobre ‘Tito’, de dónde lo conocía, qué sabía de su detención, de ‘El francés’ y de alguien más que me acordara. En un momento viene la misma persona a retirar el papel y se va. Al otro día, papel y birome para escribir. Me dice que al lado de la habitación estaba Alicia (Alicia Graciela Pes, caso nro. 629) la mujer de ‘Tito’ haciendo lo mismo. Al otro día me trasladan a otro lugar, en el mismo nivel y me aplican picana, me torturaban con la picana hasta haciendo mis necesidades encima. Durante 3 días. Yo no tenía otras respuestas que esas. Me trasladan a otro lugar subiendo muchas escaleras, en el piso había un colchón y una manta. No sé cuánto transcurre. Escucho voces, gritos de gente que calculo estaban torturando. Arriba escucho gente que habla. Bastante gente. Diálogos como ‘¿De dónde sos, cómo te llamás, dónde militas?’. Veo un ventiluz, me trepo, veo Avenida Libertador, ESMA. Comienzo identificar voces. El comentario es que si estabas más de 5 o 6 días, ya eras un preso viejo. Identifico la voz de Víctor Aníbal Fatala (caso nro. 477), tartamudo, de la infancia, voz inconfundible. Ahí me levanto capucha y lo alcanzo a ver a Fatala y a Gabriel Deudesbes (caso nro. 497), hermano de ‘El francés’, al padre lo vi muy mal (caso nro. 498), golpeado, sangrado. Unos días después, traen a una persona al lado de mi cucha. Cuando abrió la boca me di cuenta de que era ‘Tito’. Mantenemos diálogo permanente. Él me cuenta que se lo habían llevado. Le dije que ahí estaba en la ESMA, me dijo que a él lo habían trasladado para interrogarlo, que lo había pedido prestado la ESMA para interrogarlo”, narró. 

“Cuando me sueltan la primera vez, mi esposa me cuenta que cuando me llevan ella va a ver a un amigo común que teníamos, un exoficial de la marina mercante. Él le dice que no haga nada, ninguna denuncia, que él se iba a ocupar de averiguar. Algo debe haber hecho, no recuerdo exactamente cuándo me sueltan la primera vez me dicen que a quién conocía yo afuera, que había mucha gente que pedía y preguntaba por mí. Después fui a ver a esta muchacho, me dijo que había tenido reuniones con gente de la Marina y habia pedido por mi vida”, describió.

La liberación

“Un día viene alguien a buscarme y me dice que me voy a ir en libertad. Le pido despedirme de mi amigo, nos dimos un abrazo interminable, nos dejaron levantar la capucha. Él estaba convencido de que iba a quedar en libertad. Me dijo que le diga a Alicia que lo espere y que por cuide a los hijos. Me bajan encapuchado de nuevo y me llevan sala muy grande donde había una persona sentada escritorio. Me dejan levantar capucha. Esta persona me pide disculpas, que me habían investigado, que no tenía nada que ver. Cuando me bajan del auto me sacan la capucha y me dicen que no me dé vuelta. Me quedo quieto esperando que sonaran los tiros pero escucho que el auto se va, ahí reacciono y me tomo un taxi y me fui para mi casa. En ese momento yo estaba muy mal, muy asustado y coincidió que un grupo de amigos míos jugaba un campeonato en San Luis así que aprovecho y me voy. No tengo muy claro cómo me reencuentro con Alicia, pero sí lo que hago es ir a la casa de ‘El francés’ durante 2 o 3 días para ver si iba a su casa y avisarle que lo estaban buscando. No consigo ver a nadie. Desestimo la idea seguir yendo”, dijo. 

El segundo secuestro

“Un día, yendo a la casa de mis padres, en la esquina me encuentro con Lucas Orfano. Para esa época los hijos de Lucas estaban desaparecidos. Me dijo que se había enterado lo que había pasado, me pide que le cuente, yo le conté. A los 2 o 3 días de ese encuentro que tuve con él yo tenía que ir al banco al doblar por Canning paran dos autos, me tiran al piso, me suben a un Renault 12, me tiran en el piso y se comunican para decir que ya me tenían. Me roban todo el dinero, me queman con cigarrillos, me encapuchan. El mismo tiempo de recorrido que la primera vez aproximadamente. Me preguntan con quién me había encontrado y qué le había dicho. No entiendo por qué pero me vuelven a dejar en libertad”, declaró. 

Marcelo Pablo Pardo (caso nro. 779)

“Marcelo Pablo Pardo hoy es un desaparecido. Se lo llevan engañando al padre. La familia de Marcelo tenía una casa de muebles de oficinas. Lo fueron a buscar al negocio. Convencieron al padre para que lo hiciera venir a Marcelo, que si se entregaba iba a zafar. Cuando Marcelo llega al negocio se lo llevan y no aparece más. Eso pudo haber sido 1976, finales del 76, principios del 77. Me enteré por la familia, yo era íntimo amigo de los hermanos de Marcelo”, contó.

 

“Gracias a Dios, esto está ocurriendo. Y si bien no tenemos manera de recuperar físicamente a nuestros seres queridos, esto nos deja un poco más tranquilos con nuestra conciencia y esperemos que esta reparación no nos deje olvidar nunca de esto”, finalizó.

El caso de María Adela Pastor de Caffatti (701)

María Adela Pastor de Caffatti, apodada “Malena”, fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, por individuos pertenecientes al Grupo de Tareas 3.3/2, el día 17 de septiembre de 1978 en la localidad de Villa Ballester, Provincia de Buenos Aires.

Posteriormente, María Adela Pastor de Caffatti fue conducida a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció clandestinamente detenida bajo condiciones inhumanas de vida. Además, allí fue interrogada mediante la aplicación de descargas de corriente eléctrica, entre otros, por Jorge Perren, Raúl Scheller, Héctor Febres, Juan Carlos Rolón, Ricardo Cavallo y Jorge Eduardo Acosta.

María Adela Pastor fue liberada el día 29 de septiembre de 1977.

El contenido de su declaración en la etapa anterior de la Megacausa ya fue incorporada.

“El lunes 18 de septiembre de 1978, aproximadamente a las 13 horas, en la vía pública me secuestran. Había ido de visita a la casa de una compañera que tenía a su marido detenido. Fuimos a llevar al jardín a su hijo. Cuando volvimos nos encontramos con un amigo y a las 2 cuadras nos interceptaron unos autos, y salió gente con armas largas y cortas. Me introducen en uno. Un chofer me acuesta en el asiento trasero. Se sienta al lado mío otro nombre. A Jorge ‘el turco’ Cafatti (caso nro. 468) lo secuestran en las inmediaciones, casi en la puerta del domicilio del padre. La familia había visto un auto apostado”, relató.

Un médico en las torturas

“Deduzco que era médico porque lo llaman por las descargas eléctricas, estaba vestido de civil. Lo llaman para que haga un control del tema cardíaco. Ese hombre hacía control de taquicardia, contribuía con la almohada, y una sonrisa”, describió. 

La numeración

“Me dieron a mí el 200 y pico. Yo pasé a ser ‘Beatriz 200 y algo’. Algunos datos se consignaron en una especie de tarjeta. Después estuve desde el 18 hasta el 29. Un miércoles se escuchó que llamaban por número a varias, 5, 7 personas, tabicadas y con capucha y cadena. Esa gnete no volvió, este grupo se fue”, declaró. 

 

“De alguna manera celebro estar acá sentada, porque me parece que es mi país es que está en el camino de la memoria”, finalizó.

 

Hay cuarto intermedio hasta mañana jueves 20 a las 14:00.