16 12 2013 | TESTIMONIOS
116. "En mi familia hubo una devastación"

Así se expresó Nora Strejilevich, hermana de Gerardo y cuñada de Graciela Barroca, ambos desaparecidos. Además delcararon Ana María Careaga, hija de María Esther, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, y Eduardo Fossati, hermano de Ernesto, detenido-desaparecido en la ESMA. 


Los casos de Gerardo Strejilevich (852) y Graciela Mabel Barroca (851)

Eran novios y estudiaban en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Él se desempeñaba en la Comisión Nacional de Energía Atómica y fue secuestrado entre el 15 y el 16 de julio de 1977. Ella en la noche del 15. Las dos víctimas fueron llevadas a los centros clandestinos El Atlético y la ESMA. Ambos siguen desaparecidos. 

El testimonio de Nora Strejilevich, hermana de Gerardo

El testigo mostró fotos: “Mi hermano, nacido el 6 de enero de 1950 y secuestrado el 16 de julio de 1977. Trabajaba en la CONEA, estudiaba Física y además militaba en la Juventud Peronista. Era una persona de muchos intereses, le gustaba la música clásica, la Física, el ajedrez. Estuvo en la CONEA como estudiante, porque los estudiantes tenían que hacer un seminario para la tesis. Lo menciono porque más adelante voy a explicar cómo tiene que ver con su secuestro. Su novia, Graciela Mabel Barroca, nacida el 11 de julio de 1953, también estudiante de Física, además de Profesora de Dibujo. Ella también se desempeñaba en la CONEA, como técnica en sección de redacción. Los hechos me involucran a mí, porque también fui secuestrada por unos días”.

Compañeros 

“Mi hermano, por su militancia en la JP, estaba preocupado, pero en especial el 15 de julio, porque su amigo Daniel Lázaro Rus (caso 855) no aparecía. Esta preocupación lo acompañó a mi hermano todo el día y lo sé de primera mano. A la noche se tenían que reunir con Graciela a estudiar. Como él estaba complicado, llegó más tarde y le preguntó a Manuel Rosa si podía ir a dormir a su casa. Ya sabía que uno del grupo de ellos, Jorge Badillo (caso 854), había desaparecido. Manuel Ricardo Rosa le dijo que sí, porque la mujer estaba de vacaciones. Se van a este domicilio en Caseros. Graciela se va a su casa, donde vivía con sus padres. Cuando llega, la casa ya estaba rodeada por todo un operativo, en el que había autos Ford Falcon y usaban una metralleta. Como el padre era un miembro retirado de la Marina, les pide identificación. Ellos no se la quieren dar. Rodean la calle con dinamita, dicen que tienen que salir de la casa con las manos en alto. Había una violencia muy notoria. Salen el padre, la madre y la hermana de Graciela. Ese operativo dura tres horas y se termina a la una de la madrugada. Antes de que llegue, se llevan a Graciela y le dicen que la van a devolver. La madre señala que el mayor crimen de Graciela era pertenecer a la Juventud Peronista y tener como novio a un judío. La Policía le dice que era algo que estaba en manos del Ejército y que no podía hacer nada. Luego la comisaría recibe una sanción por haber dado esa información”, contó Nora.

Más secuestros 

El operativo continuó con la captura de Gerardo, Manuel y Nora. Primero se llevaron a los dos hombres de la casa de Manuel y luego a Nora de la suya. “Antes de entrar al auto grito mi apellido en la calle. Me amenazan como judía de mierda y me dicen que me iban a hacer jabón. Nos llevan al Club Atlético. Yo escucho los gritos de mi hermano y de Graciela mientras los torturan. A mí me aíslan en una celda en la que pasé varios días. A ellos, en cambio, los torturan y los dejan en un lugar, que en el lenguaje de la dictadura era `La Leonera´”, relató Nora.

CONEA

Ella y Manuel fueron liberados, pero Gerardo y Graciela no. Luego fueron vistos en la ESMA. “Tenemos que tener en cuenta que hay 15 desaparecidos de la CONEA y que ésta quedaba frente a la ESMA. Se formó un grupo de 14 padres, salieron artículos en la prensa, donde se vinculan todas estas desapariciones por ser de gente que trabajaba o tenía algún tipo de función en la CONEA”, dijo Nora, quien agregó que “puedo hablar un poco más de la Comisión y de las investigaciones que se hicieron sobre la persecución política en la CONEA. Hay una comisión de derechos humanos que se dedicó a investigar. Había una relación clandestina entre la CONEA y la SIDE”.  

“Cuando mi hermano quiso hacer el seminario para su tesis tuvo que hacer el procedimiento que hacían todos, preguntar a la SIDE. La beca le fue negada, pero hizo su trabajo de investigación igual. Esos legajos eran alrededor de 600. Fueron un tema que preocupó a esa comisión de derechos humanos, que hizo una querella. 

Familia

Nora resaltó el componente antisemita que atravesó los interrogatorios a los que fue sometida. Asimismo, contó que dos primos suyos también fueron víctimas de delitos de lesa humanidad. “En mi familia hubo una devastación”. 

El caso de María Esther Ballestrino de Careaga (408)

El testimonio de Ana María Careaga, hija de María Esther

La testigo amplió su declaración en el marco de las reglas sugeridas por Casación para abreviar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización de los testigos y sobrevivientes. 

Ana María estuvo detenida-desaparecida en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio Club Atlético, que con El Banco y El Olimpo conformaron el circuito represivo denominado “ABO”. Lo primero que le preguntaron a la testigo fue si ella tuvo conocimiento del traslado de víctimas desde el Atlético a la ESMA: “Sí. Durante mi cautiverio tomé conocimiento de que Enrique Bustamante había sido llevado a la ESMA y devuelto al Club Atlético, también quien era su mujer. Había sido llevada a la ESMA para tener familia”.

Embarazadas

Luego, Ana María contó que “yo estaba embarazada y estuve todo el tiempo con el mismo vestido. Después me dieron otro. Había gente que estaba con cadenas, grillos en los pies, pero sin los ojos vendados. En una oportunidad me vieron el vestido que era de su mujer, me dijo que era de su mujer, que estaba embarazada y la habían llevado a la ESMA. Cuando llego al campo de concentración, en junio de 1977, ella ya no estaba ahí. A él le decían `Lobo´ y a ella `Lobita´, `Sukita´ o `Tita´. Militaban en la organización Montoneros y están desaparecidos”.  

Después habló de Liliana Clelia Fontana Deharbe (caso 426): “ella y su marido, Pedro Sandoval, secuestrado el 1º de junio de 1977. Ellos estaban en una celda cerca de la mía, en diagonal. Ahí escuchaba que venía a interrogarla personal de afuera, que dependía del Primer Cuerpo del Ejército. A ellos venían a interrogarlos de otra Fuerza, decían que eran de la Marina. Ella estaba embarazada, le decían `Paty´. Cuando la secuestran, también es tabicada. La ponen a repartir comida, a llevar gente al baño. En una oportunidad, le dicen que me saque a caminar por los pasillos. Yo estaba vendada y con cadenas en los pies. Después supe que su hijo nació y recuperó su identidad en el año 2006”. Se trata de Alejandro Pedro, quien también es una de las víctimas de la megacausa ESMA (caso 427).

Cartas

María Esther le envió cartas a su hija, Ana María, quien las llevó al juicio: “traje acá unos párrafos de dos cartas que mi mamá nos envía el 16 y 17 de noviembre de 1977. Se refiera a lo que significa la desaparición, la angustia de la pérdida de un ser querido. Incluso dice que, dentro de todo, nosotros tuvimos suerte. Dice que las madres tenían muchas expectativas. Cuenta también que tiene mucha esperanza para Navidad, también que siguen secuestrando a mucha gente, que ella imagina todo lo que me debe haber pasado a mí, pero para los familiares la pérdida de un ser querido implica otra tortura, que si bien no es física, también es terrible”. 

“Me llamó mucho la atención cuando mi mamá dice que nosotros tuvimos suerte, porque yo aparecí. Hoy pasa un poco esto con los desaparecidos de los que no se recuperaron sus cuerpos. Nosotros, que recuperamos los restos, podemos decir que tuvimos suerte. ¿Se puede hablar de `suerte´ en ese sentido? En esa fecha, el 16 de diciembre, esos cuerpos empezaron a aparecer en la Costa Atlántica. Se cumplen ahora 36 años desde que fueron arrojados y empezaron a aparecer. Creo que estos delitos son irreparables. Si hay alguna reparación, tiene que ver con los actos de justicia”, sostuvo Ana María para concluir su testimonio. 

El caso de Ernesto Luis Fossati (798)

Tenía 30 años de edad, era peronista y periodista. Se había desempeñado como Jefe de Relaciones Públicas de ELMA y en las revistas Panorama, Así y el diario La Opinión. Le decían “El Flaco Fossati”. El 26 de noviembre de 1976 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en su domicilio ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue hecho por personal armado y uniformado con el atuendo característico de la Marina. Ernesto fue llevado a la ESMA y sigue desaparecido. 

El testimonio de Eduardo, hermano de Ernesto

El testigo contó que tuvieron dos versiones: una que indicaba que Ernesto había sido llevado al Olimpo, y otra que sostenía que había estado en la ESMA. 

Lucía Cullen

“Era el amor de mi hermano. Lucía era viuda de José Luis Nell. Perdió un embarazo. José Luis se suicidó. Después ella se enamoró de mi hermano. A ella la secuestran en julio del mismo año. Mi hermano empieza a buscarla, se va del Colegio Militar. Va a Granaderos… mi hermano iba todos los días a buscar a Lucía. El jefe le dijo: `Fossati: no venga más acá que desaparece´. 

Grupo de Tareas 3.3.2

“El 26 de noviembre de 1976 entra gente que se identifica como del Grupo de Tareas 3.3.2, esto fue relatado por mi madre. Yo vivía en Martínez y me llama una vecina para decirme que habían secuestrado a mi hermano. Se habían llevado cosas, quisieron robar el reloj de mi madre, con una ametralladora en la cabeza. Robaron lapiceras, libros, plata y se tomaron el wiskhy”, contó el testigo, quien agregó: “lo curioso es que dejaron `El Capital´, de Carlos Marx”. 

Próxima audiencia

El juicio continuará el miércoles 18 de diciembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.