17 07 2013 | TESTIMONIOS
Día 74. "Si pudiera elegir, elegiría ser de nuevo el hijo de Quique y Alicia", sostuvo Camilo Juárez

Se refirió así a su padre Enrique Juárez, desaparecido, y a su madre Alicia País, quien murió or abandono de persona en la cárcel de Devoto. Además, declararon los sobrevivientes José Ángel Forgueras y Carlos Loza. Fue la última audiencia antes del inicio de la feria judicial. 


El testimonio de Camilo Juárez, hijo de Enrique “Quique” Juárez

Con la sala llena, hoy declaró por primera vez en Tribunales Camilo, cuyo padre sigue desaparecido y cuya madre, Alicia País, murió por abandono de persona en la cárcel de Devoto. “Juro por los 30.000 compañeros desaparecidos”, dijo Camilo al comenzar su testimonio y colocó sobre la mesa el pañuelo de H.I.J.O.S., agrupación en la que milita desde 1995.

Una familia víctima de delitos de lesa humanidad

“Podría empezar con el secuestro de mi madre, anterior al de mi padre, porque está íntimamente ligado. Ella se llamaba Alicia Rosalía País, estaba separada de mi padre. Vivíamos con ella y mi hermano Javier en Brasil y Defensa, en el barrio de San Telmo. En 1976 fue detenida por un procedimiento de la Policía (Federal) y fuimos detenidos con ella”, contó Camilo, quien tenía 8 años de edad cuando fue llevado con su mamá y su hermano Javier, un año mayor que él, a la comisaría 14º de San Telmo. “Allí nos interrogaron por el paradero de mi padre y, posteriormente, nos dejaron con nuestros abuelos paternos. Mi madre estuvo en esa comisaría y luego fue sacada de allí por una patota, fue llevada a algún centro clandestino, no sabemos a cuál, y luego fue blanqueada, dejada a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en la cárcel de Devoto. Nosotros con mi hermano fuimos a la casa de mis abuelos, donde nos fue a buscar nuestro padre, Enrique. Le dijimos que lo estaban buscando, que habían preguntado por él, él ya lo sabía, y nos dijo que nos quedáramos tranquilos, que íbamos a ir con él a la ciudad de Rosario, donde finalmente concurrimos, allí nos presentó a nuestro hermano, recientemente nacido, Pedro Luis, que había nacido en agosto del ´75, hijo de mi papá con Estela Miguel, quien era su compañera en aquel momento, a quien ya conocíamos”.

La persecución política

“Toda esta persecución que él sufría se debía a su militancia política, él era fundador de la Juventud Trabajadora Peronista, que era la rama sindical de la tendencia del Peronismo, había realizado una película sobre el Cordobazo y algunos otros films, él era parte del Grupo de Cine Liberación, un grupo de cine militante que proyectaba películas sobre lo que pasaba en los países latinoamericanos. La persecución por su militancia empezó mucho antes por su participación en la campaña de Cámpora, había sido delegado de Luz y Fuerza, del año ´65 al ´71”, relató Camilo ante una sala llena, entre estudiantes, sobrevivientes, militantes de H.I.J.O.S., Abuelas, Familiares y Madres, entre otras personas que escucharon el testimonio. 

“Traje para aportar algunas pruebas. Son recortes de los diarios de aquella época, algunos escritos por él. Son discursos, un proyecto de ley que presentara en 1973 contra los despidos arbitrarios, un discurso que fue escrito por él y fue pronunciado por Vázquez, el vicecanciller de Cámpora, ante la Organización de estados Americanos. A él lo mataron por sus ideas y en estos recortes están sus ideas. Sus ideas no murieron”, dijo Camilo. “Pertenecen al diario Noticias, El Descamisado, La causa peronista y la revista Militancia”. Los jueces resuelven dejarlo en la Secretaría del Tribunal para dar traslado a las partes.

Estela

“En Rosario estuvimos de forma clandestina. En octubre del ´76 asesinan a Estela en un operativo en Rosario. Tuvimos que levantar esa casa y pasar a otra de unos compañeros. En todo este tiempo, mi padre trataba de cambiar un poco su aspecto, en un momento tuvo un documento de una persona mayor, se había teñido el pelo de canas, tenía una persecución muy clara por su participación en Montoneros. Nuestra familia sufrió mucho por todo esto. Anterior a la desaparición de mi padre, asesinan a un compañero suyo, José Sabino Navarro y profanan su cuerpo, cortan sus manos y lo entierran en un cementerio en una tumba de otra persona, mostrando un anticipo de con lo que después salían los represores con nuestro pueblo. Ese cuerpo fue recuperado en el ´73 y se le pudo dar sepultura en el cementerio de Olivos. Esta persona era muy cercana a mi familia, era como un tío para nosotros, su mujer sigue siendo hoy mi tía Pina, y sus hijos son mis primos, Ernesto y Walter. Después de que cae Estela, el 16 de octubre de 1976, a dos días de esa caída, asesinan a un joven que estaba con Estela, en lo que se conoció como la Masacre de los Surgentes, en Rosario. En diciembre del año pasado recibimos un llamado del Equipo Argentino de Antropología Forense, diciendo que habían identificado los restos de Estela, que habían sido enterrados en una tumba NN en el cementerio de La Piedad, en Rosario”, relató Camilo.

Los medios de prensa

“Volvimos a Buenos Aires, a la casa de mis abuelos en Florida. Mi padre siguió militando activamente, intervino en la columna norte de Montoneros, y llegaba a casa muy tarde, se iba muy temprano. Esa casa era muy conocida por los servicios de inteligencia, esto desembocó en el que el 10 de diciembre de 1976, mi padre le pidió a mi abuelo una camioneta que tenía, una Citroen, y dijo que volvía en un rato… Inclusive estaba el carbón, porque íbamos a hacer un asado el 12, porque era su cumpleaños, cumplía 32… Ese día él no volvió y mis abuelos estaban muy preocupados. Al día siguiente, escuchando Radio Colonia, dieron la noticia de que había sido abatido en un enfrentamiento y daban otros nombres de personas que habían caído con él. Salió en los diarios Clarín y otros la noticia, replicando esta información. Mi abuelo fue a estos medios de prensa a preguntar de dónde habían sacado la noticia y les dijeron que había sido el Ministerio del Interior, los militares. Mi abuelo y mi tío fueron a esos lugares y les dijeron que ellos no habían dado la noticia. Volviendo de nuevo a los medios, le dijeron claramente que ellos publicaban lo que les decían. Todo el barrio lloró a mi viejo. Mi viejo era una persona muy querida por todos en el barrio y sigue siendo una persona muy querida por todos los que lo conocieron en la militancia”.

La tía de Camilo y Javier, Olga País, se hizo cargo de ellos y se fueron a vivir a la vivienda de San Telmo. “La represión se ensañó con nuestra familia y también se llevaron a mi tía”, quien no tenía militancia y era enfermera. Estábamos presentes mi hermano y yo, yo abrí la puerta cuando la vinieron a buscar. No supimos nada más de ella. No sabemos en qué centro clandestino estuvo, cuál fue su destino: no sabemos nada de ella”, contó Camilo. 

Los niños volvieron a ser llevados a la casa de sus abuelos. 

“Algunos medios afines al gobierno militar decían que mi papá estaba en el exilio dorado. Yo no sabía lo que quería decir eso y mi hermano me dijo que era una mentira, que eran los nombres con los que se decía una mentira”, dijo Camilo y mencionó a las revistas Somos y Gente, a los diarios Clarín y La Nación, y a la Editorial Atlántida. 

Alicia 

Militaba en la Agrupación Evita. Los hijos, Javier y Camilo, presentaron una querella ante el juez Daniel Rafecas, por lo que siguen esperando que avance la causa y se termine la impunidad para quienes dejaron morir a Alicia. “Estuvo desaparecida mucho tiempo, porque nos negaron su cuerpo. Finalmente, gracias a la investigación de la comisión de Legales de H.I.J.O.S., supimos que estuvo en el osario de Chacarita”, dijo Camilo.

“Murió peleando y de pie”

“Ya recuperada la democracia, mi tío Nemesio nos junta a mi hermano y a mí y nos cuenta que nuestro padre había sido visto llegar sin vida a la ESMA, que no se dejó agarrar con vida. Uno ya conocía más o menos lo que pasaba ahí, por todos los relatos de los sobrevivientes, y saber que él pudo resistirse a esa detención y que no se dejó agarrar con vida fue un poco un alivio, ¿no? Murió peleando y de pie”, declaró Camilo. “No sabemos qué hicieron con ese cuerpo ya sin vida. Nos gustaría saber”, agregó.  

“Siempre había que decir la verdad y hacer lo que es justo. Ponerse en el lugar del otro y luchar contra cualquier injusticia que se cometiera en cualquier parte del mundo como si te pasara a vos”, recordó que le decía su padre. 

Fotos

Camilo mostró las fotos con las caras de su mamá Alicia, su papá Enrique y su compañera Estela, “Lala”, y de su tía Olga, “de quien no supimos nada más”, dijo Camilo. La de Quique fue la última tomada antes de ser desaparecido.

Para concluir, Camilo pidió decir algo más: “me gustaría agradecerle al Tribunal, que me permite estar acá después de tantos años, con todo lo que ello implica, con el dolor tan grande, pero era muy necesario para mí dar testimonio. Dar testimonio y sentir que uno está dando examen, cuando los que deben darlo son los jueces los que deben dar examen de lo que aquí se juzgue. Lo veo como algo muy positivo para lograr sanar un poco las heridas. Si pudiera elegir, elegiría ser de nuevo hijo de Quique y Alicia, y tener el orgullo de tener todos los hermanos que tengo. Por último dirigirme a los acusados, que siguen callando, se tapan la boca: ya se acabó el tiempo del silencio, además no les fue tan bien manteniendo este pacto de silencio. Ya es hora de hablar y decir qué hicieron con nuestros desaparecidos. El único miedo que yo tuve durante todos estos años fue el de olvidar esa sonrisa que tenía mi vieja, ese sentido del humor que tenía mi viejo. No me provocaron nunca miedo… Por último dirigirme a mis compañeros de H.I.J.O.S. que me enseñaron que lo imposible sólo tarda un poco más y que nuestra única venganza es ser felices y ese ser felices incluye la construcción del país que ellos soñaron. ´Hasta que todo sea como lo soñamos´, dijo un poeta , ´como en realidad pudo haber sido´”. 

El testimonio de José Ángel Forgueras: los trabajadores de OSPLAD

En 1976 José Ángel Forgueras trabajaba en el Sanatorio OSPLAD y en el Lavalle. Era compañero de trabajo de Pedro Héctor Druetta (caso 723); Roberto Arfa (caso 649), casado con Noemí Beatriz Tenenberg (caso 647); Lerner (caso 648) y Mirta Pérez (caso 651). “Después me enteré que Tenenberg y Lerner también estuvieron ahí (la ESMA). Sabíamos que Druetta y Arfa estaban detenidos, se los llevaron dos o tres días antes que a mí. A Arfa se lo llevaron de la casa de los padres de Mirta Pérez en Ezeiza. Druetta y Arfa no aparecieron más”, dijo Forgueras.

(Algunos de los casos del grupo de trabajadores de OSPLAD fueron relatados en las crónicas de los días 37 y 38).

El secuestro

El 25 de abril de 1976, cerca de la 1 de la madrugada, llegaba al Lavalle en su auto Fiat 600 y se encontró con un camión lleno de soldados y unos autos: “Se me acerca una persona con un arma y me pregunta el nombre, se lo digo y se da vuelta y dice ‘es éste’”, relató el sobreviviente. “Me llevan para la oficina donde trabajaba, revisan todo rompen todo, eran dos personas. Me esposaron y encapucharon y me metieron en mi auto. Casi media hora después, después de un par de paradas para verificar el ingreso, me hacen bajar unos escalones de madera. En un lugar amplio me preguntan en qué andaba, me preguntan por Lizaso, `la China´ y la `Gorda Rosa´. Yo les dije que no andaba en nada, que los conocía de nombre. ‘Ahora vamos a jugar a la ruleta rusa’ y gatillaban. También me preguntaron por mi hermano, Carlos Raúl, que era delegado. Me llevaron a otro lugar, me dieron una especie de factura y un vaso de café con leche, después nunca más nada”, continuó Forgueras. A José Ángel y a Carlos Raúl los despidieron del trabajo.

(Los casos de la familia Lizaso pueden leerse en la crónica del día 36).

“Después escuché que entraba más gente. Se llamaban entre ellos ‘Pedro 1’, ‘Pedro 2’. Hablé con un muchacho que me dijo que era médico del Hospital de Clínicas. También con mi compañero Ricardo Peralta (Caso 650), me preguntaba qué pasaba y yo no sabía”, contó. Además, escuchó que a Mirta Pérez le decían: “’Esta noche me toca a mí, te quiero bañadita’, yo con posterioridad hablé con ella y me dijo que la violaron”. 

A su vez, describió que podía escuchar un tren a máquina y uno eléctrico, y los chicos de una escuela y el ruido de aviones. Así, Forgueras determinó que había estado secuestrado en la Escuela de Mecánica de la Armada.

La salida de la ESMA

“Habré estado 8, 9 días. Un día me sacan toda la ropa y me atan los pies. A varios nos suben a un vehículo, nos suben a un avión y nos llevan a un lugar. Me meten a un calabozo, paredes y puerta de fierro. Nos traían la comida ellos con capucha. Hablé con una chica abogada de nombre judío que me dice: ‘Nos van a matar a todos’”, dijo.

Forgueras relató que un día lo llevaron ante una persona que le dijo: “No sé por qué obra el destino te vas a ir vos”. Lo dejaron en un descampado donde paró “un camión y el conductor me dice que estaba a 150 o 200 kilómetros de Bahía Blanca. Después otro camión que venía para Buenos Aires me lleva a mi casa”.

Avellaneda

“Aparentemente lo tenía muy cerca a él. Venían y le decían: ‘¿Dónde está tu mujer? Mirá que tenemos a tu pibe y si no hablás va a ser boleta’. Él tenía un tatuaje en el pecho porque le decían: ‘¿Qué hacés con ese tatuaje?’. Después me enteré de que apareció en las costas de Uruguay”, contó Forgueras.

El caso de Carlos Oscar Loza (nº 163)

El 16 de diciembre de 1976 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, junto a Rodolfo Luis Picheni, Héctor Guelfi y Oscar Alberto Repossi, cuando hacían refacciones en un local del Partido Comunista en Herrera 1737, Ciudad de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de integrantes de la Policía Federal Argentina y el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA.

Luego de unas horas, fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Estuvo esposado, engrillado, encapuchado, individualizado mediante el número 738. Fue golpeado y debió presenciar el simulacro de fusilamiento al que fue sometido su compañero Rodolfo Picheni.  Ambos fueron liberados en la madrugada del 6 de enero de 1977, en la localidad de San Fernando, Provincia de Buenos Aires”. 

Carlos Loza es integrante de la Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos (AEDD). Declaró en el juicio de la megacausa ESMA. Hoy amplió su testimonio anterior. 

Apodos

Loza declaró que estuvo “en el Sótano, Capucha y Capuchita, que Rata, Sucio, Chispa y Julia eran muy habituales en los lugares de tortura diarios. Rata era (Antonio) Pernías, los guardias decían que vivía ahí adentro, era el que más torturaba. Rubio era (Alfredo) Astiz, estaba mucho en el Sótano. Sucio es un guardia que nos cuidaba golpeándonos”.

Pablo María Gazzarri (caso 145)

“Era sacerdote. El interrogatorio era en Capucha, fue entre el 16 y el 23 de diciembre de 1976. La persona le quería hacer ver la conveniencia de que se fuera, que dijera los nombres de sus compañeros, que tenía el pasaporte y lo esperaba su familia en Venezuela. Había caído el 17 de noviembre de 1976. Sigue desaparecido”, agregó Loza a lo previamente relatado.

Rodolfo Picheni

“Nos llaman por número, nos llevan a planta baja. Una persona que se identifica como alguien que lucha contra la subversión nos dice que nos habían detenido por colaboradores montoneros. Nos dejan en San Fernando. Nos piden que colaboremos con ellos, que denunciemos actividades subversivas. ‘La tenemos a esa hija de puta de la Arrostito’, nos dijeron. Era la madrugada, cerca de la casa de Rodolfo (Picheni, caso 162). Rodolfo fue mi compañero de lugar de trabajo, de cuerpo de delegados, de cautiverio, mi amigo. Rodolfo nunca lo superó. El hecho de deteriorar a niveles prehumanos en el campo de concentración es desequilibrante. No lo superamos ni lo vamos a superar, pero tenemos que transitar con eso. El 5 de diciembre del año pasado Rodolfo se suicidó. Quería recordar a mi amigo porque es caso, porque no va a poder venir a declarar”, recordó Loza.

Jorge Raúl Mende (caso 119)

“A Jorge Mende lo asesinaron a metros de donde estábamos. Fue brutalmente golpeado. A la noche lo envuelven en una frazada y se lo llevan. Sube una persona a increpar al guardia que lo golpeó. Le dice: ‘Lo mataste’”.

Claudio César Adur (caso 785) y Bibiana Martini (caso 786)

A través de sus investigaciones, Loza pudo reconstruir que una pareja con la que estuvo detenido en la ESMA era la de Adur y Martini. “En el altillo estábamos nosotros cuatro (Rodolfo Luis Picheni; Héctor Guelfi, caso 164, y Oscar Alberto Repossi, caso 165), la pareja y Hernán Abriata (caso 115). Hernán, Bibiana y Claudio habían estado en una quinta donde estaban custodiados pero se podían cocinar su comida. Después los trasladaron a la ESMA”.

Monseñor Graselli

“Compruebo casi diariamente el involucramiento de Graselli. Mi mamá se entrevistó con él. Él tenía datos, proporcionaba datos. Él hacía un fichero de todos los familiares que iban a preguntar. ‘Tenga fe, rece mucho’, le dijo a mi madre. En los Juicios por la Verdad en La Plata él entregó su fichero”, relató Loza.

“Necesitamos conocer toda la verdad”

“Reiteramos que con gran esfuerzo organismos, abogados estamos recuperando una historia, las historias de nuestros compañeros. Necesitamos conocer toda la verdad, por eso pedimos justicia por nuestros 30.000 y recordar a Adriana Calvo, a Julio López y a Silvia Suppo”, finalizó Loza.

Próxima audiencia

El juicio continuará el 5 de agosto desde las 9:30 horas, cuando finalice la feria judicial.