El último sábado de cada mes,  el Museo Sitio de Memoria ESMA organiza una visita guiada abierta y gratuita, en compañía de invitados especiales que dialogan con el público sobre su historia vinculada con este lugar.

“Quiero agradecer a las chicas del pañuelo verde, a las mujeres jóvenes que resucitaron el feminismo. Esto nos permitió tomar conciencia hasta qué punto las mujeres fuimos objeto. Estaba naturalizado el abuso a las mujeres y esta muestra nos hace tomar conciencia de que no hay que naturalizarlo”. Las palabras de Liliana Pontoriero, sobreviviente del ex Centro Cladestino de Detención, Tortura y Extermino de la ESMA sintetizaron el espíritu de la primera Visita de las Cinco de 2019, que se realizó en el marco de la muestra temporaria “Ser Mujeres en la ESMA, testimonios para volver a mirar”. Fue el sábado 30 de marzo, cuando, además de Pontoriero, las ex detenidas Ana Testa, Norma Suzal, Marta Álvarez, y Graciela García Romero recorrieron el ex Casino de Oficiales junto al a doctora en historia y especialista en Género Ana Laura Martín y la cronista invitada Cecilia Sosa, doctora en drama de la Universidad de Londres, soicóloga y periodista cultural argentina.

De la presentación participaron más de 300 visitantes, entre los cuales estuvieron presentes Cristina Muro, de Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas; Silvana Reinos, Yamila Collazo y Maira Villarroelpor el Centro Ulloa y Agustina  Paz Frontera, periodista y activista feminista.

La actividad comenzó en la puerta principal del ex Casino de Oficiales frente a la piel de vidrio. Sebastian Schonfeld, director de Relaciones Institucionales del Museo, dio la bienvenida y saludó en nombre de la Directora Ejecutiva Alejandra Naftal, quien en ese momento se encontraba en Sudáfrica en el marco de la inauguración de la muestra temporaria Sur-Sur: memorias en presente, realizada en conjunto con el Robben Island Museum. Luego dio la palabra a las sobrevivientes, quienes realizaron una breve presentación personal.

“No nos gusta venir, no estamos en una situación normal; el otro día vine a partir de la inauguración de la muestra de género y fue una oportunidad de poder volver a hablar del tema acá, donde empieza todo. Mantuve silencio mucho tiempo y me llevó muchos años recomponerme tras la devastación. Gracias a la abogada Carolina Varsky, iniciamos una querella por abuso sexual en 2009. Hubo una resolución de acusación a Acosta por abuso sexual, pero aún no se logró ninguna condena”, sostuvo García Romero. Ana Testa se refirió a lo que significan los tiempos para poder hablar: “Estamos empujadas de alguna manera por los pañuelos verdes, que pueden ser nuestras nietas, y podemos rever lo que pasó con nuestros cuerpos en ese momento; más allá del abuso sexual, para ellos nosotras éramos objetos, éramos descartables”.

Una vez dentro del edificio, el recorrido llegó al sótano. Allí Norma Suzal se refirió a las modificaciones que se realizaron en el edificio: “Cuando nos bajaban para los interrogatorios o para la tortura en el ’76 era por las escaleras o el ascensor; en el ’79 cambian la fisonomía del edificio y quitan el ascensor para que no coincidiera con lo que los sobrevivientes declarábamos en el exterior”.  Liliana Pontoriero se refirió a esas denuncias también: “Había muy pocos sobrevivientes del ’76 que en ese momento podíamos hablar del ascensor; todos los testimonios que hablaban del mismo eran descalificados, porque la CIDH no lo encontró en su inspección del ’79, pero yo había viajado en el ascensor y no lo conté. Después cuando lo cuento, quien me estaba tomando testimonio se asombra porque había otros testimonios que hablaban del ascensor también. Una cuando declara no se da cuenta de cómo todos los detalles pueden ser pistas extraordinarias”.

Ana Testa recordó lo que fue su cautiverio en ese lugar: “Viví en este lugar gran parte del tiempo que estuve secuestrada. Durante el primer período estuvimos en Capucha, después estuvimos acá. Cuando traían compañeros que habían secuestrado, los veíamos, los escuchábamos”. Marta Álvarez se refirió a los traslados: “Era una forma de decirnos que una persona estaba ahora y a los dos minutos no estaba más. De acá me despedí de mi compañero, nos decían que se los llevaban a una granja en el sur. Pedí a los gritos de ir con él, pero él entendía de qué se trataba y les decía que a ella no, que a la granja a ella no”.

El cierre de la actividad fue realizado en el Salón Dorado. La historiadora Ana Laura Martin reflexionó: «Todas y todos estamos muy conmovidos. Quiero darle las gracias a las sobrevivientes porque al contar lo que nos están contando, asumen el riesgo de compartir una situación íntima. Hoy estamos pudiendo oír cosas que antes no hubiéramos podido. Algo que vi desde el comienzo de esta visita, es la capacidad de cuidado que tienen entre ustedes las sobrevivientes y eso es una cosa tremendamente sorora». Norma Suzal se refirió a lo que significó para ella la recuperación del predio: “A partir de 2004, cuando gracias a Néstor pudimos volver a entrar a la ESMA, yo pude empezar a hablar de esto”.

Marta Álvarez le habló a las y los jóvenes presentes: “Gracias a todos por el respeto con el que nos escucharon, por ser tan jóvenes y continuar con esta lucha. La vida me quitó mucho, pero también me dio. Quiero decirles que vale la pena luchar por lo que una quiere, que vale la pena no renunciar a lo que una quiere porque en algún momento se cumple”.

Graciela García Romero a modo de cierre expresó: “La situación de las mujeres en la ESMA va más allá del abuso sexual, hace un rato hablando con las compañeras, no nos acordábamos qué hacíamos, cómo resolvíamos cuando menstruábamos. A mí la frase botín de guerra no me gusta; los marinos abusaban de nosotras para darle ese mensaje a nuestros compañeros varones, trataban de disciplinar a la mujer, a su espíritu libre. Todo el movimiento de mujeres me permite hoy hablar de otra manera. Ustedes recuperaron sin saberlo a esa generación de mujeres que dieron la vida”.