El libro del periodista Juan Carrá y del ilustrador Iñaki Echeverría es una puerta de entrada a la causa judicial por los delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino ESMA durante la última dictadura cívico-militar.

Hay tres ejes centrales, que los autores remarcan: contar la historia, destacar la resistencia y no naturalizar el horror. ¿Cómo? Con crónicas y viñetas que narran la experiencia de un periodista en el tercer juicio de la Megacausa, cuya duración fue de cinco años.

¿Cómo y por qué surge la idea de hacer el libro ESMA?: “la idea era que no fuese una novela clásica, me interesaba jugar con la estética de una novela gráfica, pero con la lógica de crónica, jugar con esa idea del periodismo, pero desde la imagen. Más allá de ser una historia, no deja de ser un hecho artístico”, cuenta Iñaki Echeverría.

Pero todo había empezado antes, cuando Juan Carrá fue despedido de Infojus, donde realizaba la cobertura del juicio. Fue entonces cuando surgió la idea, “como una forma de resistencia, cuando me quedé sin lugar dónde trabajar”, cuenta el periodista. El siguiente paso fue “un proceso de investigación especial para el libro”.

En cuanto a cómo se logra vincular las horas de audiencias con una narración gráfica, Iñaki cuenta que le interesa mezclar estilos dentro una historia y que el dibujo tiene que tener una lógica de crónica, y las crónicas que realizó Juan sobre los juicios son netamente narrativas por lo tanto el trabajo tenía que ser narrativo. “Tuvimos que buscar un personaje, y ahí aparece la idea de este periodista, pero siempre también jugando con esto: este periodista está como atrás de la historia”, agrega el ilustrador.

El periodista cuenta que para narrar la historia de la ESMAteníamos claro que había que hacer foco en la cuestión judicial, que el juicio nos servía como una especie de arco narrativo para ordenarnos y a partir de ahí ramificar y poder contar qué fue la ESMA en el aparato represivo. En ese sentido, agrega que “definitivamente, la causa judicial es la más importante de la historia jurídica argentina, en términos de volumen, de peso específico y en términos políticos: es la causa que llega a sentencia en la bisagra del quiebre de las políticas del Ejecutivo”.

Los creadores de este libro sostienen que se vieron atravesados por una cuestión personal en el momento de realizar este trabajo. “Nuestra generación está completamente atravesada por la dictadura. Es un tema con el cual crecimos. Es un tema que siempre estuvo para los dos y en algún momento tenés que hacer algo con esto”, explica Iñaki.

ESMA arma un relato de los cinco años del juicio oral y público en una causa emblemática a nivel mundial. El horror y los genocidas tiene su lugar, pero en el banquillo de los acusados, e incluso condenados. No son héroes a desarmar. Ya están en su lugar. Creo que todas las personas del país deberían pasar por una audiencia, por lo menos, para entender verdaderamente la dimensión del terrorismo de Estado. Es absolutamente formador y te genera una instancia de conciencia plena del horror, pero también de la resistencia. Eso también está trabajado en el libro”, resalta Juan sobre la función social e histórica de los juicios. Cuando habla se notan sus horas escuchando, mirando y escribiendo no solamente sobre los crímenes, sino también –y sobre todo- acerca de la resistencia.

ESMA es un trabajo que une texto e imagen para poner en evidencia al silencio. Los autores buscaron mostrar y contar el horror a partir del recuerdo de las familias y la búsqueda de justicia. “Con el dibujo pasa algo y es que tiene subjetividad, para arrancar es subjetivo, si no no sirve. Cuando vas pensando en eso, es donde te cargás de otra manera. Cuando dibujás un espacio, de alguna manera tenés que representar con el trazo. Por ejemplo, en Capucha, esa sensación de oscuridad permanente, era algo que tenía que mostrar. Cuando vas viendo y entendiendo lo que tenés que representar, entrás y salís con otra carga”, dice Iñaki, quien puso en imágenes las caras y las escenas del juicio, pero también del centro clandestino y de hechos destacados, como el secuestro de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo o los vuelos de la muerte.

El Museo Sitio de Memoria ESMA, ex Casino de Oficiales, donde funcionó el centro clandestino, es uno de los territorios del libro. En esa línea, Juan afirma que “en el Sitio uno toma real dimensión de los espacios físicos en los que puede suceder semejante máquina de matar”. A su vez, indaga sobre los victimarios y explica que uno de los objetivos de los periodistas que cubrimos estos juicios es desmitificar la idea de las bestias. “Me interesa mucho el tema como material narrativo. Cuando estoy ahí no puedo dejar de mirarlos, de seguir la gestualidad en función de los relatos”, explica.

El libro entra y sale de las salas de audiencias, del Museo Sitio de Memoria ESMA, del Espacio Memoria, e incluso del centro clandestino. Entra y sale de los testimonios y de los expedientes judiciales. Y abre historias: “si bien el juicio es el hilo, no le estamos hablando al Poder Judicial ni a un abogado: nos estamos hablando a nosotros”, concluye Iñaki.