A 25 años del atentado a la mutual judía, las fotos del reportero gráfico Julio Menajovksy, uno de los primeros en retratar el desastre, cobran dimensión histórica y humana. Una vida en la que se cruzan otras tantas, de una Argentina llena de contrastes.

A las 9:53 de la mañana, hora argentina, del 18 de julio de 1994, en el momento exacto en que una bomba derrumbaba el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA,  Julio Menajosky se encontraba cerca del cruce de avenida Corrientes y Ecuador mirando la gente que formaba una larga fila frente a una agencia de colocación de empleo. Vestía una visible campera roja, que facilita reconocerlo en los registros visuales de la época. Reportero gráfico freelance, se encontraba realizando un reportaje fotográfico para la Defensoría del Pueblo sobre el creciente desempleo en la Ciudad de Buenos Aires.

Lo primero que pensó al escuchar el fuerte estruendo, es que había explotado una estación de servicio de gas, ya que poco tiempo antes había estallado una en la Ciudad de México y la noticia lo había turbado.

Empujado por su instinto periodístico, comenzó a caminar tratando de acercarse al lugar. Se encontraba a menos de un kilómetro del epicentro de la explosión, sin embargo por los efectos del eco no sabía bien a dónde dirigirse. Caminando por  la avenida Pueyrredón, a la altura de la calle Tucumán se cruzó con una mujer que gritaba desencajada “¡voló la AMIA, voló la AMIA!” 

Pensó en el atentado de dos años antes a la Embajada de Israel, se sintió, además, tocado personalmente, por ser descendiente de una familia judía. 

Se acercó más y empezó a ver fragmentos de vidrios por doquier. La entrada y salida de ambulancias le hizo entender la gravedad de la situación; más se acercaba a la calle Pasteur, más tenía la sensación de ingresar a círculos de horror cada vez más intensos. Sabía que se encontraría con escenas para nada agradables.

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No hay desesperación, ni furia, ni pánico. 

En la primera foto tomada  por Julio una luz marrón de tierra y polvo lo envuelve todo: sobre la derecha de la imagen, una montaña de escombros. En ella hombres y mujeres trepan, algunos se pasan una camilla, un camarógrafo los filma. A la izquierda, dos hombres de traje miran hacia el centro de la imagen, de nuevo a la derecha lo hacen dos hombres y una mujer, más adelante, una enfermera pareciera estar preparando otra camilla, mientras todo alrededor son escombros, lo que hace pensar en una ciudad en guerra. Todas las líneas conducen a lo que pasa en medio de la escena dantesca: tres jóvenes, y dos bomberos llevan una camilla y parecen correr hacia el fotógrafo. Sobre ella un hombre, Germán Parson, yace ya sin vida.

Es la foto de tapa del diario Clarín del día siguiente

Por 25 años Julio no supo que el hombre de la camilla era Germán, no tuvo la fuerza para buscar la identidad de ese muerto ni a su familia. 

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Un metro noventa, modales elegantes, sonrisa ancha, algo reservado, Julio Menajovsky es un hombre que vivió a pleno todos los contrastes de su generación.

Clase 1950, nieto de inmigrantes rusos, hijo de un pequeño productor de marroquinería, Julio vivió la irrupción de la política en las conversaciones familiares desde muy pequeño. En su casa se mezclaron los relatos de guerra, la épica del ejército rojo derrotando a Hitler, con las vivencias de  sus hermanos mayores que en 1958 estudiaban en el colegio secundario nacional Sarmiento, epicentro del conflicto “laica o libre”, y los relatos de los conflictos con la organización derechista y antisemita Tacuara. A los 15 lo toca de cerca la “noche de los bastones largos”. Empezaba recién la secundaria, y fue a “hacer el aguante” al Colegio Nacional de Buenos Aires y si bien no estuvo presente cuando la policía entró a reprimir a estudiantes y profesores, pudo ver en fotos el rostro de    la represión que marcó a una generación.

En 1972 su hermano engrosa las filas de los más de 1500 detenidos políticos, y él se convierte en uno de los fundadores de la “Comisión de Familiares de Presos Políticos Estudiantes y Gremiales”.

El 6 de septiembre de 1974 Julio es secuestrado y por dos días brutalmente torturado, luego es  llevado a la cárcel de Devoto y a los pocos días se entera de que su compañera estaba embarazada. Julio vio crecer a su hijo desde atrás de unas rejas.

En la última dictadura cívico-militar, se produce un violento reacomodamiento de las condiciones carcelarias de los presos políticos. Julio y muchos otros son trasladados a la Unidad 9 de La Plata,   los represores los recibieron con una golpiza generalizada, dividieron a los presos en los pabellones 1 y 2 , conocidos como los pabellones de la muerte, encerraron a los que consideraban a los más comprometidos con las organizaciones.

Julio es encerrado en el pabellón 2, desde el principio sospecha que serían usados como rehenes para represalias hacia las organizaciones de pertenencia.

El 8 de enero del ’77 esa sospecha se hace realidad, y en un falso traslado, bajo la excusa de un intento de fuga, son asesinados Dardo Cabo y Rufino Pirles, y el 27 de ese mismo mes se llevan a Julio César Urien y Angel Georgiadis. Urien era marino y de familia militar que pudo interceder y salvarle la vida. En su lugar se lo llevaron a Horacio Rapaport y lo asesinaron en un simulacro de suicidio.

Luego de 8 años de reclusión Julio es sometido al régimen de libertad vigilada. Apenas puede salir del país se viaja a reencontrarse con su hijo y su compañera, que para entonces estaban exiliados en París. Luego de tanto encierro tuvo que reconstruirse como persona, no conocía su hijo, no conocía a su mujer, no se conocía libre.

En el encierro  las fotos publicadas por las revistas les permitían ver que lo que habían  vivido seguía existiendo, que la calle por donde habían transitado, el bar en donde habían estado, el barrio que los vio crecer, seguían siendo una realidad , lejana pero real. 

Quizás por eso, al retomar la libertad quiso volver a la pasión por el oficio que había aprendido en su tardía adolescencia, cuando para ganarse algo de plata se había desempeñado como fotógrafo de bodas, aunque ahora  sentía la necesidad de dedicarse a contar con imágenes, fue así que en Francia pudo empezar a dedicarse al fotoperiodismo.

De nuevo en la Argentina desde el regreso, en el 1985, trabajó para varias revistas y diarios entre ellos el “Periodista de Buenos Aires”, “Diario Sur”, “Editorial Perfil” , “Revista Caras” , “Noticias”  el diario “La Razón”, “La Capital” de Rosario, la “Revista Crisis”

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A las 9:53 de la mañana, hora argentina, del 18 de julio de 1994, hace 25 años, estallaba un  artefacto explosivo que causaba la muerte de 85 personas. Un ciudadano chileno, dos ciudadanos polacos, seis ciudadanos bolivianos, y 26 argentinos. Del total, 34 fueron mujeres, y 51 hombres.

El de mayor edad, Faiwe Dyjament, tenía 73 años. El más joven, Sebastián Barreiro, era un niño de apenas 5 años, que cumpliría hoy 30 años. |1|

|1| Victimas del atentado AMIA : 

Silvana Alguea De Rodríguez
Jorge antúnez
Moisés Gabriel Arazi
Carlos Avendaño Bobadilla
Yanina Muriel Averbuch
Banda de Naum
Sebastián Barreiros
David Barriga
Hugo Norberto Basiglio
Rebeca Violeta Behar de Jurín
Dora Belgorosky
Favio Enrique Bermúdez
Romina Ambar Luján Boland
Emiliano Gastón Brikman
Gabriel Buttini
Viviana Adela Casabé
Paola Sara Czyzewski
Jacobo chemauel
Cristian adrián degtiar
Diego de pirro
Ramón nolberto diaz
Norberto ariel dubin
Faiwel Dyjament
Mónica Feldman de Goldfeder
Alberto Fernández
Martín Figueroa
Ingrid Finkelchtein
Leonor Gutman De Finkelchtein
Fabián marcelo furman
Guillermo Benigno Galarraga
Erwin García Tenorio
José Enrique Ginsberg (Kuky)
Cynthia Verónica Goldenberg
Andrea Judith Guterman
Silvia leonor hersalis
Carlos Hilú
Emilia Jakubiec de Lewczuk
María Luisa Jaworski
María Lourdes Jesús
Augusto Daniel Jesús
Analía Verónica Josch
Carla andrea josch
Elena Sofía Kastika
Esther Klin
Leon gregorio knorpel
Berta Kozuk de Losz
Luis fernando kupchik
Agustín Diego Lew
Andres gustavo malamud
Gregorio melman
Ileana Mercovich
Naón Bernardo Mirochnik (Buby)
Mónica Nudel
Elías Alberto Palti
Germán Parsons
Rosa perelmuter

En estos largos 25 años ninguna investigación judicial supo, quiso o pudo determinar la verdad de lo que pasó. 

El crimen más grande de la democracia, sigue impune.

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Los cuadros de Germán quedaron intactos tras la explosión, él vivía  en el edificio que queda justo enfrente de la AMIA, era artista plástico y escenógrafo, su último trabajo en el cine había sido para la película Tango feroz. La onda expansiva de la bomba lo sorprendió mientras salía del baño, murió en el acto.

Lía, su hermana, vivía a pocas cuadras, apenas escuchó la explosión pensó en Germán y empezó a llamarlo, como no se podía comunicar, corrió a la casa, la calle era todo escombros, había  muchos familiares buscando a su gente, todo era caos y polvo y desconcierto.

Recién a las 19 pudo hallarlo en una morgue. 

Veinticinco años después Julio pudo encontrarse con Lía, y lo primero que le pudo decir fue que sentía haber expuesto a su hermano en aquella fotografía, que no tuvo intención de lastimar su recuerdo ni los sentimientos de sus familiares, Lía lo miró fijamente y le dejó bien claro que esa foto, lejos de herirla, le dio la tranquilidad de saber que Germán estuvo acompañado. La que estaba agradecida era ella, se abrazaron, y fue reparador para ambos. Ese momento quedó inmortalizado en una foto que ahora es parte de una muestra. 

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Fernando Roberto Pérez
Abraham Jaime Plaksin
Silvia Inés Portnoy
Olegario Ramírez
Noemí Graciela Reisfeld
Félix Roberto Roisman
Marisa Raquel Dijo
Ricardo Dijo
Rimar Salazar Mendoza
Fabián Schalit
Pablo Schalit
Mauricio Schiber
Néstor Américo Serena
Mirta Strier
Liliana Edith Szwimer
Naum Javier Tenenbaum
Juan Carlos Terranova
Emilia Graciela Berelejis de Toer
Mariela Toer
Marta Treibman
Angel Claudio Ubfal
Eugenio Vela Ramos
Juan Vela Ramos
Gustavo Daniel Velázquez
Isabel Victoria Núñez De Velázquez
Danilo Villaverde
Susana Wolinski de Kreiman
Rita Worona
Adehemar Zárate Loayza

 

Elio Kapszuk es director del Espacio de Arte y proyectos especiales AMIA. Conocía las fotos de Julio Menajovsky, ya que por ser de las primeras tomadas después del atentado, son consideradas una fuente documental ineludible para hablar de aquel 18 de julio en la calle Pasteur. Pero Elio  tuvo una idea que le permitió a Julio cerrar un ciclo de Memoria que no le daba paz: encontrar a los protagonistas de las imágenes tomadas ese día. Fue así que se produjo la muestra “25”, en ella 38 imágenes -la mitad del día del atentado y las otras, retratos de reencuentros como el de LIA y Julio-   dialogan re-construyendo lazos de memoria.

La muestra se inauguró el 27 de Junio  en el Consulado General Argentino en New York y que en Agosto se podrá visitar en el “Centro Cultural Kirchner” (CCK).