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Cómo participar del juicio

Las audiencias son orales y públicas. Si sos mayor de 16 años, ingresás acreditándote con tu DNI, cédula o pasaporte en la Sala AMIA. Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, Retiro.


06 08 2014 | TESTIMONIOS
164. "Se lo debo a mi hijo"

Dijo Catalina Cassinelli de Lugones, madre de César Armando Lugones (caso 14) y suegra de María Marta Vásquez Ocampo (caso 15), quienes militaban en la villa del Bajo Flores y todavía están desaparecidos.


Ramón Antonio Arosa es un testigo convocado por uno de los abogados de la defensa, que ya había declarado en otra causa. Arosa es almirante retirado. Según su relato, ingresó en la Escuela Naval en 1947, egresó como guardiamarina a fines de 1952. Fue jefe del Estado Mayor General de la Armada –la máxima autoridad de esa Fuerza- desde diciembre de 1983 hasta julio de 1989. Una vez retirado, realizó funciones ad honorem como presidente de la Liga Naval Argentina y fue presidente del Rotary Club de Buenos Aires, institución de la que aún es socio.

“Enseguida después de la Guerra de Malvinas -yo era contralmirante- fui designado jefe de la Casa Militar de la Casa de Gobierno y estuve casi un año y medio hasta la asunción del doctor (Raúl Ricardo) Alfonsín como presidente, (…) unos días después me llegó la noticia que era el elegido para conducir la Armada”.

El regreso a la democracia

“Recuerdo que ya el doctor Raúl Alfonsín en su momento cuando inició su campaña para la Presidencia, que fue cuando terminó el período del gobierno militar en el año 83, una de las cosas en la que fue constante en sus ideas en el caso de ser presidente era llevar a cabo una investigación a fondo de lo ocurrido justamente en relación con la actividad subversiva, llamémosla así, y la represión que se mencionó. Recuerdo que los tres temas eran primero determinar las responsabilidades en cuanto a los que impartieron órdenes, luego en lo que respecta a los que habían cumplido esas órdenes y dentro de estos los que eventualmente habían incurrido en errores u otra anomalía. Ese fue el espíritu con que creo que todos los que vivimos en esa época recordarán. Asumió el doctor Alfonsín y cumplió eso. De ahí surgió, si no recuerdo mal, la famosa comisión de la CONADEP”, relató Arosa. Según su interpretación “el primer grupo, o sea los que impartieron órdenes, se centraba en las cabezas de las Fuerzas Armadas, que fueron los que dispusieron combatir al entonces terrorismo, guerrilleros, como queramos llamarlo, y después claro, se hacía un poco el desguace entre quienes tuvieron que cumplir esas órdenes emanadas de las autoridades más importantes y, dentro de éstos, los que eventualmente hubieran, como dije, incurrido en errores, excesos o se hubiesen extralimitado”.

“La disciplina militar”

“La disciplina militar requiere un ordenamiento jerárquico en primera instancia y consecuentemente un respeto y cumplimiento de las órdenes que se reciben en función de las tareas que cada uno deba tener a su cargo. Por supuesto, estamos hablando de órdenes que hagan al servicio militar, a la actividad militar en cuanto al cumplir la función fundamental que es prepararse para la defensa de la Patria. Esa es la tarea básica de cualquier Fuerza Armada en cualquier parte del mundo”, detalló Arosa. 

Sobre la reglamentación o normas, respecto de un subordinado que no acatara una orden, aclaró que “hay todo un procedimiento que podría pasar por un juicio militar, una evaluación de comportamiento y para terminar definiendo si era cuestión de una sanción disciplinaria más, menos grave, o eventualmente se podía llegar a la baja de un individuo”.

“Órdenes impartidas en la lucha contra la subversión”

Cuando el abogado Fanego lo consultó sobre la inserción de las “órdenes impartidas en la lucha contra la subversión” Arosa dijo que no podía “entrar en detalle porque no participé, mal podría estar entonces hablando de órdenes que tal vez existieron y yo desconozco. Sí lo que creo que da lugar a esto en primera instancia son las órdenes emanadas de gobiernos constitucionales, porque en algún momento me pongo a leer cosas. Creo que comenzando por un decreto del doctor (Raúl Alberto) Lastiri allá por el año 73, creo que fue, y con otros en el camino también, y los últimos que recuerdo son tres decretos que firmó el doctor (Ítalo Argentino) Luder que se referían justamente a la creación de un consejo de seguridad o cosa parecida. Otro decreto ponía, digamos, bajo jurisdicción de las Fuerzas Armadas, las Fuerzas de Seguridad y la Policía. Y el último creo que se refería a la extralimitación de cómo actuaría una especie de consejo justamente creado para esa finalidad. Yo creo que ese fue un poco el comienzo, así que fueron órdenes emanadas de gobiernos constitucionales. Otro capítulo será ver después cómo esas órdenes fueron cumplidas y llevadas a cabo”. 

El abogado defensor le preguntó si para 1983, 1984, había “algún grupo de la Armada empeñado en la lucha contra la subversión”, Arosa dijo que lo desconocía, pero que para él no había cuando él asumió en diciembre.

Arosa no recuerda si durante la última dictadura cívico-militar se daban cursos de “lucha antisubversiva”. Consideró que “puede haber habido, sí. Un poco para ilustrar a la mayoría del personal de la Armada las cosas que estaban ocurriendo y que habían ocurrido y un poco el pensamiento y la actitud también de la Armada respecto a eso. Seguramente quienes tuvieron que actuar en esa guerra o cómo queramos llamarla sí deben haber recibido cursos específicos al respecto”. 

“Yo no considero institucionalizada (la lucha) en el sentido de que lo que hiciera la Armada y -vuelvo a insistir- cumpliendo las directivas que en su momento habían emitido gobiernos constitucionales tenía que ser algo uniformemente conocido. Por supuesto, después está el nivel de quienes tuvieran que ejecutar. Esto no cambia ni la gravedad ni la liviandad de las cosas, fueron muy pocos con respecto al total del personal de la Armada. No tengo idea cuánta gente intervino efectivamente en algo pero creo que frente a los 25 mil y algo que me tocó a mí conducir entre personal militar superior, subalterno, conscriptos todavía había en esa época y personal civil, esos que tuvieron algo que hacer, no sé pero a cuánto pueden llegar, pero un porcentaje mínimo, ínfimo”, aclaró. 

La asignación de los destinos

“Los destinos de la Armada responden, por una parte, a lo que sería la especialización u orientación o un nombre parecido que podamos darle. Y después, en función de ese gran nivel o, para decirlo de alguna manera, si comunicación o artillería o máquinas o inteligencia también puede ser un agrupamiento que puede acumularse con otras funciones, después está el tema del tipo de destino para, en función de eso, ver las jerarquías necesarias y el escalonamiento en caso de precisarse varios de una misma clasificación. Había por lo menos en viejos tiempos una información que uno podía expresar sus deseos, preferencias o inquietudes y después eso por supuesto en función de la cantidad de factores podría coincidir que fuera aceptado y se lo postulase para cumplir ese deseo o no”. Si alguien se negaba al destino “podía llegar creo que hasta la baja del individuo o una sanción disciplinaria, o no. Pero ahí entramos ya en una gama muy amplia de posibilidades”. 

El Placintara

Declaró que “era un plan de capacidad de la Armada que, si no recuerdo muy mal, se originó justamente en la necesidad de cubrir actividades fuera de las habituales de las fuerzas” y dijo no recordar si previo a este plan hubiera existido otro plan diseñado por el Poder Ejecutivo respecto a conflictos internos, pero que creía que había sido reemplazado, que eso debía haber sucedido “antes del 83, antes de que yo asumiera sin ninguna duda”. “Lo que sí puedo decir es que sí existió, lo que no podría negarlo porque sería absurdo, nunca tuvo vigencia ni fue ejecutado ni se recurrió a él para nada”. 

“Establecido un plan de capacidades como era ese Placintara, según la índole de los temas, después corresponde que haya responsables más o menos directos sobre la cuestión. En general, esos planes son manejados, gobernados por el Comando de Operaciones Navales, que es el gran responsable, subordinado por supuesto al comandante o jefe de la Armada, para todas esas cuestiones. Cada plan de estos después va a tener niveles de responsabilidad en cuanto a la ejecución y entonces, en función de los temas, de la índole que tenga cada uno de ellos, el responsable podrá, tendrá que dar conocimiento hasta los niveles que considera adecuados para mantener un poco ese grado de secreto, si queremos hablar de ese tema, y al mismo tiempo estableciendo las responsabilidades de cumplimiento que esos planes tengan previsto”, describió. 

Afirmó que no se publicaban en el Boletín Naval. Arosa supuso que el Placintara 75 se utilizó “pero no podría jurarlo, porque realmente... Como tuve la, no sé si llamarla suerte o qué, la circunstancia de no tener que recurrir o usar ni ser parte de las previsiones de esos planes de capacidades”.

Servicio de Inteligencia Naval (SIN)

El testigo recordó que cuando asumió “estaba a cargo del contralmirante, después creo que ascendió, Argimiro Fernández, almirante de Infantería Marina. Después hubo otros. No podría recordar ahora en qué orden y quiénes, pero el primero fue el almirante Fernández”. El abogado le pregunta sobre Fernando García, Arosa no recordaba qué cargo ocupaba en ese momento. También contó que asumía “que debía haber personal civil que trabajara en tareas de inteligencia. Por supuesto que por la misma índole de esa función de las dos tareas me animaría a pensar que la información sobre ese personal debe ser bastante limitada o restringida, que la nómina la debía conocer quien era el jefe”. Recordó que oyó nombrar a Víctor Melchor Basterra (caso 546): “No recuerdo si en alguna oportunidad no nos han pedido a la Armada información al respecto de algún juzgado, algún juez. Creo vagamente tener idea de que sí. De todas maneras sí, el conocimiento del nombre y que podría estar vinculado a tareas de Inteligencia alguna vez me ha llegado, sí”. 

El abogado defensor le pregunta qué es el BOE-A, equipo en el que Arosa dijo que Basterra había realizado tareas en una declaración previa: “Era un grupo (…) si no recuerdo mal, del Servicio de Inteligencia que tenía alguna función de obtener información probablemente. Esa respuesta debe haber sido preparada, obtenida, lograda por el personal del servicio correspondiente. En este caso sería el Servicio de Inteligencia”. Sobre el tema de la remuneración ya mencionado en otras audiencias Arosa dijo: “No digo que no fuera posible, pero no tengo ninguna constancia ni ningún indicio en ese sentido. Supongo, más allá del señor Basterra, personal civil que no tenga nada que ver con la Armada que se le haya encomendado alguna tarea de Inteligencia, puede recibir una remuneración, sería yo creo que hasta razonable, pero no me consta”.

“Inteligencia siempre dependió de la máxima autoridad de la Armada. Se llamase comandante general o comandante en jefe, como fue variando, o como después se modificó al concepto de jefe de Estado Mayor General. Pero la relación de dependencia es siempre directa en ese sentido”. Según confirmó, el comandante de Operaciones Navales no tenía ni tiene injerencia sobre el jefe del Servicio de Inteligencia, ”pero sí por supuesto una relación funcional que hace a toda la actividad de la Armada sin ninguna duda”. El comandante de Operaciones Navales no podía dar órdenes al jefe de Inteligencia, “tendría que hacerlo con conocimiento y autorización del jefe de la Armada. Esto es un ordenamiento jerárquico que, con sus pro y sus contra, pero es así y creo que conviene que sea así”. Arosa dijo no recordar ningún otro nombre de personas que hayan pasado del SIN al grupo de tareas 3.3.2. más allá de las que ya había nombrado anteriormente: “recuerdo muy bien, por ejemplo, la designación del capitán (Juan Carlos) Rolón para ir a la Escuela de Mecánica porque quien lo designó fui yo; esto creo que está dicho en la causa anterior con toda claridad”.

Hugo Héctor Siffredi

Aseveró que conoció al imputado pero que no recordaba haber tenido una “relación directa permanente o más o menos permanente”.

El “secreto militar”

“Mi interpretación es que hay temas militares que por su índole no pueden hacerse públicos. Hay cuestiones que únicamente deben ser tratadas por los responsables interesados que tienen que participar de alguna manera en eso. Un tema en la Armada puede ser reservado, puede ser confidencial, puede ser secreto o hay inclusive una categoría muy extrema, extrema de todo, que es estrictamente secreta y confidencial. Esos son distintos grados... que por supuesto esos grados diferentes van relacionados con la mayor o menor divulgación que se puede hacer del tema respectivo”, dijo.

Evaluación

Uno de los abogados defensores le consulta si emitió “pautas para los comandantes de la Armada respecto a una evaluación de lo que se hizo en la lucha contra la subversión”. Arosta confirma que “a mis comandantes subordinados en general emití varias, no sé si llamarlas directivas o pautas o un poco para tener un pensamiento más o menos homogéneo, salvando por supuesto lo que corresponde como posibles diferencias, en cuanto a las situaciones que se vivían. Usted menciona el tema de la guerra contra la subversión, puede ser una pauta que yo haya tratado de enviar o haya enviado a subordinados, a mis comandantes subordinados en cuanto yo asumí como jefe de la Armada. Y digo esto porque evidentemente se planteaba una situación que puede ser muy lógica pero que había que de una manera estar de acuerdo en los problemas que había que enfrentar, vamos a decir así. Yo mencionaba lo que el doctor Alfonsín ya en su campaña, desde el principio de su campaña, esbozó en cuanto al tema este de la llamada represión, qué pensaba hacer. Era el momento ya de que el gobierno, el nuevo gobierno cumpliera justamente esas propuestas. Y yo consideré, considero siempre, siempre consideré que todos los niveles de comando tienen que estar interiorizados un poco de lo que piensa o cómo interpreta las cosas desde el jefe de turno para que haya un poco de discusión de ideas llegado el caso si fuera necesario, o para que haya una cierta coherencia en la actividad de todos esos comandantes, así que sí, puede haber habido casi seguro alguna directiva mía como pautas digamos, de trabajo”. 

“No recuerdo nada muy traumático”

La fiscalía le consultó a Arosa acerca de las imputaciones durante las primeras investigaciones llevadas a cabo por la justicia militar -cuántos resultaron imputados y cuáles eran los pasos a seguir por la justicia militar, qué es lo que hacían con esos imputados-: “Cuántos no. Volvería a decir, sin con esto ser terminante, pocos, muy pocos en función de la cantidad de personal militar. Seguimos hablando del ámbito interno de la Armada, ¿no es cierto? No recuerdo nada muy traumático en ese sentido, o que haya quedado shockeado con eso. Como mencioné antes, el presidente Alfonsín en su campaña, cuando empezó a candidatearse para Presidente, anunció esa intención de investigar lo ocurrido y estableció, de eso me acuerdo bien, que eran tres niveles: los que dieron órdenes, los que cumplieron las órdenes y los que eventualmente se desviaron del cumplimiento de las órdenes, ¿no es cierto? Y eso se cumplió. En las Fuerzas Armadas -yo siempre he sido un fanático en ese sentido- la tarea de conducir no es simplemente pararse y dar gritos o dar órdenes: es conseguir que los subordinados entiendan, comprendan, acompañen y cumplan lo mejor que puedan lo que uno pretende que se cumpla. Y, sí, un problemita que yo vi era que si me preguntaban cómo se podía dividir al personal de la Armada yo hubiera dicho un grupito mínimo, ínfimo, de los que tuvieron algo que hacer, algo que ver, ¿no es cierto? Entonces, sacado ese pequeñísimo grupo, después me quedaba el resto de la Armada. Yo no podría decir si era el 45, 50, o 40 por ciento, pero más o menos casi diría por mitades, estaba el grupo que decía: ‘A mí no me miren porque yo no tuve nada que ver. Yo no hice nada, no fui a ningún lado’. Es un poco la filosofía esa nuestra de ‘No sabe, no contesta’ ¿no? Y la otra mitad, el otro grupo que decía: ‘Y, si a la Armada le ordenaron en su momento accionar contra los movimientos subversivos eso es institucional, es un problema de todos aunque no hayamos tenido nada que ver’, criterio que comparto, además”.

Relación entre la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y el Primer Cuerpo del Ejército

No pudo precisarlo “porque, como lo digo, no estuve ni en contacto con la Escuela de Mecánica. La relación que puede haber habido, se me ocurre en este momento, es de tipo operativo, operacional, digamos así, posiblemente de gente de Inteligencia de la Escuela de Mecánica con gente de Inteligencia del cuerpo uno, del primer cuerpo. Pienso que podría ser eso, sí, pero no conozco ningún detalle al respecto”.

Relación entre la Armada y el Ejército

“Yo creo que la relación ha sido la de siempre. Somos todos parte de un gran equipo previsto para la eventualidad esa de que el país tenga que enfrentar amenazas exteriores, ¿no es cierto? Y, en base a eso, después hay colaboraciones de distintos tipos que pueden existir en función de los temas que se encaren o de las actividades que se encaren; pero nada especial, como destacable, no me animaría a afirmarlo”, describió Arosa.

Los registros

La fiscalía preguntó si había cosas que no se registraban durante la última dictadura cívico-militar, Arosa respondió que “puede haberlas habido. Esa es mi opinión personal: puede haberlas habido, ¿no es cierto? Sobre todo porque estos fueron temas bastante espinosos. Hay directivas, normas, reglamentos que más o menos establecen un patrón de información, de respuesta, etcétera. No me animaría a decir que en las operaciones que hubo que realizar contra la subversión se registrara de la misma manera que operaciones comunes. Como, por otra parte, hay operaciones estrictamente navales, olvidémonos de represión y subversión y todo eso, hay Operaciones Navales de donde la información que se transmite o es comparte es muy restringida porque justamente hacen a la seguridad de la Nación, llegado al caso de un conflicto”.

Catalina Cassinelli de Lugones

Es la primera vez que Catalina declara en un juicio sobre la desaparición de su hijo César Armando Lugones (caso 14) y su nuera María Marta Vásquez Ocampo (caso 15).

“Se lo debo a mi hijo, realmente, porque nunca lo pude hacer, porque me pongo muy nerviosa, lloro... Pero ahora, ya que estoy vieja dije: se lo debo, lo tengo que hacer, realmente”, comenzó Catalina.

César Armando Lugones y María Marta Vázquez Ocampo

“Mi hijo era el tercer hijo mío varón. Fue un chico muy alegre, muy charlatán, muy cariñoso. Cuando tenía 5 años empezó el colegio primario, se recibió a los 16 años habiéndose eximido siempre de todas las materias en el colegio Mariano Acosta. En el Normal de profesores se recibió de maestro. Empezó a estudiar veterinaria al mismo tiempo que empezó a trabajar de profesor de inglés. Cuando se recibió de veterinario se casó con María Marta Vásquez Ocampo, una bellísima persona que lo acompañó en sus ideales, en sus épocas felices, pero desgraciadamente también sufrió las atrocidades del gobierno después que pasó todo eso. Fue un chico muy solidario toda la vida. Mientras trabajaba y estudiaba iba a la villa del Bajo de Flores en la parte Belén y ahí junto con su esposa, con Horacio Pérez Weiss (caso 13), que era el hijo del director del ateneo de Pérez Madrid, con su señora Betty Carbonell (Beatriz Carolina Carbonell de Pérez Weiss, caso 12) y con Mónica Mignone (Mónica Candelaria Mignone, caso 16), todos chicos que yo conocía, que venían a mi casa. Chicos excelentes, chicos de familia, chicos estudiosos, chicos solidarios, y, bueno, ahí daban clases de Catecismo, Humanidades, Políticas, Sociales. También en Belén estaban el padre Yorio (Orlando Virgilio Yorio, caso 18), el padre Jalics (Francisco Jalics, caso 19) y la hermana Luisa”.

El secuestro

Catalina contó que “El 14 de mayo de 1976 en horas de la madrugada se lo llevaron de su casa, que vivía en Parque Chacabuco, en la calle Mitre al 1200. Los que se presentaron, según dijo el encargado, se presentaron como gente del Ejército y se lo llevaron, y de ahí no supimos más nada. Pero al otro día fueron los hermanos y encontraron todo revuelto. Lo que vieron que faltaba era el televisor, pero realmente no sabemos si era todo lo que faltaba”.

La búsqueda

“En ese momento no sabíamos absolutamente nada adónde se lo habían llevado. Hicimos 800 millones de hábeas corpus a todos lados, pero todo era negativo. Nadie sabía nada. Fuimos a todas las instituciones penales, a todas las comisarías, a todos lados: todo era lo mismo, nadie sabía nada. El doctor Emilio Mignone y el papá de María Marta, el doctor José María Vázquez, hicieron grandes averiguaciones y se enteraron que estaban en la ESMA. Ahí permanecieron no sé hasta cuándo ni cómo. A mí no me entraba en la cabeza que habían desaparecido, que nadie los encontraba, era una cosa imposible de entender. Yo estaba muy mal en ese sentido. Prácticamente, me destruyeron la familia, la pura verdad, porque fue todo terrible. No sólo eso, sino que se llevaron a mi hijo, a María Marta y otros parientes. Lita Boitano es pariente mía, se llevaron a sus dos hijos. Y yo llevé a la morgue, el dentista me dio la horma de la dentadura de mi hijo para buscarlo, y ahí me enteré, me dijeron: ‘No, acá hay una Lugones, María Mercedes Lugones’, que era la hermana de mi marido. Como me dijeron que María Mercedes estaba ahí fui y le dije al hijo que la madre estaba ahí en la morgue. Para retirarla tuvieron que ir a la ESMA a averiguar todo, y ahí fue la hija y la detuvieron, la tuvieron 3 meses. Después la soltaron. Se quedaron con el auto que era un cero kilómetro, le dijeron que lo tenían que tener por todos los daños que ellos habían causado. Y, después, otra prima hermana mía, María Eugenia Cassinelli, la mamá de la abuela de Macarena Gelman, es la mamá, es prima... La mamá de Claudia es prima hermana mía, así que fuimos una familia muy, muy, castigada en todo sentido”.

Christian Von Wernich

Catalina también dijo que se encontró con un cura que había hablado con Christian Von Wernich, también cura, ya condenado a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad, “él dijo que Von Wernich, él habló con Kivi también, y le dijo que César estaba, que mi hijo estaba muy bien, que de María Marta no sabía nada pero que mi hijo estaba bien, todas cosas por el estilo, todas mentiras”.

 

“Yo lo miro a mi hijo que tenía 26 años, hoy tendría 65. Pienso cómo sería hoy, por adentro va a ser exactamente igual, el mismo César que siempre, que no iba a cambiar, y yo lo veo que me pregunta: ‘¿Por qué, mamá?’, y yo no sé qué contestarle. ¿Será porque fue demasiado altruista, porque fue demasiado solidario, porque fue demasiado generoso, porque tenía ideales? Pero tampoco le puedo decir eso porque yo le inculqué todo eso, en mi casa se le inculcó que fuera una persona de bien, que tuviera ideales, que fuera generoso, altruista, solidario. Me vuelve a preguntar y no sé qué responderle, sólo le digo que lo sigo queriendo como el primer día y que lo extraño enormemente. Ahora, yo me pregunto: ‘¿Por qué?’, y lo único que consigo es un silencio brutal, vergonzoso y culpable. Nada más”.

Próxima audiencia

El juicio continuará el 13 de agosto desde las 10:00 con más declaraciones testimoniales. 



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte"
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa
testigos declararán y se incorporarán parte de los testimonios del juicio anterior
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