El Ministerio Público Fiscal continuó su exposición con el análisis de las acusaciones sobre Horacio Luis Ferrari y Carlos Mario Castellví.

Horacio Luis Ferrari, «Pantera»

El fiscal Félix Crous recordó que Ferrari declaró tres veces en esta instancia judicial, en las que dijo que estuvo toda su carrera navegando y que sus ascensos nunca fueron objetados. Asimismo , Ferrari se refirió a su legajo de servicios y aclaró que no es confiable y tiene errores. Además, el imputado agregó que hay un homónimo de otra promoción y que desde 1976 hasta 1978 estuvo embarcado en el buque ARA Rosales y, a su vez, desestimó la resolución firmada por el entonces almirante Emilio Eduardo Massera, que le otorgaba una condecoración y los recibos de sueldo. Esta documentación forma parte de la prueba presentada durante la instrucción del juicio.

Horacio Luis Ferrari fue identificado por los sobrevivientes con los apodos «Pantera» y «Diego». El acusado también desestimó las declaraciones de los testigos y las tildó de poco confiables. Sobre el seudónimo Pantera, Ferrari dijo que no podría haberlo usado él, ya que lo utilizaba el comandante de la flota de mar y aclaró que usarlo en otro ambiente hubiera constituido una usurpación de cargo. Por último, la fiscalía aludió a la acusación que hizo Ferrari sobre esta causa judicial, a la que considera armada por la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y la Dirección de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa, porque durante los últimos años de su carrera quiso darle apoyo a los detenidos por delitos de lesa humanidad.

«Ferrari intentó desvincularse de los hechos por los que se los acusa», afirmó Crous y sostuvo que «fue parte del grupo operativo del grupo de tareas 3.3.2».

Del análisis de sus legajos, la fiscalía expresó que Ferrari hizo un curso de tácticas contra la subversión y que hay fechas sobrescritas en su legajo de concepto: «Está acreditado que el legajo está adulterado y que el objetivo de eso es ocultar sus actividades».

Por este motivo, el Ministerio Público Fiscal tomó como referencia los boletines navales reservados. De este material se desprende que Ferrari no tuvo como destino Puerto Belgrano, sino una dirección de la Armada localizada en la ciudad de Buenos Aires. Recién en febrero de 1978 fue trasladado al Rosales.

Acerca de los recibos de sueldo, el fiscal aseveró que los códigos que allí aparecen concuerdan con un destino en la ciudad de Buenos Aires y no un destructor. «No hay registro suyo en el buque en 1977», alegó Crous. En este sentido, el Ministerio Público Fiscal siguió mostrando algunas contradicciones entre la documentación y los dichos del imputado.

Asimismo, el fiscal retomó lo que los compañeros del Liceo Naval de Ferrari declararon durante el juicio: «Ninguno dijo haber compartido destino con él ni en Puerto Belgrano ni en el buque».

Con respecto al apodo Pantera, Crous explicó que «el uso de apodos fue una práctica común de los miembros de la dictadura como nombres de cobertura» para la clandestinidad de los hechos. «Ya vimos que había una predilección por los nombres de depredadores», agregó.

Luego, la fiscalía refirió que uno de los sobrevivientes había extraído el nombre de Horacio Luis Ferrari de un listado -entregado al Poder judicial en 1987-, que el ya condenado por delitos de lesa humanidad Jorge Eduardo «Tigre» Acosta le dio para que armara los certificados que Massera distribuiría: «El listado se corresponde con la resolución firmada por Massera para la entrega de diplomas por ´heroico valor en combate´». Varios sobrevivientes declararon sobre la ceremonia que se realizó en el centro clandestino con la presencia del entonces almirante. A su vez, esta información fue aportada por Carlos Capdevilla, también condenado por los delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA.

Casi 20 testigos han podido declarar que había un represor en el centro clandestino que respondía al apodo «Pantera» o «Diego». «La prueba es contundente, no hay contradicciones entre los testimonios», afirmó Crous.

Carlos Mario Castellví

El Ministerio Público Fiscal describió que en sus declaraciones Castellví dijo que desconocía que en la ESMA funcionaba un centro clandestino de detención, aunque haya estado destinado ahí en algún momento, y que no sabe por qué el condenado Capdevilla lo incluye en un listado de represores. Tampoco se reconoce en la foto que un sobreviviente logró llevarse de la ESMA.

«Hay elementos de prueba suficientes para afirmar que formó parte del grupo de tareas», confirmó la fiscalía. El imputado se encontraba adscripto a la Jefatura de Inteligencia Naval (JEIN) desde abril de 1979.

Además, el fiscal explicó que numerosos sobrevivientes lo identificaron con el apodo Lucas, al igual que una credencial confeccionada en el centro clandestino que contiene su nombre, foto y apodo. «Lo que incomoda a la defensa es la prueba aportada por el testigo, el testigo fue contundente y por eso desvalorizan su testimonio», agregó el Ministerio Público Fiscal sobre el sobreviviente Víctor Basterra.

En el alegato se estableció que Castellví provenía del área de Inteligencia y colaboraba en operativos de secuestro.

La próxima audiencia será el lunes 27 de mayo desde las 9:30.