La primera en declarar fue María José Cánepa, hija de Pablo Ricardo Cánepa (caso 924) y Teresa del Valle Dip de Cánepa (caso 925). Tenía 4 años de edad cuando su madre y su padre fueron detenidos-desaparecidos y pudo reconstruir la historia por su tío, su tía y su abuela maternos.

“En 1979, un cabo de la Escuela de Aviación de la provincia de Córdoba lo buscó a mi tío, que estaba haciendo el servicio militar obligatorio, y le cuenta que había estado cumpliendo servicio es ESMA. Le dijo que le diga a mi abuela que no busque más a mi mamá y a su cuñado, porque los habían asesinado”, relató María José Cánepa.“Mi tía me dijo que el cabo era de la Policía Federal Argentina y había estado en la ESMA desde enero a mayo de 1979, cuando se trasladó a Córdoba”, agregó.

María José narró que su madre y su padre fueron secuestrados en marzo de 1979 cuando vivían en Buenos Aires: “Sé lo que me contaron. A mi papá lo detuvieron en el diario. Cuando mi abuela no tuvo noticias de mi mamá, vino a Buenos Aires y nos encontró a mi hermano y a mí con la encargada del hotel. A mi mamá se la habían llevado del hotel en el que vivíamos”, describió.

María José vivió con su abuela materna y su hermano en Tucumán. “Hubo varios allanamientos en la casa. Nos sacaban, nos preguntaban de quiénes éramos hijos, nosotros decíamos que de mi tía. A mi abuela se la llevaron una vez, cuando volvió estaba lesionada. También nos seguían cuando salíamos de la escuela”, contó.

El siguiente testimonio fue el de Graciela Beatriz García Romero (caso 101), quien ya declaró previamente en otras instancias de la megacausa. Fue secuestrada el 15 de octubre de 1976 con Diana García, quien continúa desaparecida.

“Nos llevaron a la ESMA. La ESMA era atroz. Estuve en Capucha. Nos hacían bajar para hacer esas tareas absurdas que querían ellos; nos hacen ir a trabajar a Cancillería. A finales de 1978 nos dejan salir a nuestras casas y empieza la libertad vigilada; nos hacen trabajar en dependencias de la Armada. Con la democracia no sentí que se redujera el control, se fue atenuando de a poco”, relató.

Romero habló de “Pantera”, recordó que daba indicaciones, y de “Tiburón”. Además, mencionó a “Cortés”. También describió la presencia de un niño en el centro clandestino, quien estuvo allí cuando secuestraron a su padre y luego nuevamente cuando secuestraron a su madre.

“Iniciamos una querella por abuso sexual y esperamos justicia sobre esto. Esperamos que se haga justicia sobre las atrocidades que se hicieron en la ESMA”, finalizó Romero.

Luego amplió su testimonio Martín Tomás Gras (caso 199), quien fue secuestrado en enero de 1977 hasta mediados de 1978, cuando entró en una libertad vigilada en La Paz, Bolivia, hasta 1979 que pudo irse a España.

“Me bajaban con regularidad para interrogatorios. En uno de esos interrogatorios aparece una persona que se presenta como civil que está asignado en Campo de Mayo, del Batallón 601, y tenía asignada como tarea la militancia peronista. A él le interesaba la información estratégica: qué hacen, qué piensan. Me visitó varias veces. Mientras estaba con él se escuchaban los gritos de los interrogados bajo picana”, dijo. “Lo volví a ver casi un año después”, agregó. Lo identificó con el alias de “Cortés”, Miguel Ángel Conde. También mencionó a “Pantera” y a “Tiburón”.