El Museo Sitio de la Memoria de la ESMA dedicó su última Visita de las Cinco a profundizar sobre la formación de los marinos a partir de un caso emblemático: el secuestro de Mario Galli y su familia. “¿En nombre de qué ideología mataron?se preguntó su hija Marianella, única sobreviviente de aquel operativo.

La formación ideológica de los marinos fue el eje de la última Visita de las Cinco, realizada el 29 de junio en el Museo Sitio de Memoria ESMA. La convocatoria partió de una fecha clave: los 42 años del secuestro de la familia Galli, cuya cabeza, Mario Galli, formó parte de la sublevación de la Escuela de Mecánica de la Armada del 17 de noviembre de 1972 contra la creciente formación de grupos paramilitares dentro de la fuerza bajo la doctrina de la seguridad nacional.

Marianella Galli, única sobreviviente de aquel secuestro, que incluyó –además de su padre-  a su madre Patricia Flynn, quien estaba embarazada, y su abuela, Felisa Wagner, se preguntó: “¿En nombre de qué ideología mataron? Eso generalmente no lo dicen. Pero hay una ideología construida en nombre de un proyecto económico, de una deuda financiera que vino a quebrar un modelo económico, persecución a los trabajadores, quita de derechos sindicales, en fin. En nombre de esta ideología vinieron a matar. No hubo ningún arrepentimiento ni perdón.”

De la visita especial participó un testigo directo de aquella época, Julio César Urien, compañero de Mario, teniente de Fragata y presidente de la Fundación Interactiva para Promover la Cultura del Agua (FIPCA), junto a Stella Segado, ex Directora Nacional de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa y miembro de Territorios Clínicos de la Memoria (TECME), Anibal Acosta, teniente de Fragata; y Martín Lebrón, capitán de Fragata e hijo del teniente Carlos Lebrón, asesinado en 1976 en Tucumán;

El cronista de la jornada fue Guillermo Caviasca, doctor. en Historia y periodista.

Urien se refirió a su rol y el de otros miembros de las Fuerzas Armadas al tomar consciencia de los objetivos que comenzaban a tener las fuerzas en la década del 70: “A comienzos de los 70, nosotros entendíamos que la salida era insurreccional. Entonces, frente a las rebeliones populares, nos planteábamos que no íbamos a reprimir y que en caso de una insurrección general nos íbamos a sumar al pueblo. Empezamos a organizarnos en la Marina, nos contactamos con oficiales, pero no se sumaban. Entonces empezamos a poner el eje en los cabos que tenían nuestra misma edad, eran peronistas y ellos sí se sumaban. En pocos meses organizamos cinco, seis batallones. En ese marco se produce, el 22 de agosto, la fuga de Rawson. Luego de ese hecho se recrudece el nivel de violencia y nos traen a la Escuela de Mecánica de la Armada. Para ese momento, se plantea el regreso de Perón y una salida democrática”, expresó, y continuó: “Sin embargo, en octubre de ese mismo año, nos empiezan a organizar en grupos de tareas. Es decir, lo que hicieron en 1976, la Marina lo empieza a implementar en el 72 con nuestro grupo. Entonces, nos reunimos, hablo con todos los cabos y decidimos que no íbamos a formar parte de eso. Lo que nos planteamos fue sublevar la Escuela de Mecánica de la Armada. Pero nos detecta el Servicio de Inteligencia y nos desarman a todos. Es en ese momento, entonces, decidimos sublevarnos para demostrar que había otros militares y nos sumamos a esa resistencia de cientos de miles de jóvenes que venían luchando contra la dictadura”.

Urien recordó el curso antisubversivo que les dictaron a los marinos en enero de 1972 para formarlos “con espíritu de cuerpo”. “Qué hizo que nos quisiéramos sublevar?” se preguntó:  “Nosotros sabíamos que luchábamos por un mundo mejor, teníamos una superioridad moral, nos animaba la lucha por una sociedad mejor y el auge de la sociedad” y agregó: “Lo más importante, con el retorno de la democracia, fue haber derrotado culturalmente la teoría de los dos demonios. Además, fueron claves los juicios, porque estos tipos saben que si vuelven a violar las leyes van en cana”.

Para Segado, “las Fuerzas Armadas tuvieron, hasta avanzados los años 90, una formación con la escuela francesa anti subversiva. En 2003, se vio que aún se continuaba con este método, incluso enseñando la tortura. Los militares argentinos terminaron dando clase en Centroamérica sobre cómo torturar y combatir a los subversivos”. La investigadora explicó que “llevó mucho tiempo ya en democracia, modificar los planes de estudio de las Fuerzas Armadas, porque incluso durante este período, la concepción ideológica que se bajo fue la que tuvo la dictadura. Hay una cultura que va mucho más allá de los planes de estudio. Es una formación que se da en lo cotidiano y que trasciende lo que pudimos modificar, que fue mucho”.

“Lo distintivo de esta visita es que estamos hablando de militares reprimidos por militares y que son el producto de una lucha política que se estaba dando en nuestro país”, acotó Caviasca.

Entre los más de 100 visitantes que participaron de la visita estuvieron presentes los y las sobrevivientes Adriana Suzal, Ana María Cacabellos, Mario Duclos y Carlos Muñoz. También Daniel Cabezas, hijo de Thelma Jara de Cabezas, detenida desaparecida en este centro clandestino.

Al llegar a la zona del sótano del ex Casino de Oficiales, y tras leer un poema escrito por su padre, Marianella Galli sostuvo: “A pesar de la doctrina de la escuela francesa y de la institución represiva, había otra idea, otras almas y una sensibilidad hacia los más desposeídos. De ahí la idea de mi papá y del grupo de no reprimir a su pueblo”.

“Descubrí un testimonio de Lila Pastoriza, quien estuvo detenida con mis viejos. En su testimonio cuenta que mi mamá estaba embarazada. Fui a Abuelas a donar mi sangre y me encuentro con alguien muy especial, Abel Madariaga. Él conocía a mi mamá y me empezó a contar cómo era: que eran del mismo barrio, me contó que era maestra, que daba clases a adultos en villas y en fábricas y que era una persona muy comprometida con el contexto de ese momento y con su ideal de cambiar el mundo. Gracias a él también me pude poner en contacto con dos hermanas de mi mamá. Pero aún no sabemos si tengo un hermano o una hermana.”

Finalmente, Martín Lebrón dijo: “El hijo de Rojas fue quien mató a mi papá, que había sido compañero de él en la marina. Mi mamá también fue montonera”, y agregó: “Para mí fue fascinante, gracias a Stella Segado, poder conocer el archivo de mi papá, el sumario que le hicieron después del levantamiento, incluso los libros de lectura que le habían encontrado”.

Quién era Mario Galli

Mario Galli nació el 13 de junio de 1952. Entró a la Escuela Naval Militar de Río Santiago en febrero de 1968 y egresó como Guardiamarina en 1971. Para sus compañeros del Liceo Naval era “El Dexo”. Formó parte del sublevamiento en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) el 17 de noviembre de 1972. Esta rebelión se dio como una forma de protesta ante la formación de grupos paramilitares dentro de la Marina, bajo la doctrina de la seguridad nacional. Fue detenido en el penal militar de Magdalena, y amnistiado el 25 de mayo de 1973.

Militante de montoneros, fue secuestrado el 12 de junio de 1977 junto con su esposa, Patricia Flynn, su hija Marianela y su madre, Felisa Wagner. Patricia nació en San Isidro, provincia de Buenos Aires, el 26 de enero de 1951. Era maestra y su familia la llamaba «Patsy». Al momento de su secuestro estaba embarazada de tres meses. La hija de ambos, Marianela, tenía un año y cuatro meses. Fue dejada unos días después en la casa de su tía paterna. Felisa Wagner, madre de Mario,  era secretaria ejecutiva en la firma Ferrostaal.

A 42 años del secuestro de la familia Galli, Mario, Patricia y Felisa continúan desaparecidos.