Más de 3000 estudiantes de la Ciudad participaron en los últimos cinco años del programa La Escuela va a los Juicios. Fue necesario vencer las resistencias y abrirse paso en la burocracia judicial para que se naturalice la presencia juvenil en los procesos orales de lesa humanidad. No solo desde la presencia física, sino desde la necesidad de ser parte del debate sobre la historia argentina.

El cierre del sexto año del programa La Escuela va a los Juicios, realizado el 6 de noviembre en el Espacio Memoria, permite encarar un balance sobre este programa educativo lanzado hace ya algo más de cinco años para promover los valores de Memoria, Verdad y Justicia en jóvenes y no tan jóvenes participantes de experiencias educativas y sociales, que permitió que al día de la fecha más de tres mil estudiantes, secundarixs, de escuelas para adultxs y terciarias, hayan participado de audiencias en los Juicios orales y públicos en casos de violación de DDHH y crímenes de Lesa Humanidad.

La actividad incluyó una reunión con sobrevivientes y testigos del juicio de Contraofensiva, la proyección de la película La Guardería y el debate colectivo sobre la producción de Verdad y Memoria en la sociedad, más allá de lo que surge de los juicios institucionales.

Ese acercamiento les permitió a los chicos y chicas intercambiar opiniones y datos con abogados, funcionarios, testigos, peritos y víctimas directas involucradas con las querellas e incorporar nociones básicas sobre el desarrollo histórico del proceso de juzgamiento, sus antecedentes, dificultades y devenires; así como el valor de la lucha y la organización de víctimas sobrevivientes, sus familiares, organismos de DDHH y el involucramiento de cada vez mayores capas de la sociedad hacia la justicia y reparación en relación a los crímenes de la dictadura.

El programa fue reconocido por el Ministerio de Educación de la Ciudad, y la Legislatura porteña como de interés educativo y de interés para la Promoción y la Defensa de los DDHH, por su esfuerzo en construir la reflexión crítica y la capacitación docente y estudiantil en torno a las implicancias de la decisión del pueblo y el Estado argentino de juzgar penalmente a los responsables del Terrorismo de Estado.

Ocupar  las salas, ocupar la Historia

Lanzado en abril de 2014, “La Escuela va a los Juicios”, nació desde el área de Programas y Actividades como una experiencia atada a una realidad históricamente buscada, que tiene que ver con el juzgamiento de los responsables de los crímenes del emblemático Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE) que funcionó en la ESMA durante la última dictadura cívico militar. La intención fue, desde el inicio del primer juicio, en noviembre de 2012, participar de este hecho histórico cuando el proceso iniciado tras una larga lucha contra la impunidad de más de treinta años permitía recuperar en el ámbito judicial las voces, los testimonios, las vivencias, los dichos, las ideas, de quienes históricamente habían denunciado los crímenes de la dictadura. Rodear a los portadores de esas voces, acompañarlxs en las tantas veces oscuras salas de los Tribunales de Comodoro Py, hacer notar una presencia que diera cuenta de que se trataba de una lucha de décadas en la que la decisión institucional-judicial, era un paso más, y uno realmente importante.

“Con el argumento de que lxs estudiantes tienen derecho a ser parte activa y protagónica de su historia, de la de su país y de la región, y dejando en claro el carácter continental del genocidio y sus consecuencias, que forman parte de la currícula oficial incluso desde la educación inicial; tanto como que las leyes en nuestro país permiten a lxs jóvenes participar de su vida política desde los dieciséis años ejerciendo el derecho al voto, nos abrimos paso en la maraña burocrática de normas que, ajenas a nuestro tiempo y nuestra historia real impedían el acceso de menores de edad a las salas de nuestros tribunales”, explica Olivier Reboursin, uno de los gestores educativos del programa.

Con la organización de lxs docentes y estudiantes y la solidaridad de los organismos de DDHH y querellantes  en la causa, el programa logró romper las visiones estrechas de abogadxs, funcionarixs y magistradxs que suelen dejar sólo en manos de profesionales especializados cuestiones tan sensibles para nuestra historia como sociedad.

Inclusive fue posible derrotar la insistente negativa de algunos abogados de los represores acusados, que una y otra vez intentaron que lxs jóvenes menores de 18 no pudieran ser parte del debate en las audiencias públicas, invocando normas cerradas y anacrónicas que, pensadas en otros tiempos históricos , establecían requisitos híper formales para ser parte del público en las audiencias orales. A lo largo del Programa, algunos tribunales fueron ensanchando –incluso de oficio- la jurisprudencia que no sólo permitió el libre ingreso de lxs adolescentes, sino que lo promovió al incluir en las sucesivas resoluciones judiciales la importancia de esa presencia en las salas.

Una prueba fue la frustrada estrategia de uno de los defensores para impedir la presencia de lxs jóvenes apelando a la fría letra del artículo 364 del Código Penal de la Nación que equipara a menores de edad con ebrios, dementes y condenados como características que impedirían a las personas ser parte del público en las audiencias. El propio presidente del Tribunal Oral Federal Nro. 5, en el marco del Juicio “Esma IV”,  le hizo saber que debía referirse con respeto a “estudiantes que están aprendiendo de nuestra historia, a los que nadie puede referirse como beodos”, y dispuso de allí en más que cada vez que el Secretario del Tribunal informara qué partes se hallaban presentes, debía hacer alusión a la participación de los colegios y del Programa “La Escuela va a los Juicios” en la sala.

El ocupar la sala, ya no solo desde la presencia física, sino desde la necesidad de ser parte del debate sobre la historia argentina; sobre la militancia de los años sesenta y setenta; sobre las víctimas del Terrorismo de Estado y el Genocidio perpetrado en el país, sus sueños y peleas, se fue construyendo entonces como un derecho de todxs lxs que participaron del Programa, para presenciar y debatir audiencias a lo largo de más de cinco años, donde pudieron escuchar al menos a cientos de testigos, conocer las acusaciones contra los imputados en alegatos y ser parte de más de diez sentencias.

El lugar de los juicios

Así como la decisión de lanzar el Programa a principios del año 2014, significó entrar junto a docentes y estudiantes en un espacio hasta entonces vedado a esa parte de la población: las salas de audiencias de los Tribunales Federales de Comodoro Py debieron adaptarse a la nueva situación.

En un trabajo conjunto con la Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara de Casación Penal, se logró habilitar el salón vidriado situado a la entrada misma del edificio de Retiro que permitió que desde el principio mismo de la experiencia, abogadxs, funcionarixs, empleadxs judiciales e incluso policías y encargadxs de la seguridad del local, pudieran ver a estudiantes y docentes hablando entre sí, rememorando lo vivido en la sala de audiencias, incorporando nociones básicas en relación al modo en que funcionan los tribunales y las demás instancias judiciales penales, o sobre el alcance de los crímenes de lesa humanidad.

Se trataba de ver cómo las víctimas pueden, ahora sí, enfrentar cara a cara a sus verdugos y a quienes afectaron para siempre sus vidas. La realidad material, con un lugar asignado a lxs jueces, a lxs acusadores (abogados, querellantes y víctimas), a las defensas, notándose la presencia de los acusados, que algunas veces llegaban a la sala esposados o en otras libremente, lo  que generaba preguntas, interrogantes, dudas y definiciones en las y los estudiantes participantes.

Esta experiencia de vínculo con la realidad de lo que pasa en los juicios, de involucramiento personal con las situaciones que se narran, con las normas que se invocan, con los acontecimientos políticos y sociales locales y mundiales que se traen a la memoria en el ámbito de la audiencia, permitieron a quienes llevaron adelante el Programa, problematizar la experiencia, buscar comparaciones con lo que hoy pasa en términos de acciones ilegales del poder, de participación y resistencia popular, en la búsqueda de justicia para terminar con la impunidad.

A raíz del carácter federal que tomaron los juicios por crímenes de lesa humanidad en la Argentina como una característica esencial y valorable, la mirada del Programa intentó replicar esa visión, ampliando los horizontes de participación a los juicios que se llevan a cabo en los Tribunales de San Martín.

Se logró de ese modo, ver las distintas formas en que el Terrorismo de Estado actuó en diversas zonas, de acuerdo a la composición de los sujetos que resistieron a las dictaduras, en las ciudades y en las fábricas; en el campo y en los espacios urbanos; desde la lucha política y la lucha sindical, cada una con sus particularidades, y también reconociendo la similitud y sistematicidad empleada por la dictadura en los métodos generales de construcción del terror en aquellos años.

El Programa permitió entonces que escuelas de uno y otro distrito participen muchas veces en forma conjunta –lo mismo para el caso de escuelas privadas y públicas- de los distintos juicios en fueron inscriptas, lo que permitió interesantes contrapuntos, hallazgos y debates entre estudiantes de diferentes barrios.

Así sucedió que estudiantes se presenten en su carácter de hijos y nietos de víctimas –entre ellxs, la sobrina nieta del gobernador de Salta secuestrado por la dictadura que al día de hoy permanece desaparecido, Miguel Ragone-, pero también de quienes en aquella época “hacían la colimba” o trabajaban y llevaban su vida adelante en barrios donde la represión había sido brutal.

Más allá de lo que pasa en los tribunales

La idea de participar en los juicios institucionales ha tenido que ver entonces, con entender su funcionamiento, presenciar los cruces entre hechos y relatos, las formas en que se manifiesta la autoridad dentro y fuera del ámbito del tribunal; la importancia de las pruebas documentales, materiales y vivenciales –recuperadas a través del testimonio de víctimas, familiares, amigos, sobrevivientes, etc.- al mismo tiempo que podamos cuestionar esos rituales, denunciar sus insuficiencias, encontrar sus pliegues y sus quiebres.

Tal vez el mayor desafío de La Escuela va a los Juicios a poco más de cinco años de su nacimiento sea el de seguir buscando los modos de pensar y re pensar los juicios, cómo ampliarlos y hacerlos llegar a donde aún no han llegado, a partir de las aulas, de los debates, de las actividades lúdicas, desde la conversación con las familias, del hallazgo de nuevos casos, de nuevas historias, de nuevos testimonios.