Judith Butler, filósofx feminista y profesore de la Universidad de California, fue parte central de la organización del coloquio La Memoria en la encrucijada del Presente, que se realizó en el Centro Cultural Haroldo Conti entre el 10 y el 12 de abril. Junto a la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y Eduardo Jozami, docente de la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF), Butler expuso sobre “Presentes y futuros de la memoria” en el panel de cierre del Coloquio, y más tarde, aceptó –y respondió con generosidad- una entrevista vía mail con Claudia Vásquez Haro, presidenta de OTRANS Argentina, docente y titular de la Dirección de Diversidad Sexual de la Facultad de Periodismo y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, e integrante del equipo de prensa y comunicación del Espacio Memoria (ex ESMA). “La memoria del pasado también puede vincularse con una imaginación del futuro”, aseguró Butler en ese diálogo.

Claudia Vásquez Haro (CVH) – Si entendemos que la memoria es un espacio creativo, y que contiene hiatos, ¿cómo cree que es posible narrarse a sí mismx y con otrxs?

Judith Butler (JB)– Quizás la memoria es un lugar donde residen algunas de las emociones más conflictivas. Puede ser devastador y creativo. No podemos recordar todas las cosas, porque eso paralizaría la mente. Hasta cierto punto, el olvido nos permite afirmar la vida, y eso es lo más importante para aquellos que han sufrido un trauma. Pero en Argentina y Chile, y en otros lugares donde las poblaciones han sido asesinadas por el Estado anterior y la gente sigue desapareciendo, es crucial que los archivos, como los que se encuentran en los museos de la memoria, se financien, se conozcan y circulen. La memoria del pasado también puede vincularse con una imaginación del futuro. Tu pregunta es buena. ¿Cómo podemos narrarnos con los demás? Debemos reconocer de inmediato la singularidad de nuestras vidas, pero también ver las formas en que nuestras vidas se cruzan con otras. Si contamos historias o hacemos imágenes de nuestras propias historias, encontramos los lugares donde una vida está vinculada con otra vida. Ese es el espacio de relación, la historia de la ruptura y la posibilidad de un vínculo futuro.

-Ante esta avanzada de la derecha en los gobiernos y los fundamentalismos religiosos, ¿cómo debemos pensar en los desafíos colectivos que emprendemos en alianza con otrxs a la hora de actuar y hacerlos visibles, en tanto actos políticos y subversivos en el espacio público?

-Los movimientos de derecha, incluidos los movimientos reaccionarios evangélicos y católicos, han tratado de atacar la “ideología de género” por destruir la estabilidad de la familia tradicional y la nación. Pero la familia tradicional ya no es la forma dominante en muchos países, y esta idea de una “familia patriarcal tradicional” es más un deseo que un hecho. “Género” es la abreviatura de muchos movimientos sociales, incluidos trans, queer y feministas, y el ataque a estos movimientos es un esfuerzo para apuntalar la autoridad patriarcal en la familia y en el Estado. Es un signo de un autoritarismo resurgido. Lo que ha hecho que las vidas sean más precarias es la nueva forma de capitalismo, la pérdida de bienestar social para los pobres, el aumento radical en el número de personas pobres, la falta de financiación estatal para vivienda, salud y educación, las artes públicas, cómo un grupo de personas ricas se hacen cada vez más ricas. Es crucial que los espacios públicos sean ocupados de manera afirmativa y gráfica por todos aquellos que han sido marginados por regímenes que son a la vez neoliberales y autoritarios. Y deben ser los cuerpos de todos los que somos considerados prescindibles los que deben llegar al centro de la vida pública, reclamando nuestra solidaridad, nuestra resistencia, nuestros deseos, nuestra libertad y nuestro derecho a vivir.

-¿Cómo pensar, y pensarse, dentro de la matriz de inteligibilidad cuando la posibilidad de subjetivación aparece ontológica y epistemológicamente condicionada?

-Tal vez sea importante recordar que incluso cuando estamos condicionados por normas y convenciones, también tenemos el poder de romper esas normas. Para hacer eso, tenemos que encontrar el lugar de la fragilidad dentro de la norma y mostrar cómo se puede romper. O tenemos que entrar en formas colectivas de imaginación que se basan en luchas anteriores y reanimar sus ideales dentro de los términos del presente. El hecho de que estemos condicionados dentro de la matriz de la heteronormatividad no significa que estemos determinados por esa matriz. Hay un poder de resistencia que surge de esa matriz, de sus fronteras y de su parte inferior. Es por eso que podemos romper con las asignaciones de género, con formas sociales que no funcionan para nosotros, y encontrar nuestro camino en los movimientos sociales de resistencia. La resistencia a un orden social sólo funciona si también hay un nuevo imaginario que surge en el curso de la resistencia, una forma de imaginar y encarnar una nueva forma de vivir en el mundo, un nuevo orden de igualdad y libertad.

¿Cómo podríamos concientizar y sensibilizar a la sociedad respecto al derecho al duelo público de las personas trans y travestis, como lo detentan las personas cisgénero? ¿Cómo podemos pensar las memorias en plural, y no solo cristalizadas en el 24 de marzo en el contexto argentino?

-La transfobia no solo desprecia las vidas de las personas trans, sino que no las considera tan comprensibles como otras vidas. Las normas del género tradicional y la familia tradicional gobiernan la mayoría de las prácticas de duelo que ocurren a nivel de la nación. Para que esas suposiciones sean cuestionadas en el contexto de Argentina, es importante que las categorías clave como “identidad” y “familia” sean replanteadas para incluir a todas aquellas personas cuya identidad de género no está correctamente determinada al nacer, para todos aquellos que crean familia o parentesco fuera de la familia heteronormativa, para aquellos que deliberadamente tienen “familias de elección” o cuyas relaciones primarias se establecen a través de la amistad, la comunidad y el amor. Quién, por ejemplo, es una “madre” o “una abuela”, -las versiones queer y trans de esas identidades deben hacerse públicas una y otra vez-. Pero también lo hacen las alternativas queer y trans a esas mismas categorías. Hay dos injusticias: el hecho de que los niños fueron separados de sus padres bajo la dictadura, que sus padres fueron asesinados y que fueron puestos en adopción sin conocer sus orígenes, todo esto es radicalmente injusto, y los esfuerzos para establecer las líneas de parentesco y para reconectar a esos niños con sus familiares es crucial. Al mismo tiempo, muchas personas LGBTQI han formado familias o acuerdos de parentesco que no dependen del vínculo biológico. Esas relaciones también requieren reconocimiento, y sin reconocimiento, hay marginación y privación de derechos. El derecho a conocer los orígenes biológicos de uno es un derecho importante en este contexto, sin duda. Pero eso no significa que todas las relaciones de parentesco y crianza estén basadas en vínculos biológicos. Las personas queer y trans, todos aquellos que forman a los marginados en la sociedad, tienen que arriesgar sus cuerpos, insisten en sus derechos de apariencia para reclamar derechos de igualdad. Cada vida es igualmente digna de pena. Solo cuando ese principio de igualdad se convierta en un compromiso de aflicción pública, habrá una manera de superar la desigualdad radical que permite que algunas vidas sean menos valoradas que otras. Las actuaciones públicas que afirman el hecho de una vida, el hecho de la persistencia, los hechos de la pérdida, el derecho a llorar, pueden tener el poder de superar aquellas formas de aflicción pública que asumen “vidas irreconocibles” en los márgenes. La lucha desde los márgenes y por la visibilidad y el reconocimiento es crucial, entonces, para los fines de la justicia. Para eso necesitamos arte, performance, demostraciones públicas, periodismo y todos los medios. Bajo condiciones en las que algunas vidas se consideran indignas de pena, decir “existimos” es un acto radical.

-¿Cuál es la potencia de la performatividad en tanto prácticas políticas que permiten la construcción y reconstrucción de la memoria?

– Recordemos que la idea de “performatividad” ofrecida en Gender Trouble (hace 30 años) no es exactamente la que defendería hoy. He aprendido mucho de mis críticos. Para mí, la performatividad es ahora más útil como una forma de entender el ejercicio de una demanda política. Cuando no tenemos igualdad, pero reclamamos la igualdad para nosotros mismos, postulamos un futuro en el cual esa igualdad se realizará. Comenzamos a actuar en el mundo como seres iguales, y eso ayuda a que la igualdad exista. Esa es una dimensión performativa y productiva de las demandas políticas, incluidos los modos de auto-representación política. Algunas personas han pensado que la idea de que “el género es performativo” significa que los géneros son falsos o superficiales. Pero muchas personas entienden a sus géneros como algo profundamente sentido, esencial para quienes son. Mis primeros trabajos no lo tomaron tan en serio, así que he cambiado de opinión después de escuchar a mis críticos. Mi opinión ahora es que incluso aquellos que entienden el género como profundamente sentido, fijo, incluso esencial, deben reclamar su libertad e igualdad política, deben exigir el fin de la violencia, y esas reclamaciones y esas demandas son actos que ayudan a poner de manifiesto esas realidades. Creo que cada uno de nosotros tiene el derecho y el poder de definirnos a nosotros mismos y que la percepción de nuestro género de ninguna otra persona es más importante que la nuestra. Respeto las contribuciones culturales, artísticas e intelectuales que las personas trans y los estudios trans han hecho en los últimos años y creo que son cruciales para todos y cada uno de los movimientos de justicia social. Condeno el hecho horroroso del feminicidio y creo que refleja la opresión estructural de las mujeres, las personas trans y todas las personas LGBTQI, que afectan a la mayoría de los pobres y los indígenas. Todos aquellos que están marginados y desposeídos deben tener el poder de que sus vidas sean reconocidas y salvaguardadas, que contribuyan en todos los sectores de la sociedad y que vivan sin el temor a la violencia y con plena garantía de igualdad. En el diálogo, Butler condenó al movimiento TERF porque considera que socava la propia integridad del feminismo como movimiento por la justicia social, si se involucra con cualquier tipo de transfobia. Manifestó, además que elle misme es una persona de género no binario y que recientemente ha solicitado al estado de California un cambio en la categoría de género al “no binario”.